VIRÁG KONYA EN EL MERCADO CENTRAL

Suena el despertador, puntual como cada día de semana. Son tan sólo las cinco y diez de la mañana, quizá sea demasiado margen de maniobra, porque Virág Konya vive en el número 12 de la Calle Szarka y a ella tan sólo le lleva cinco o seis minutos llegar a su puesto de trabajo en IMG_2084el Mercado Central de Budapest, y ese apurar el tiempo de sueño al máximo sería ley para otras personas pero no para ella, ya que a Virág le encanta ducharse con tiempo y desayunar con calma sus rutinarias cinco galletas con café solo mientras escucha las noticias en Danubius Radio con despreocupada atención. Casi siempre mueve su cabeza en gesto de desaprobación, y jamás se permite una leve sonrisa. Hace casi dos semanas que Virág cumplió 57 años, y no ve cerca aún ese ansiado día de la jubilación. Hoy es jueves, 2 de abril del año 2015. Su turno va desde las 6 am hasta las 3 pm. Es la encargada de los aseos públicos del mercado, sentada delante de una mesa ubicada a la derecha de los mismos, casi siempre dando cambio a la gente, ya que usar a esos baños cuesta doscientos florines que se deben introducir en la ranura de un torno para que éste se active, poder entrar y hacer por fin las necesidades fisiológicas propias de cada cual.

Yo estoy estos días con mi familia en Budapest, y hoy vamos a visitar ese famoso Mercado Central diseñado y construido por Samu Pecz alrededor de 1896. Nuestra idea es caminar tranquilamente desde nuestro apartamento, sito en la Calle Báthory número 6, siguiendo la IMG_1827acera que recorre la estela del Danubio, y tras ver el Parlamento Húngaro, que lo tenemos casi al lado, dirigirnos hasta la Calle Vaci, plagada de tiendas, cafés y edificios históricos, la mayoría modernistas, para llegar al final, sobre la hora del almuerzo, a la Plaza Fovám, en el distrito 9 de Pest y allí disfrutar, como tantos otros turistas, de esa maravilla arquitectónica que es el Mercado Central.

10 am. La gente que ha madrugado es la gente del barrio, ésa que no tiene que ir al servicio y, si le surgiese una urgencia imprevista, podría ir perfectamente a su casa y regresar luego ya aliviada con sus carritos más que listos para la compra del día. Virág está hoy bastante aburrida. Ya se ha leído tres revistas atrasadas y ahora se dispone a enfrascarse en la lectura de Melancolía de la Resistencia, una novela de László Krazsnahorkai que le prestó su hijo Bela la semana pasada. Tiene buenas referencias de ella, pero no está demasiado segura si éste es un buen momento para una buena dosis de humor negro, que ella sabe muy bien que su horno particular no está últimamente para demasiados bollos. Aún así, empieza la lectura tras soltar un sonoro suspiro que hace que una pareja de ingleses la miren con cara extraña. A la mitad de la cuarta página comienza el trajín, los primeros turistas ya no aguantan más y se acercan a pedir cambio, que ella da muy diligente sin apenas contestar una palabra, sin dignarse siquiera a mirarlos a la cara.

IMG_2092Ya vamos por la mitad de la calle Váci, Váci Utca – ‘utca’ sería calle en castellano, ‘ut’ equivaldría a avenida y ‘tér’ es plaza en húngaro. Hasta ese momento, lo que más me ha impresionado esta mañana de paseo y “turisteo” es el Memorial dedicado al Holocausto en la Plaza de la Libertad (Szadadsag Tér); todas esas maletas, esos zapatos, fotos de gente sonriente que denota felicidad, esas piedras con nombres escritos en ellas… Siempre impresiona, da igual todo el tiempo que pueda pasar, el horror permanece.1 Móvil Jose Marzo abril 2015 Madrid y Budapest 338 1 Móvil Jose Marzo abril 2015 Madrid y Budapest 324Además, en esa misma plaza se encuentra el único monumento de la época comunista que no ha sido retirado (todos los demás están ahora en un parque a unos 20 minutos del centro neurálgico de Pest, el Memento Park), un obelisco dedicado a los héroes soviéticos y húngaros que liberaron la ciudad de la opresión nazi.

A mitad de la calle Váci, entramos en una tienda típica de souvenirs y recuerdos varios. La dependienta chapurrea algo de castellano y se defiende muy bien en inglés además. Nos acaba vendiendo una camiseta del Ferencvárosi Torna Club, el mejor equipo de fútbol de Budapest, hoy en horas muy, muy bajas; una caja con muchos compartimentos secretos que dejó hipnotizados a mis hijos; un bolso rojo de piel, y para mí, que le tenía muchas ganas, la camiseta de la selección húngara de 1954, la del gran Puskás, 5000 florines más barata que en otras tiendas en las que la había visto el día anterior.

IMG_2096Ya divisamos el Mercado Central allá al fondo. Vamos fijándonos en todos esos edificios modernistas que tanta historia atesoran. Disfrutamos del momento. No hace falta correr.IMG_2090

