VIAJES AL FONDO DEL ALSA – PARTE XXXII (ALIMERKA’S CLAMS, RABBITS & RED BULL)

16 de mayo de 2015
¿A que nadie tiene un carrito de la compra tan auténtico como éste? Es de los típicos de señora mayor inglesa educada, afable, con pañoleta 20150520_132522colorida sobre su cabeza, de las que votan a los conservadores pero se disculpan muy amablemente ante gente extranjera del comportamiento de aquellos hooligans futboleros y sus tsunamis cerveciles, hoy convertidos en viajeros “magaluferos” en busca de la semana de borrachera continua regada con momentos álgidos de balconing, mamading o cualquier otra actividad sorprendente cuya terminación sea –ing (que no tiene porque ser “direct”). Pues eso, ahí que voy yo a la compra semanal con este carrito tan mono, al Alimerka, un sábado por la mañana. Me organizo tras previa consulta de la lista de la compra, siempre indispensable en mi caso, que no sucumbo yo nunca a ninguna estrategia de engaño por parte de ningún supermercado, por taimada que ésta pueda llegar a ser. La lista es la lista, y de ahí nunca me salgo ni un milímetro, ¡que conste!

Primera etapa, pescadería, cojo mi número, el 26. no está mal teniendo en cuenta que ahora van por el 23. Empezamos con un pie más que cojonudo.

  • ¡El 24!
  • Yo misma. A veeeer… ¿Cómo tienes hoy la almeja?
  • Pues ahí la ves, Trini, mucho más fresca que la tuya.
  • ¡Ay, la puta que te parió, ya empezamos! Y tú, ¿no le dices nada a esta desgraciada? – le comenta Trini al pescadero señalando en tono supuestamente jocoso a la pescadera que le acaba de hacer un chistaco tan de tiempos de películas de Mariano Ozores.
  • Ay, fía, a mí no me mires, que yo ya le dije a la muyer que paso de comer almeja hoy, que está el conejo de oferta en la carnicería.
  • ¡Hala, otro! ¡Menudo castrón estás tu hecho…! Anda, ponme medio de parrochina, que parece muy fresca.

Todas las señoras ríen con ganas mientras comentan las jugadas verbales más interesantes. Me acuerdo del cine de mi pueblo, de aquello de Pajares y Esteso con el “Detergente Pezón” porque la señora que les abría la puerta mostraba sus tetas en un “descuido” la mar de accidental; creo recordar que era en “Yo Hice a Roque III”. Miro ahora el pescado, los precios. Tengo que volver a sacar la lista porque no me acuerdo de qué pescado íbamos a cocinar. Dorada. Eso era.

Tras una segunda etapa llena de leche, yogures, conservas varias, galletas, pan, mayonesa, tomate frito y verduras y frutas de todo origen y/o condición, me dirijo al Tourmalet de la charcutería y al Angliru de la carnicería. Me apodero de ambos números para ir ganando tiempo, aunque sé a ciencia cierta que, como me ocurre casi siempre, me va a tocar pedir en los dos a la vez, con la complicación mental que ese hecho supone, al menos para mí. El 73 para la charcutería y el 58 para la carnicería.

Tercera etapa, vamos por el 56 de la carnicería, por tanto, me acerco con sigilo al mostrador a ver qué pinta tienen las pechugas de pollo.

  • ¡El 57!
  • Dame alas.
  • Eso allí al fondo, donde las bebidas, el Red Bull ese. – voz de la charcutera entrometiéndose en terreno de carnes que no son las suyas.

Silencio total. “Una señora seria, como dios manda, joder”, pienso yo al ver cómo la tensión va creciendo entre las dos contendientes en este duelo al más puro estilo O. K. Corral. El resto damos un paso atrás y miramos la escena ojipláticos y con las orejas a tono.

  • ¡Serás capulla! Vete preparándote que ahora me toca ahí… – Y se ríe ahora a carcajada limpia mientras la charcutera, que no parecía dar señas de nerviosismo en ningún momento, se contagia y suelta unas risas de esas que se podrían hasta enlatar para luego utilizarlas en cualquier comedia de situación como adobo altamente vulgar e innecesario.