Virág tiene ahora un descanso. Veinte minutos para otro café solo… y sola, en el Fakanál, restaurante ligado de alguna manera a los servicios en los que ella trabaja, acompañado de un 1 Móvil Jose Marzo abril 2015 Madrid y Budapest 465gulash calentito, un buen tentempié para aguantar firme el resto de la jornada. (¿Qué por qué los servicios y el restaurante Fakanál están relacionados? Lo explicaré un poco más adelante. Paciencia.) Regresa despacio a su puesto de trabajo, con el ceño fruncido. Hay cola, gente que parece protestar. “¡Que se jodan!”, piensa ella mientras se abre paso y se vuelve a sentar. Cambio, más cambio que va entregando de una caja de latón llena de monedas de 100 y 200 florines. En su mesa hay propaganda electoral del Jobbik, el partido de extrema derecha que cada vez va cobrando más y más auge en Hungría. Piensa votarlos el día 12, al candidato Lagos Rig, que pelea por un escaño que ha quedado vacante en el Parlamento Húngaro. Virág quiere que el tal Lagos Rig disfrute de todo el mármol y oro que decora el interior del parlamento (y lo hará, ya que acabará arrebatándole ese escaño al partido en el poder, el conservador Fidezs, con un 35,3% de los votos. Acojona, ¿eh?). Ella cree en una Hungría mejor, pero de verdad, no en esa palabrería populista y demagógica del ‘Jobbic Magyarorzágért Mozgalom’, Movimiento por una Hungría Mejor, que no se consideran de extrema derecha, sino de derecha radical (sic.) Pero a los turistas eso les da igual. Ni Fidezs, ni Jobbik, sólo están (estamos) de paso, y lo que pase en Hungría les da igual (¿nos da igual?) mientras todo esté bien acondicionado y limpio para que puedan (podamos) disfrutarlo, porque, sí, es una maravilla de ciudad, por si no lo había mencionado antes. Virág se siente agobiada ahora, demasiada gente en la cola que no sabe ni cómo funciona ese dichoso torno, que no habla su idioma. Ella muy poco sabe de inglés, lo justo si acaso para poder salir del paso.

Llegamos, por fin, al Mercado Central. Impresionante.
Montones de señoras mayores con boinas de diferentes colores y carritos de la compra van de puesto en puesto haciendo la compra. 1 Móvil Jose Marzo abril 2015 Madrid y Budapest 450Luego se sientan a descansar, comer algo y charlar entre ellas muy distendidamente. Hordas de turistas vamos admirando todo lo que va apareciendo delante de nuestros ojos, cada puesto de comida típica, cada tienda, ese techo y esa estructura tan increíbles. Ay, pero me meo, que llevo toda la mañana caminando sin pausa alguna. Miro indicaciones y señales en busca de la definitiva, la que me lleve al urinario… ¡Ajá! Ahí veo la que me indica dónde está el servicio, por aquellas escaleras a la izquierda. “¿Alguien tiene que ir al baño?”, pregunto sabiendo la respuesta de antemano. 1 Móvil Jose Marzo abril 2015 Madrid y Budapest 473Los cuatro necesitamos ir al baño. Subimos las escaleras y lo vemos. Hay poca cola ahora, sólo dos turistas que, por el acento, parecen estadounidenses. Me acerco y leo las instrucciones que, por suerte, aparte de húngaro también están en inglés. Necesitamos 800 florines en monedas de 100 o 200. Miro en mi cartera. Tan sólo dispongo de una moneda de 200. Tengo que cambiar. Veo a Virág Konya en su puesto, esperando mi inminente llegada. “Good morning! (son más de las 12 pm, pero para nosotros sigue siendo ‘morning’, que no somos de origen anglosajón) Can I have some change, please?”, le pregunto yo muy despacio pero sin dar voces poniéndole un billete de 1000 florines en la mesa. Me dice algo en húngaro que yo no entiendo mientras me da cinco monedas de 200 florines. Parece estar de mala hostia, no sé… “Thanks a lot! Good bye and have a nice day!”, digo yo, y me alejo hacia el torno, que me estoy meando de veras. Reparto las monedas y vamos entrando en turnos. Al salir, vuelve a haber más cola. Virág comienza a entrar en un estado de inminente desesperación al ver que mucha gente no se entera del funcionamiento intrínseco del mecanismo de los tornos que se activan con los florines. Un chico y una chica, jóvenes y británicos ambos, llevan un rato en ardua pelea intentando entrar. Ya han metido la moneda pero no se adentran en el interior de los lavabos. Virág se levanta ahora jurando a voces en húngaro, ya como un toro desbocado los empuja a ambos hacia el interior de los respectivos servicios, a la chica con su mano derecha y al chico con su mano izquierda. “JUST GO, GO, GO… FOOCKIN’ GO!” Ellos, alucinados, entran sin saber ni qué ni cómo contestar a esa señora tan airada. Un señor muy flemático, me parece a mí, la mira asombrado y le dice en inglés, claro, que es una maleducada, a lo que ella sólo responde con el gesto típico que se hace con el dedo anular justo antes de sentarse, cerrar sus ojos por un instante y suspirar muy profundamente.

1 Móvil Jose Marzo abril 2015 Madrid y Budapest 341Lo que no sabe ella, es que una de sus bisabuelas era judía, originaria de Lugos, perteneciente al Reino de Hungría por aquel entonces, hoy parte de Rumanía; ciudad natal del mítico Béla Ferenc Dezső Blaskó, más conocido como Bela Lugosi (con el cual tengo el honor de compartir fecha de nacimiento, aunque casi un siglo más tarde, lógicamente.) Echo en falta por aquí más homenaje al Drácula más legendario que nos puede haber dado el séptimo arte, la verdad.

Un cierto aire a Bela Lugosi

Un cierto aire a Bela Lugosi

Yo creo que aún así, Virág seguiría votando igualmente al Jobbik el día 12 de abril, al igual que ese 35,3 por ciento de habitantes de Budapest que ven en ese neofascismo una solución definitiva a sus males, porque la historia se olvida demasiado pronto quizás. Antes de irnos a almorzar, observo como Virág se acerca cada poco al torno y va cogiendo los tickets que la gente va dejando allí olvidados. Tengo aún el mío en la mano y, por pura curiosidad, me pongo a leerlo. ¡Acabáramos! Allí dice, en inglés, claro, que ese dinero gastado en entrar al baño del Mercado Central puede ser canjeado por bebidas y/o comidas en el restaurante Fakanál. La miro y, casi sin querer, se me escapa una sonrisa cómplice que Virág rehuye, esta vez sí, ipso facto quizá sintiendo un mínimo atisbo cabrón de culpabilidad conectando varias de sus neuronas.

1 Móvil Jose Marzo abril 2015 Madrid y Budapest 4771 Móvil Jose Marzo abril 2015 Madrid y Budapest 483Tras una comida estupenda, y muy barata, por cierto, salimos del mercado y nos disponemos a cruzar el 1 Móvil Jose Marzo abril 2015 Madrid y Budapest 492Puente de la Libertad (Szabadság híd) en dirección al Hotel Gellért, a disfrutar de sus baños termales como hacían hace unos pocos años aquellos seres de cuerpos danone en aquel anuncio de yogures ídem. Agua cargada de sulfuro, a 36 y 40 grados Celsius,  que burbujea gloriosa en tu piel y relaja tus sentidos hasta casi conseguir que te llegues a dormir con una sonrisa imbécil de absoluto placer.1 Móvil Jose Marzo abril 2015 Madrid y Budapest 496 Incluso nos aventuramos a salir al baño termal exterior a pesar de los siete grados de temperatura ambiente y el viento racheado que corta radicalmente todo intento de respiración ad hoc. Una experiencia magnífica. Al regresar al interior, al sprint, por supuesto, me fijo en una clase de aquagym que está teniendo lugar en ese mismo instante en la piscina principal, la de las columnas, la famosa, la del anuncio de esa 1 Móvil Jose Marzo abril 2015 Madrid y Budapest 539marca de yogures anteriormente mencionado. ¡Anda! Ahí está Virág, moviéndose al ritmo que impone la monitora, una chica de unos 35 años con aspecto de antigua nadadora olímpica, que en este país tiene que haber a espuertas, con muy buenas intenciones aunque no con tan buenos resultados. Eso parece, en principio, pero a ella parece darle igual su falta de agilidad. Ahora está relajada y se la ve feliz y contenta, seguro que ya no piensa en el Jobbik ni en su trabajo tan monótono. Busco una tumbona para ver si echo una siesta relámpago de unos 10 o 15 minutos. ¡Lo consigo! Al despertar, veo a Virág tumbada en la tumbona de al lado, a mi izquierda, con sus gafas puestas y muy  metida en la lectura de Melancolía de la Resistencia (Az ellenállás melankóliája, que se lee en su portada). Sonríe, detiene su lectura y deja el dedo índice de su mano derecha señalando justo la línea en la que va leyendo; ajusta sus gafas y observa tranquilamente a toda esa gente ajena que se baña plácidamente en esa piscina,1 Móvil Jose Marzo abril 2015 Madrid y Budapest 508 la más grande del interior del Gellért. Se da cuenta de repente de que la estoy mirando como atontado. Me devuelve, ahora sí, la mirada, y me hace un gesto de saludo acompañado de una mínima sonrisa antes de volver a zambullirse de lleno en su novela. ¿Se dará cuenta, al terminarla, que no es bueno que la inteligencia quede anulada por la fuerza bruta y la violencia? Pues no sé yo, la verdad.

“Amíg örökre!”, le digo como despedida (los libros de frases hechas a veces vienen al pelo), un “hasta siempre” que significa eso mismo, que no permite ninguna otra posible interpretación semántica, una verdad irrefutable porque sé a ciencia cierta que nunca más en mi vida, aunque regrese a Budapest, volveré a ver a Virág Konya.

FRÁGIL EXISTENCIA COMBINADA

maniquí fartedcuenta el rumor
que vuestros cuerpos
están invadidos
por miles de bacterias,
y me sorprende
vuestra frágil existencia,
ese inútil empeño
de lucha
contra esta sonrisa,
la mía,
que seguirá dando luz
a la atmósfera
mucho tiempo después
de vuestra anhelada
y definitiva
extinción;

de las gotas
que no os dejan
disfrutar de la exagerada
magnitud
de mi eterna sonrisa
se deriva la intención
de no dejarme perecer jamás
pasto del fuego
de la envidia
de vuestra estúpida
caducidad.

 

ovieradas(Otropiezo viagenial en alsabiduría)
Esta oscuridádiva
embistemores
en un día comoco estertores
ni las arrebajas, ropayasos,
complacerarán mentestosteronas,
ni caminocillas
pecaminosarán los elegidosificados;
la mezclavicordio
suponencia perezalamera
algunacional
de ámbitóxico
cuando vendesesperación
tus gopropios idealesivos.
Ésa es la miradadaista
que conjuramentolado
este poemaniático
y, de manomenclatura, desenfrenopático
una visitardía
a la bodegacela
pisadación en pagodanacoliflor
ambidiestroll
desddt una perspectivanagloria
que, absolutamentecata,
se acabalaustrada
aquímera, en este momentormento.

EL VIEJO PROFESOR DE QUÍMICA

Las mordazas me atan. Los sinsabores del pánico me encienden cada mañana. ¿Qué? ¿A qué? ¿Por qué? No tengo ni puta idea. Mi juicio no fluye con el ritmo que yo habría deseado inconscientemente para él. Acabo de parir y no me veo con fuerzas para recuperar mi estilizada figura.”

El viejo profesor de Química acababa de publicar su primera novela, ‘La Ira de los Átomos’. Ella había consumido gran parte de su tiempo libre durante los dos últimos años, y ahora se sentía vacío, sin más ideas que plasmar sobre un papel en blanco. Y luego el calor, el maldito verano. Desde pequeño siempre había sentido como el tiempo se desvanecía entre sus manos cada vez que “perdía” una tarde de verano en la playa (maldita molicie). Hoy se sentía igual que antaño, pero con una pequeña diferencia: no estaba ya solo, su mujer y sus dos hijas, de siete y tres años, parecían estar pasándoselo en grande a su lado.