Mi gozo en el pozo de lo infrahumano. Desconecto y me fijo tan sólo en esos números rojos sobre negro esperando con toda la paciencia de la Vía Láctea a que alguno de mis dos números sea por fin el elegido. Mi vista viaja lenta desde ese fascinante mundo del chosco de Tineo hacia el territorio inexpugnable de las manos de cerdo, pasando por todos esos lindos conejos despellejados, vacíos de casquería y estirados en un escorzo imposible de realizar en vida. Anda, efectivamente, están de oferta, a 6,95 el kilo…

  • ¡El 58! – grita el carnicero desde esa voz de barítono de los que fuman un paquete de Ducados al día.
  • ¡Yo, yo! Un kilo de pechuga de pollo, en filetes no demasiado finos. Nada más. – Y mi mirada lo dice bien claro: “¡cuidadito con tocar los cojones con vaciladas inesperadamente innecesarias, que paso de un salto al otro lado del mostrador y te reviento!” Listo. Doy un inesperado acelerón, de pie, toda la tensión muscular de mi cuerpo sobre los pedales… miro hacia atrás y lo dejo de rueda en un santiamén. Ahí te quedas, cara culo, que esta etapa es mía. (O no, joder, que el grueso del pelotón está en las cajas. Da igual, aprovecho la jugada y ya entreno para el Tour del sábado que viene. Me animo a mí mismo, ¡vamosss!, con la inestimable ayuda de ese “Hey Ya” que suena a buen volumen por todo el recinto. Elijo para mis adentros la versión de los Supersuckers, que viene muy a cuento… por lo del nombre del grupo, claro)

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VIAJES AL FONDO DEL ALSA – PARTE XLV (UNA MAÑANA EN LA ESTACIÓN DE AUTOBUSES DE PONFERRADA)

30 – 12 – 2017

Siempre me gusta llegar con un buen margen de tiempo a las estaciones de autobuses, tomar un café, leer algún periódico para cubrir mi ración de enfado del día, y eso mismo hice hoy… Aunque, ¡maldición!, periódicos ocupados, no queda alternativa: observemos qué acontece a nuestro alrededor (I want to see people and I want to see life)

Dos chicos y una chica de unos 20 años hablan de música mientras gestionan la ingesta de sus cocacolas. Comentan conciertos de Los Planetas, de Lori Meyers, de los Chemical Brothers; festivales que van del Primavera Sound al Summer Fest, hasta que llega el desliz, “los mejores en directo, sin duda, son Taburete”, comenta muy serio el chico. Las dos chicas lo corroboran con entusiasmo. El pasmo inicial me lleva a una conclusión espontánea: Tabarnia existe, gentes de bien, y Taburete compondrá su himno celestial con letra de Loreto Sesma en su línea “poética” de pop tardoadolescente, paja mental permanente.


Abandono sin remisión a este grupo y muevo mi periscopio en busca de nuevas sensaciones. Dos señores con el volumen a todo trapo, ya a vinos a las 11.40, se explican el uno al otro en perfecto espejo reflexivo por qué habría que legalizar la prostitución; “necesidad la va a haber siempre, y mujeres que quieran ser putas, también, pues, hala, contrato legal y a cotizar como todo dios”, sermonea el hombre de palillo plano en la comisura derecha de su boca. Me gustaría en ese momento preciso poseer poderes y convertir a ese hombre en puta de club de carretera, de los más sórdidos, y teletransportarlo allí sin billete de vuelta. Le dejo el palillo como recuerdo de su vida anterior.


Una señora habla por teléfono. Está algo afónica imagino que debido a los excesos de estos días. Discute con alguien de confianza. Que si era él, que si no era él. Que si cómo es él y en qué lugar la cortejó. “que no, Antonia, que no es ésa, que la confundes con la prima del de la granja de Carracedelo. No, no, es la otra hermana, la que está con el negro… Claro, boba, ésa… Pues no sé de por ahí abajo, de los que vienen en patera…” Y ya viajo a esa cena de Nochebuena, esa blanca Navidad para ese chico venido del África subsahariana, rodeado de cuñados, primos, suegro, tíos, etc. envuelto en una vorágine etílico-catalana, futbolera, ni de izquierdas ni de derechas, villancico va zambomba viene, hasta que: “… y va el tío y se levanta a recoger platos y largueros… Ya, ya, alucinante, y la Pepi no le decía nada, allí, tan ricamente, con el culo pegao a la silla… Sí, sí. Menos mal que se arremangó mamá y le dijo que de eso nada, que habiendo allí tantas mujeres que qué pintaba un hombre recogiendo…” La fiesta, para quién se la trabaja, pensé ipso facto. Al pobre chico no le quedaban salidas posibles, y sin comodines que gastar, ya lo vislumbraba yo puro en boca, copa de coñac en la mano aguantando con estoicismo Jedi el resto de horas de aquella velada.