Abstraído como estaba tratando de hilvanar una especie de argumento fantástico que le sirviese como punto de partida para su segunda novela, no fue capaz de intuir que un fantasma del pasado inmediato se le iba a aparecer de repente aquella tarde: Lorena Menéndez. El viejo profesor no se había dado cuenta de que él y su familia se habían situado a tan sólo unos metros de Lorena y su chico. Los dos componían una escena de lo más rebelde y provocadora: ella llena de pendientes y colgantes por todos los rincones de su cuerpo, los visibles y los no visibles – el viejo profesor lo sabía muy bien, hasta el más mínimo detalle -; y él, un punki de cresta rizosa, enemigo acérrimo de los bañadores al uso, que se adentraba en el mar con unos desgastados vaqueros negros cortados justo por debajo de las ingles. Camisetas de Manolo Kabezabolo para ella, y de Gwar para él. Retozaban con toda la libertad del Universo en caída libre, lo que exasperaba a los más reaccionarios de entre los presentes. No al viejo profesor. No. Él estaba nervioso por otros motivos. A su depresión ‘post-parto’ se unía ahora el recuperado despecho, el sutil abandono que le había obligado a sentarse a escribir la historia de un asesino en serie que actuaba en pos de la ansiada venganza después de sentirse engañado por una chica que había succionado todas sus ansias de vida amorosa. Ese era él, la proyección de su otro yo, del esquizofrénico que cada ser humano esconde en su interior.

No es verdad, ¡no es verdad! Nunca se puede decir que lo que uno escribe sea la proyección de los trapos sucios que se esconden viscosos en cualquier conexión de su cerebro. Yo tuve aquel affaire con Lorena porque necesitaba un poco de evasión… porque me estoy haciendo viejo, y todos somos vampiros… hasta cierto punto. Todos buscamos inconscientemente la juventud perdida; y a mi mis hijas no me servían. No me entiendas mal, querido contador de historias ajenas, que yo no soy ningún pederasta. Para mi los hijos son símbolos de muerte; están ahí para avisarte de que vas a morir, tarde o temprano, pero te vas a morir y ellos seguirán caminando….. los muy cabrones.”

Lorena estudiaba COU, y Lorena buscó premeditada e intencionadamente al viejo profesor. Sabía que estaba buena, y sabía también que ese simple hecho podría darle el siempre tan difícil aprobado en química. Le sacó todos los símbolos químicos uno a uno hasta ver reflejado en su libro de notas un inesperado sobresaliente. Para ser sinceros, ella también disfrutó lo que pudo de esa relación; pero además tenía claro, muy claro, que en cuanto su nota quedase sellada en su expediente, en las actas del instituto, el nombre del viejo profesor pasaría automáticamente a engrosar la lista – amplia, demasiado amplia para la mentalidad del viejo profesor – de sus novios y amantes. Él en un tris estuvo de dejarlo todo atrás: mujer, hijas y hasta su carrera como investigador en el departamento de bioquímica de la Facultad de Biología. También pudo sentir el frío tacto del cañón de su pistola contra su sien derecha durante quince minutos que le parecieron una eternidad condensada.

Nunca llegué a pensar seriamente en el suicidio. Ni siquiera estaba cargada… Sí que sufrí; para que engañarnos. ¡Yo sí que sigo con mi vida de engaño permanente! No quiero a mi esposa… tampoco mis hijas me aportan nada gratificante. A veces pienso que tampoco las quiero…”

El día de playa era perfecto: no demasiado calor; de vez en cuando alguna nube permitía, como gran sombrilla salvadora, tomar un respiro; la temperatura del agua era la ideal: 18 grados centígrados. Pero al viejo profesor todo eso le importaba hoy un carajo. Lorena acababa de unirse a los productos de su desesperación, y eso sí que era insoportable.

La digestión de tanto crustáceo se hacía dificultosa en su interior. Se lo podía permitir. Sólo era dinero, del que a espuertas entra cada mes. Todo en esta vida iba sobre ruedas para el viejo profesor: tenía dinero, posición social… pero no tenía entre sus manos ese apetitoso bocadillo de foie-gras que su joven ex-amante se disponía a manducar con cara de hambre atrasada. Quería ser parte de aquel hígado de cerdo hecho papilla que se mezclaba con la saliva que él tanto había saboreado dos años atrás. Quería matar a aquel joven punki que osaba meterle mano descaradamente a ‘su’ joven ex-amante ante sus narices… Lorena lo vio, y le envió un gesto afectuoso con su mano izquierda antes de incorporarse para ir a saludarlo.

– Hola, profesor.

– Hola… ¿Lorena?

– Sí, eso es. Lorena Menéndez. Me dio usted clase de química hace dos años, en el instituto.

– ¡Ah, sí…! Era usted una de mis alumnas más brillantes… por no decir la que más.

– También era usted ‘mi profesor más brillante’. Pude disfrutar de sus mejores clases…

– ¡Ejem, ejem! Mire, le presento a mi esposa Laura y a mis dos hijas…

Tus oscuros pensamientos enviaban tus manos directamente a su cuello. Ya estaba muerta, muerta para ti, muerta “por su bien”. ¡Qué sufrimiento provocaba en ti su muerte! ¡Y cómo duele por dentro, cómo hurga sin compasión en nuestras vísceras más necesarias…!

En verdad, yo no pretendía haber llegado a tanto… Creo que se me fue un poco la mano. De todos modos, su muerte pasó por accidental. No fue más que eso, un accidente, un imprevisto accidente. No tengo más que decir.”

Es cierto. La muerte de Jorge, el punki de la camiseta de Gwar, se debió única y exclusivamente a su imprudencia, a su temeridad, a su “valentía” de nadar y nadar contra marea, lejos, muy lejos de la orilla. Se ahogó en sus pretensiones. El que tú estuvieses nadando lejos, también lejos, pero cerca de él, no fue más que un fruto de las incongruencias de la casualidad, de la puta casualidad de haber coincidido ese domingo en la playa, en la misma playa… y con la misma chica, Lorena Menéndez.

EL CHOPO T-REX Y BOWIE EN PELUCHE

chopo-cacabelosla locura no consiste
en ver un T-rex
en el tronco de un árbol
mientras paseas al atardecer
bajo el frío sol de un invierno
agotado de esperar
su propia temperatura,
no;
la locura viaja y vibra
dentro de nuestras vísceras
sin interesarse apenas
por seres que dejaron de serlo
muchos millones de años atrás;
la locura, en definitiva,
tan sólo radica en creer
que todavía pueda existir
un rex o “similárico” ejemplar
que por haber salido a este mundo
por el coño de una madre señalada
alce su cabeza,
su busto parlante,
lector aburrido
poco electrizante,
por encima de las sombras
del resto de las gentes;
sub… sub… y sub
sin ditto lo cual
me traslado al árbol siguiente
para ver si no me habla
de criaturas ya extintas…
o, en su de(fuck)to,
de aquéllas que sin duda
sólo merecen la más absoluta
y regia
extinción
(sin excepción)

bowie-pelucheEsos días en los que paseo
por galaxias paralelas
noto como tu ojo izquierdo
nos observa sin intentar
ni por un instante controlarnos
porque tú no eres uno de esos grandes hermanos
que todo lo quieren vigilar,
tan solo eres, y lo proclamó aquí
sin anestesia alguna
desde mi atea atalaya,
lo más parecido a un dios
que jamás habré venerado;
por eso a veces “emigro”
a otras galaxias cercanas,
fumo sin fumar un montón de cigarrillos
y comparto un par de chutes
con el mayor Tom,
abusando complacido
de su eterna sonrisa
de dientes perfectamente imperfectos.

EL POETA PATÉTICO – RAMONA LO QUERÍA FISCAL

Las notas de la primera evaluación de COU no habían sido demasiado buenas, lo que provocó el consiguiente enfado familiar, casi un cisma. Al Poeta Patético le tocó sufrir una cena de Nochebuena más que peculiar en perfecto sandwich entre su tía Antonia y la amiga de ésta, Ramona, que gastaba y repartía por doquier una mala hostia descomunal (tiempos aún de eufemismos en los que una relación sentimental entre dos mujeres que llevaban viviendo juntas, compartiendo vida, milagros, quehaceres y demás más de veinte años ya, se consideraba como amistad por no irse más pa lo hondo). “Pues ya te puedes poner las pilas, majo, que tienes que llegar a fiscal, como mi hermano, que no hay mejor trabajo que ése, y bien lo sabes, que te lo tiene dicho él unas cuantas veces. Mira que trajes gasta, con que gente se codea…”, Ramona desconocía lo que era la discreción, y sus arengas siempre prevalecían sobre cualquier otro atisbo de opinión. Aunque no había concordancia alguna entre la canción y la amiga de su tía, al Poeta Patético en estos casos le venía ipso facto a la mente la canción aquella tan chabacana de Fernando Esteso, la de “la Ramona es la más gorda de las mozas de mi puebloooo…”, aunque él, recurriendo certero a su mente rápida y poética, modificaba la letra en un santiamén, “la Ramona es la más boba de las mozas de mi pueblooo…”, y así cambiando el adjetivo calificativo en cada sermón en el que la tía Ramona estaba al servicio, un ace tras otro. Al final pasó lo que tenía que pasar, que el Poeta Patético no llegó a ser nunca fiscal. Sí que empezó derecho, pero no le fue muy bien, y lo más cerca que estuvo de un juez fue cuando fue cazado con varios gramos de hachís en aquella Operación Primavera de 1987. Se acabó derecho, adiós a la ley, bienvenida la filología, la noche y todas sus circunstancias que siguen hoy en día casi a medio recordar. Esta tarde volvieron a su mente aquellos días, y mientras bebía a sorbos el segundo de los cafés que servían como epílogo al menú del día, esbozó una sonrisa pelín hijoputa mientras de fondo contaban en las noticias que Urdangarín era un ser libre, condicional pero libre, que podía vivir en Suiza sin trabajar (nada nuevo en su vida ajena al balón pequeño). “Ay, si yo tuviera Twitter…”, se dijo a sí mismo antes de elaborar uno de esos tweets mentales que tanto le ponen:

“De UrdangarÍN a UrdangarOUT en cero coma fiscales, porque en Suiza siguen atando a los perros con longanizas”

Y con las mismas se fue a su casa a escribir este bello y melodioso poema:

Yo quiero ser fiscal

y que la ley se aplique

a todo el mundo por igual,

que sin fianza alguna

sea la libertad condicional,

y reírme a vuestras caras

a la velocidad de la luz

de una nave nodriza

que vuela directa a la misma Suiza.

Yo quiero ser fiscal,

de la justicia un semental

de ésos que saben que el pan

no se trabaja sudando

sino que se consigue robando,

extorsionando a mandíbula batiente,

y que al reír reluzcan bien mis dientes.

Yo quiero ser fiscal

y mear en vuestro orinal,

ser amigo real

de groseros y embusteros

de ésos que se tiran pedos calentitos

sentados sobre cojines de dinero,

y cepillar mi traje nuevo

cada mañana por la mañana

antes de ir al juzgado

con un poco de galbana

y el sentido de la justicia

muy bien anestesiado.