– Papi, ya es casi la hora, vamos hasta el andén.

Y con este crudo despertar al que me somete repentinamente mi hijo pequeño, dejo las vicisitudes ajenas para centrarme en las mías propias. Este café y este tiempo ha huido volando en nivel supersónico… casi, casi como el año 2017, que ni nos hemos enterado, oiga. menos mal que, según ese ser que preside (desgraciadamente) este país, nos vamos hacia el año 2016. Igual ganamos alguna medalla más en las Olimpiadas de Río y todo.

GODLESS DIOS

y entonces se acercó a él

y le contó al oído

que una vez hubo un dios

que se bebió de un trago

toda el agua

de los orígenes

para luego escupir

con desgana

millones de mares

que al instante configuraron

esta aproximación al universo;

bty

como él no creía

en dioses ajenos,

cerró sus pulmones

y cabalgó solo y aturdido

buscando refugio humano

en el siguiente poblado. 

SOIL – PHOTOS BY MALIN ELLISDOTTER, POEM BY JOSE YEBRA

November 2, 5 and 10 2017 – 3 images in this slideshow (requires JavaScript). Yesterday I received another poem from my friend José Yebra. Hope you’ll enjoy the reading; I don’t want to feel the soil inside my nostrils anymore. I don’t need your spontaneous violence against everything which bothers your easy way of living. […]

a través de Soil — MALIN E H PHOTOGRAPHY

SUPREMACISTA BLANCO (AN EUPHEMISM)

el ser supremacista blanco

ni siquiera sabe

que no es blanco:

cree en la ignorante entelequia

de su agreste superioridad,

que hay personas

que deberían besar sus pies,

limpiar sus mocos,

oler su mierda;

el ser supremacista blanco

ni siquiera sabe

que todo es mentira:

cree que debería haber esclavos

sin pararse siquiera a “pensar”

que los esclavos

ya están entre nosotros,

que fabrican nuestros ropajes,

limpian nuestra mierda,

viven sin saber

que otras vidas

serían incluso posibles;

el ser supremacista blanco

es nazi,

odia y no ama,

se ve guapo

cada vez que se encuentra

ante un espejo,

porque cree que es blanco

aunque coma basura a diario,

de todos los colores y texturas,

aunque pese 200 kilogramos…

o más;

el ser supremacista blanco

se limpia la mierda de su culo

con papel higiénico

sin saber aún

que la verdadera mierda

sale por su boca,

viaja por su cerebro

tan estreñido como aneuronal

(porque está demostrado:

entre nosotros hay seres vivos

sin neurona que los defina);

el ser supremacista blanco

es, obviamente, racista

porque antes que él

otros antiguos crearon razas

que consideraron por debajo

de la suya propia

para así justificar

el origen mismo

de tanto kilolitro

de bilis apestosa:

que os jodan,

que sólo sois basura

orgánica

(con perdón eterno

para la misma)

AGAINST THE WALL (IMAGE BY MALIN ELLISDOTTER & POEM BY JOSE YEBRA)

October 30 2017 – Yesterday I received a poem from my friend José Yebra. Hope you’ll enjoy the reading; (We/They) were all pressed against the wall, no souls implied, no illusions imprisoned: lives stoned to live bloodless among corrupted forces: evil human nature who wants to put an end to thousands of years of suffering, to […]

a través de Against the wall — MALIN ELLISDOTTER H PHOTOGRAPHY

1987 – OPERACIÓN PRIMAVERA

Éste es mi relato para el recopilatorio “O. Anatomías del Antiguo”. Una batallita con tistes muy autobiográficos

Si no recuerdo mal, lo llamaron Operación Primavera – sería porque tuvo lugar en la primavera de 1987. Por aquel entonces, Poch, el chico más pálido de la playa del Gros y líder de los míticos Derribos Arias, pinchaba muy buena música en el Factory y además, íbamos a escuchar buena música al Cecchini y al Channel; compartíamos jarras de cerveza (e imagino que por añadidura montones de babas ajenas) entre unos cuantos. De vez en cuando también estudiábamos, pero, no lo voy a negar, salíamos casi todas las noches con mucha más imaginación que pasta, la verdad.