“¡Que se sepa bien quien manda aquí!”,

me espetó mi superior el otro día,

“un poco de fianza basta”,

y aunque a mi mente

vino muy de repente

eso de aquel anuncio de la tele,

¡Gioooooor!,

pensé que era mucho mejor

asentir como un pelele

y dejar que el mismo tiempo

y las redes sociales

echen su capa de cemento

para al fin acabar creyendo

que sí, que todos somos iguales,

porque no es lo mismo

robar en abstracto, en diferido

un dinero que no se ve

que una lata de anchoas,

que se veía bien claro,

que allí bien que ponía el precio:

¡un euro, joder!

Y ahora déjenme pasar

que falta la parte más importante,

la parte final,

que les salga a devolver…

Impasible

el

ademán,

bitches!!!

PIEDRAS: DEL TEJADO AL RÍO

tejado-de-arriondassi una piedra nueva
llega a tu casa un día,
que el tejado no la acoja,
que la puerta se abra,
que no se esconda,
que alcancemos
abriendo bien
el ojo del entendimiento
a comprender su viaje,
su huida,
su llanto amargo de grava
que en su origen se queda,
triste y rabioso,
indicaciones de demora
para la muerte
que atrás
en la sombra
se suicida
en un tiempo
que a destiempo
no nos enseña
más amor,
nula empatía,
curiosa flor
que a sangre apesta
tras una imprevista ingesta
de odio multiplicado
por la potencia
elevada al cubo
de odio por plomo,
de asco por p
ólvora:
ahora ya,
baja despacio de mi tejado
y siéntate a la mesa,
tenemos macarrones
para cenar,
inventaremos conversaciones
antes de que regresen
y nos vuelvan a matar.

river-cua

Érase una vez un río que pasaba por mi pueblo, que se llenaba de niños y niñas cada verano, que tenía un trampolín desde el que saltábamos una y un millón de veces, por cuyo puente trepábamos para zambullirnos desde allí arriba…

Sí, éramos demasiado jóvenes y despreocupados, la vida esperaba nuestro aterrizaje forzoso, y no nos ha ido del todo mal.


Tranquilo este invierno en contraste con otros de riadas increíbles, el río Cúa sigue su curso, y seguirá mucho tiempo después de nuestro adiós, porque él es mucho más eterno e inmortal que todos nosotros. Es el alma del norte, es el frío del norte, y en el norte siempre recordamos.

TRILOGÍA MANCHEGO-AUSTRALIANA, PARTE III: EN REALIDAD, ME LAMO SARITA

Ante todo, quiero dejar claro, clarísimo, que mi nombre no es Gina. Yo me llamo Sarita, que es a las ovejas de Campo de Criptana, lo que María a la infinidad de mujeres de mi país de origen. No sé, lo de Gina me suena como a Vanesa, Lorena, Nerea o cualquiera de esos llamativos nombres tan horteras que muchas madres humanas han puesto en los últimos años a sus crías, perdón, hijas, quería decir hijas. Mi antiguo amo me asignó “Sarita” en honor a Sara Montiel, Saritísima, nacida, al igual que yo, en aquella insigne villa.

Echo mucho de menos mi tierra, a mis amigos, así como a nuestro buen pastor… Aún no me explico qué perra le habrá dado a este tío conmigo; así porque sí, mata al gurú, que en aquel preciso instante ejercitaba su ritual conmigo, y me lleva luego con él en un extraño vehículo para, al final, viajar durante horas dentro de un pájaro de hierro rodeada de perros, gatos, ¡y hasta un cocodrilo devuelto por el zoo de Madrid…! A mí, la verdad, no me importa seguir a otro gurú, pero es que éste debe ser agnóstico o algo por el estilo ya que nunca legamos al clímax que provocaba la liturgia de mi anterior pastor, tan sólo me mira y me acaricia con mucho mimo, nada más… Aunque a veces pienso, por su actitud, que va a dar el paso definitivo, eso nunca ha llegado a ocurrir. Como en el remedio está la alternativa, mi paso a continuación consiste en buscarme un macho de mi propia especie para así saciar mis ansias espirituales de cumplir devotamente con el rito ancestral que heredamos de nuestros antepasados, generación tras generación, desde los tiempos de Abel, el hermano de Caín, que fue el Gran Iniciador. El único impedimento sobreviene al intentar comunicarme con alguno de los corderos de estas tierras: todos hablan un idioma irreconocible para mí; pero al final, como creyentes en el simbólico ritual del falo, acabamos consumando todo el proceso.

En mi última ceremonia, la suerte me fue esquiva: me quedé preñada… y yo no lo pretendía. Me encuentro ahora activando un comité ovino pro-abortista, ya que considero que el parir debe ser una decisión meditada y unipersonal de la propia oveja embarazada. El mismo problema, el idioma supone una barrera momentánea que me impide, por ahora, llevar a cabo todos mis propósitos; pero me esfuerzo con tesón y voy aprendiendo su lengua poco a poco (“We have to fight against the male power!”). Incluso creo que ya he convencido a dos para que se unan al comité. No sé, ya veremos.

El año pasado estuve a punto de escaparme de la compañía de mi nuevo amo; para ello me infiltré, con la suficiente cantidad de barro de camuflaje cubriendo todo mi cuerpo, entre la multitud del rebaño. Casi lo consigo: al poco de emprender la marcha guiados por dos humanos, sirvientes del pastor Manolo, éste de repente llegó azorado hasta nuestra altura… y me encontró. ¡Me cago hasta en la leche de cabra! ¡Qué mala pata la mía! Aquí me tuve que quedar, sola, preñada y con un pastor ateo que no conoce los rituales de unión entre hombres y ovejas. ¡Vaya un plan de futuro…! Además, esta tierra es muy agreste, no se parece en nada a mi Campo de Criptana. Está plagada de animales rarísimos, totalmente desconocidos para una oveja de pueblo como yo – algunos llegarían a asustar incluso a Zeus, el perro que ayudaba al buen Graciano -.

El otro día, (y no estoy mintiendo, que conste) vi una mosca – supongo que sería una mosca – gigante, tan grande como un gorrión; ¡y volaba hacia mí para posarse en mi lomo y chuparme toda la sangre! Yo la llamo la chupa-ovejas. No, si yo aquí cualquier día aparezco tiesa, patas arriba y muerta, sino por la acción de una de estas criaturas salvajes, al menos de un paro cardiaco.

En estos días, sola con el interfecto éste, no me atrevo ni a salir del cercado. No ceso de preguntarme, ¿pero qué hace una merina como yo en un sitio como éste? Creo que la culpa la tienen estos locos homínidos que, a la mínima de cambio, se salen de sus casillas. El Manolo se carga a mi Graciano, y yo acabo viviendo junto a él sin comerlo ni beberlo; no, si ya lo digo yo: “están locos estos humanos”… Supongo yo que el ver el mundo desde las altitudes que ellos lo ven hará que el viento les afecte un poco más al cerebro, aunque reconozco que no a todos por igual, que mi anterior pastor era un ser muy coherente y, sobre todo, muy buena persona. Doy fe.

EL NAZI REDIMIDO / ANIMALES HERVÍBOROS – PARTE II

20170203_150855Con el fósil de tu memoria

me masturbé

ochenta y ocho veces:

una vez a punto

de adentrarme

en la número

ochenta y nueve,

me di cuenta

de la realidad:

bajé despacio

mi brazo derecho;

tu encanto anterior

no era ya más

que pura arqueología.

y sigo queriendo, sí
habitar en la mansión
de los animales herbívoros,
alimentarme solo de hierba
y llenar el prado de mierda,
no sentir la lluvia
ni el frio;
alejarme de la historia,
escupir en los días
sin esconderme en el tiempo
y que mi humo
se acabe confundiendo
con esta niebla tan densa;
quiero recitar mis poemas
a burros y caballos,
a burras y yeguas,
que admiran mi palabra
sin apenas dejar de masticar
su total
y cuadrúpeda
indiferencia.

TRILOGÍA MANCHEGO-AUSTRALIANA, PARTE II: “GINA”

Hasta hace dos años yo vivía en Madrid, no sé si felizmente o no, pero sí que se me podía considerar como un engranaje más de los que hacen girar la supuesta e hipotética civilización occidental. Ahora mismo estoy en Kalgoorlie, una pequeña ciudad sita en la zona suroccidental de Australia. Me gano la vida dedicándome al pastoreo de ovejas, y mi granja nos da para ir comiendo – y cuando digo “nos” estoy incluyendo a Gina -. Todo lo que ansío en esta vida lo encuentro en Gina. Ella es mi guía. Lo dejé todo por ella, llegué incluso a asesinar por ella, y por ésta, entre otras razones, huí en su compañía hasta llegar hasta aquí. No puedo facilitar mi nombre ya que aún padezco el temor a la justicia implacable de la raza humana; si os place podéis llamarme “Q”.

¿Y cómo llegó “Q” a Australia?, seguramente que os preguntaréis intrigados… Lo único que puedo hacer es contaros mi historia, mi versión, y que el tiempo dicte sentencia.

Yo trabajaba en un banco, en una sombría sucursal de un barrio de Madrid. Mi vida se estaba convirtiendo, sin apenas yo darme cuenta, en un ciclo totalmente previsible: trabajar, comer, ir a casa, hacer vida de marido y padre hasta la hora de acostarme, y así sucesivamente día tras día, semana tras semana… Me casé porque todo el mundo lo hace; tuve hijos porque casi todos los matrimonios suelen tenerlos; malgastaba mis horas en un trabajo rutinario y alienante porque tenía que mantener a una esposa y dos hijos. Ahora bien, he de confesar que no movía un solo músculo para cambiar mi situación, sencillamente me iba dejando arrastrar, como un vago salmón, por la hipócrita comodidad de la vida cristiana en familia. Pero un día todo empezó a cambiar repentinamente: sentí la imperiosa necesidad de nadar contra corriente, para bien o para mal, pero al fin había tomado mi propia decisión: ya podía elegir mi propio destino, y, es más, ahora creo firmemente que todos podemos hacerlo si nos lo proponemos, si nos paramos a pensar en nuestras vidas más de cinco segundos seguidos. Gina me despertó de mi letargo y me obligó a salir de mi covacha.

ovejas-en-campo-de-criptana-autor-bram-meijerUn domingo, como teníamos por costumbre en aras de autoengañarnos, al menos mínimamente, nos fuimos de excursión con unos amigos a Campo de Criptana, en la provincia de Ciudad Real. Mi mujer preparó un suculento pic-nic, mientras yo tan sólo me encargaba de llevar mis naipes para así organizar una buena partida de mus. Ante nosotros se presentaba un domingo de lo más entretenido, y he de reconocer que, por lo que a mi respecta, sí que lo fue.

Mientras caminábamos tranquilamente buscando una zona de sombra bajo la que cobijarnos del inhumano sol que por momentos nos abrasaba, apareció, como ninfa surgida de la nada, Gina, ella, la más hermosa. Pero no fue sólo su belleza física lo que me atrajo, también su indescriptible aura de romántico misterio me dejó fulminado desde el primer instante en que nuestras miradas se cruzaron.

Lo supe al momento: estaba enamorado… Ante mí tenía lo que inconscientemente yo había necesitado desde hacía ya mucho, muchísimo tiempo. No me quedaba otro remedio, debía actuar con extrema celeridad y, aunque hube de regresar ese mismo día para Madrid con todos los demás, eso hice sin más demora. El miércoles siguiente no me presenté en mi puesto de trabajo; mi coche me condujo de nuevo hacia el pueblo castellano-manchego en el que habitaba mi perturbadora musa.