Llegué a Oviedo desde Cacabelos en octubre de 1986, dispuesto a ser un filólogo especializado en la lengua inglesa. Para un chico de pueblo como yo, llegar a una ciudad como la capital de Asturias supuso un salto vital con pértiga de dimensiones considerables, a nivel de libertad personal, de puro y duro aprendizaje con todo tipo de condimentos y sin deconstrucción alguna. Primer curso como habitante el Colegio Mayor San Gregorio. Allí, por suerte, encuentro gente tan sanamente descerebrada como yo. Tras varias noches en vela plenas de música, risas, tabaco y demás materiales, huyendo en perfecto y armónico grupo salvaje de las novatadas, decidimos crear de la nada más espesa un grupo punk, ‘Bicho, Evan & The Garban Zin Band’ (Evan era yo, que me había caído ese apodo una noche de ciego total en la que, al parecer, hablaba exactamente igual que el boxeador aquél que respondía por Alfredo Evangelista). Letras guarras y comprometidas (luego por las noches, poluciones nocturnas; me hago muchas pajas y me bebo la lefa mía”, ése era el nivel). Dos conciertos, dos. Uno en la fiesta del Colegio Mayor, y un segundo, pura y devastadora improvisación, en la mencionada sala Factory de Oviedo.

Actuaban aquel jueves de abril “Los Hermanos Pinza”, un grupo rollo punk cabaretero que tenía Poch, con signos ya harto evidentes de la enfermedad crónica que acabó prematuramente con sus branquias fuera del agua, el corea de huntington. Como teloneros de los Pinza, estaban los Hipohuracanados, una banda tan numerosa como divertidamente anárquica y salvaje. Fuimos a ver los cinco del grupo etílico-punk aquel bolo de jueves. Esperamos y esperamos sin casi dinero ya, sin cerveza, la garganta seca, pero no empezaba. Se nos acerca Rubén, el de los Hipohuracanados, y nos dice ya muy alterado, oye, ¿queréis tocar conmigo, que los del grupo me han dejado totalmente colgao, los muy hijosdelagranputa?” Sin dudarlo ni un segundo, y sin mirarnos siquiera, respondemos al unísono, Sí, claro, tío.” Y allí me vi yo con el Bicho, aporreando con unas baquetas medio rotas unos cubos de la basura de los más grandes que os podáis imaginar. Cada poco le propinábamos una patada a uno de aquellos contenedores verdes y tenía yo que bajar del escenario de un salto a recogerlo a oscuras entre el público asistente que, oh sorpresa, era numeroso y nos aplaudía, ¡nos vitoreaba y todo! Me acuerdo de cantar todos juntos eso de un día cualquiera, comeré lentejas”, cutre alusión al temazo de Parálisis Permanente, “Un Día en Texas”. Grabamos una cinta que se perdió sin remisión en algún confín raruno de alguna maleta (al menos, mi copia, que sé que alguno de los otros tiene alguna cinta a buen recaudo por tierras chilenas). Hicimos, además, un corto en Super 8 dirigido por Andrés “el de Avilés” (que no se llamaba Andrés, pero como había rima consonante, pues eso, carajo, manteniendo el nivel) que se titulaba “¡Qué Pasa, Monstruo?”, una clara alusión a Enrique López, el Figuras, que de aquella andaba por allí preparando las oposiciones a juez, que siempre nos saludaba con aquella coletilla caspa-lux de precursor visionario del cuñadismo más activo cada vez que nos cruzábamos con él por algún pasillo tan interminable como aquellos del hotel Overlook, y que, hace no demasiado tiempo en una mañana madrileña no muy lejana fue pillado in fraganti en su moto guay dando una tasa de alcohol muy superior a la permitida (lo sé porque lo vi en las noticias); ay, el superjuez, ¿dónde está ahora el Consejo General del Poder Judicial, monstruo? Puro rock y puro roll, como podréis observar…

Pero, ¿y qué pasa con la dichosa Operación Primavera?, os preguntaréis intrigados. Allá va, que no sólo de anécdotas cebolleta vive el ser humano, sea éste punki o no. (Se me fue la pinza con los Hermanos… )

Salía una noche (otra más de aquellas eternas) del Cechinni con Aníbal, un punki de Colindres que contaba los chistes más surrealistas que os podáis imaginar, cuando, de repente miro al suelo y veo algo que se asemeja a una serie de papeles enrollados y sujetos con la típica goma de toda la vida de dios. Me agacho, lo recojo y “¡Hostias, Aníbal, que esto es pasta, mogollón de pasta!”; “¡pero qué dices, tío? A ver, déjame ver… ¡Joder, sí! Guárdala rápido, que anda la pasma por la calle Mon de redada, ¿no los ves?” Y eso hice. Cuarenta y cinco mil pelas del ala que nos “agenciamos” por obra y gracia de la Operación Primavera. Imagino que se le caerían a algún camello apurado ante la cercana presencia de un más que inminente cacheo. A gastar y beber cerveza de la buena.

Regresando a casa por etapas, nos sentamos un rato en la plaza del Fontán. Aníbal rebusca por sus bolsillos y encuentra una última china. Me pide un cigarrillo rubio ya que él no fuma tabaco. Se lía con su pasmosa habilidad el último porro de esa noche de primavera. Lo mira con satisfacción y se dispone a encenderlo con su mechero Bic.

– ¡Quietos paraos! – una voz bastante afectada por los supuestos excesos de una noche de sábado nos grita.

– ¡Eh, pero qué pasa? – responde Aníbal.

– ¡Policía! ¡Deme eso!

– ¡Eso, qué? Identifíquese primero.

Y con las mismas, bajo una extrema dificultad en los movimientos corporales, el señor consigue sacar una placa que lo identifica como policía secreta. No salimos de nuestro asombro. Ni siquiera nos registra, tan sólo nos pide el porro, fuego, y se va caminando en un continuo zigzag, muy despacio, y exhalando humo aromático por su boca y fosas nasales. “Ta cojonudo, joder”, le escuchamos decir antes de mirarnos el uno al otro con esos ojos que pasan de un colocón de los divertidos a un asombro alucinante. Comenzamos a reírnos con unas ganas que no van a parar en la siguiente media hora. Nos vamos a desayunar, que todavía queda mucha pasta de aquellas cuarenta y cinco mil pelas que nos encontramos al lado del Cecchinni. La Operación Primavera también requiere su parte de alimento, que no sólo de hachís va a vivir el estudiante universitario.

Entrevista a Jose Yebra

Una estupenda entrevista que me hizo mi amigo y compañero escritor, Antonio Caro Escobar. Mil gracias, camarada de versos.

Velehay

Hoy nos trasladamos de nuevo a tierras Asturianas. Donde hace poco estuvimos con otro de nuestros Blogger.

Para entrevistar a un grande (en todos los sentidos) de la poesía.

Jajajajajaja. Ahí le has dao, aunque más grande en un sentido que en el otro, sin duda.

Me refiero a José Yebra, profesor de profesión, poeta y Blogger por afición, quizás a algunos este nombre no les suene, pero si decimos Bercianlangrán o el nombre de su blog “Viajes al Fondo del Alsa”.

Estoy convencido de que os suena más.

Hola José gracias por aceptar a someterte a mi pequeño interrogatorio.

  • Algún lector que otro, sentirá la curiosidad de saber de donde viene tu nick. ¿Porqué Bercianlangrán?
  • Muy buenas tardes desde Oviedo. A ver, es un alias que utilizaba mezclando dos palabras, “berciano” (soy de Cacabelos, el Bierzo es mi tierra) y “langrán”, que en gallego quiere decir “vago”, que no…

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INDALECIO, EL CONDUCTOR DE ALSA Y EL POETA PATÉTICO: LA NUEVA POESÍA

– No sé, Indalecio, yo no lo veo nada claro.

– Pero si tú les das mil millones de vueltes a esos manguanes que dicen que son poetas.

– Joder, ye que ye acojonante todo lo que venden, esa cantidad de seguidores, de seguidoras talibanes que hasta “matarían” por defendelos… Asusta que la poesía se haya convertido en eso…

Otro culín de sidra, marca Peñón, que es la que el camarero les recomendó nada más entrar a esta nueva versión de la legendaria sidrería El Ferroviario de la calle Gascona, ese Bulevar de la sidra siempre tan poblado de turistas como querido por la gente local. Indalecio y su amigo, el Poeta Patético, se reúnen tras unos meses sin verse, unos tiempos tan aciagos de compañía mutua como llenos de mensajes, fotos, GIFs y vídeos compartidos por whatsapp, las típicas chorradas de las nuevas formas de comunicación entre humanos, vamos.