La estuve buscando durante horas y horas, pero no la hallaba. Sí que pude ver muchas otras que guardaban cierto parecido con Gina, pero ninguna era ella, mi Gina – no es que éste sea su verdadero nombre, pero a mí me recordó desde el primer instante a Gina Lollobrigida, gran belleza inspiradora de mis años de púber onanista -. Por lo menos, dentro de la natural desesperación que comenzaba a invadirme, alguien se había apiadado de mí: un pastor llamado Graciano me invitó muy amablemente a comer garbanzos en su morada, una típica vivienda de aquellos parajes conocida como casa-cueva. Pero dejémonos ya de andar con rodeos y vayamos directamente al grano.

Una vez finalizado el almuerzo, me despedí del pastor y proseguí con mi ardua e intensa búsqueda. Cuando la más absoluta de las angustias existenciales rondaba por mis neuronas, la divisé desde lo alto de una loma. La alegría inicial se tornó ira al comprobar que no estaba sola, que tampoco estaba quieta… ¡Estaban abusando de ella, de su grácil inocencia! No tuve más opciones, no había alternativas posibles ante semejante conducta: tomé del suelo una buena tranca y, antes de pararme a pensar en lo que estaba haciendo, antes de recuperar mi lógica diferencial, asesté en la cabeza del violador tantos palos que su cráneo me recordó luego a un coco partido en varios trocitos, como esos que venden en las ferias, vamos. Después de haberlo matado, lo reconocí: era Graciano, mi anfitrión tan sólo unas horas antes. En ese instante, mi conciencia empezó a ejercer como tal… pero allí estaba ella, a mi lado y mirándome tiernamente, comprendiéndolo todo, que yo había asesinado para defenderla. Enterré el cadáver del pobre desgraciado entre la Ermita Cristo de Villajos y la Laguna de Salicor. Ya, ya sé que eso abarca mucho terreno, pero no quiero dar más pistas, que no pretendo yo ahorrarle el trabajo a nadie.

Dejé atrás mi vida, a mi familia, y me vine a Australia, lo más lejos posible, con Gina, mi fiel Gina. El largo viaje en avión se nos hizo especialmente duro ya que no pudimos viajar juntos – lo contrario levantaría sospechas; la sociedad, con sus limitados parámetros, seguro que no alcanzaría a entenderlo -. Sin embargo, una vez aquí, solos e instalados, comenzamos a sentirnos totalmente libres, y en ello estamos…

Hace un año me compré una granja en las afueras de Kalgoorlie; tengo dos empleados que se encargan de la labor de pastoreo, de cruzar este inmenso país con un rebaño de ovejas a su cargo, para regresar con cabezas nuevas después de transcurridos unos meses. Son lo que aquí llaman “drovers”, o pastores trashumantes.

Gina se queda siempre conmigo, aunque la última vez me llevé un buen susto: casi se la llevan con ellos… Menudo despiste. Todo este proceso me produce un poco de lástima porque Gina se pone muy triste cuando se van sus amigas, pero tiene que acostumbrarse, debe entender que ella es mía y sólo mía. Mi amor por Gina es puramente platónico, no mantenemos relaciones sexuales, tan sólo compartimos nuestras vidas sin pedir nada a cambio.

En la actualidad Gina está embarazada, creo que ya a punto de parir. Eso es bueno, siempre resulta gratificante que aumente el rebaño. No siento celos, ¡qué va! Reconozco que todos los seres vivos tenemos que cumplir con nuestras obligaciones biológicas, y el sexo es una más entre ellas, lo cual es también aplicable a mi persona: yo me acerco a Perth cada quince o veinte días para así poder vaciar mis rebosantes glándulas seminales.

No espero nada especial del futuro, sólo poder vivir lo suficiente para poder disfrutar de la grata compañía de Gina, aunque esto parece, en principio, una contradicción porque yo sé de sobra que una oveja envejece más aprisa que un ser humano. Eso me entristece… Pero ha surgido una luz de esperanza en el horizonte que aprovecharé cueste lo que cueste: gracias a “Dolly” podré tener a Gina hasta que mis días se acaben, bastaría con clonarla una y otra vez hasta que mi corazón deje de latir para siempre jamás.

THE WORLD IS BLUE

Hoy toca otra colaboración con mi amiga Malin Ellisdotter, que ha dado vida a mi poema a través de una de sus magníficas fotografías. The World is blue, mates!!

November 28 2016 – From my iPhone 5s archive. Today I received another poem from my friend José and I hope you’ll enjoy the reading; The world is grey without the color of your terrified fate. The world is blue without the informal shapes of the Earth in you. No world can resist more and […]

a través de The world is blue — MALIN ELLISDOTTER H PHOTOGRAPHY

LA SONRISA ETERNA Y COREOGRAFÍAS IGNORADAS

fontan-munecodesde aquí
os sonrío
con todas mis ganas,
el cielo libre
no os contempla hoy
igual que lo hace conmigo
y la envidia
habita escondida
en vuestras carteras
porque yo no valgo demasiado
y en una esquina
cualquiera
de cualquier mesa
de tu casa
os haré felices
cada noche
cuando estéis soñando
y la penumbra
agote sin prisa
cualquier intento
de emoción erosionada,

porque sin permiso
me beberé vuestros cafés
y me untaré de mermelada
con el tiento de unas ganas
que recuperaré
desde el abismo
de la mirada
de vuestros ojos
ya cerrados
para siempre.

segundo-milenioMaddie baila
al compás
de tu ludopatía
y ni el sonido
de monedas cayendo
puede esconder
la voz de Sia;
deberíais conoceros
intercambiar pasos
de baile
por máquinas
tragaperras
en plena retirada:
dance with me
insert coin
with me
me me me me…
mi café
sólo
y la danza volitiva
para las monedas
pequeñas
de antaño;
estoy seguro,
os tenéis
que conocer
en el pachinko
vulgar
de celestiales
gorgoritos infernales.