– De la que abrí el Instagram, que me lo aconsejó una amiga, Luci, ya sabes, la del molino, la del pueblo… si, ho, no me jodas, que te la presenté hace ya un par de años… pues eso, lo normal, que me llegan peticiones pa seguime, y de aquella me fijé en un chaval que tenía una cuenta, algo de el verso en un cuerpo o no sé que leches, y yo leía aquello de aquel guaje con faltes de ortografía, una semántica de arrastre y sintaxis casi de los chinos, y me sacaba una sonrisa, por lo pardillo de aquellos amagos de poemas, frases y tal. Pero el muchacho, tras darle un par de likes a mis pijaes, va y deja de seguirme así, de repente. Le mando un mensaje: “oye, que me has dejado de seguir”; me responde, “vaya, ha sido sin querer” y vuelve a facer click… dos días más hasta que vuelve a dejar de hacerlo. Entós voy yo y me pongo a ver ya más detenidamente de qué va su cuenta. Cada vez va siguiendo a menos gente y, por el contrario, a él lo siguen ya miles. Yo dejo de seguirlo también, que uno tiene su dignidad, joder. El guaje, que ye listu como’l rayu, se crea cuentes paraleles y fai como si fuera otru pa darse ánimo y defender a capa y espada toes les babayaes que escribe, ¡hasta una cuenta de clubs de fans, oíste!… Ahora anda escribiendo sus chorraes con imágenes erótico-festivas, que ye muy guay eso y da muchas seguidoras con ansias de romanticismo del más chungueras… “Es muy fácil”, me explicó Luci, éstos empiezan a seguir a gente a saco y luego se van, dejan de seguirlos al poco y así van acumulando y acumulando mogollón de follogüers; eso y que también existe la posibilidad de comprar paquetes de 5000 seguidores o más. Acaban con miles de seguidores, la mayoría son cuentas fantasma, porque no cuela tener tropecientos mil followers y un número de likes nada acorde con esa cantidad. En fin. Luego me da por ir investigando este fenómeno paranormal que responde por “nueva poesía”, y entro en cuentas por ahí a leer, a sufrir como un castrón con kilos y más kilos de mierda pastelera. Cada vez que les comento algo en sus cuentas, ironía y sarcasmo a tope, van y me bloquean… Ése ye el su nivel de autocrítica, o igual ye que saben que son una mierda tan, tan descomunal que yos da vergüenza debatir algo en serio, desde la literatura y no desde eses babayaes que apelan al tan manido amor romántico para carpetas de adolescentes que aún van al instituto. Puro chicle de fresa demasiado azucarado para ser real… Mira, el otru día en la librería Cervantes taba yo buscando algo de poesía que llevarme a los ojos cuando aparece una guaja a protestar, que había pillao del estante de la editorial Frida un par de libros, 1775 Calles, del Defreds ése que tanto vende, y La Rueda, de Alberto Claver, y decía que qué narices era aquel libro de La Rueda, que menuda mierda… y cambiólu por otru. Lógicamente, me compré el de Alberto Claver, que ye muy bueno, no parece de Frida, ni de coña. Imagino que, con lo que ganan con todos esos babayos del amor, luego decidirán publicar a gente buena como Alberto. No sé, Indalecio, creo que voy a dedicarles algo.

– Un día me contaste algo sobre crear una especie de Poeta Patético “influencer”, ¿cómo va eso?

– Ahí voy, camarada. Tengo esto, a ver qué te parece:

EL POETA PATÉTICO “INFLUENCER”

el paro,
la nevera vacía,
una oferta de trabajo,
“buenos dias”
“buenos sean;
serás capaz de escribir
frases de vida,
de esas de influencers,
épicas, míticas,
bonitas?”
“eh!? pero qué hostias…!?
el anuncio decía:
se necesita poeta”
“así es:
posters, postales,
tazas, camisetas…
son tiempos de coaching,
de motivar…”

el poeta Patético necesita trabajo
y se convierte
en poeta “influencer”

“es fácil, busca un nombre
tipo defreds”
“pues deweeds”

(me gusta fumar)
“eeeehhh… puede valer,
por qué no!?
y a crear frases hermosas
(qué más da el compromiso,
verdad? jejejeje)

ya en casa:

1) escribí te quiero
en cada poro de tu cuerpo,
no dormí en toda la noche
y ahora me muero de sueño

2) compré un billete sólo de ida
para el país de tus sábanas

3) con mis dedos recorrí
los límites de tu figura,
no me pude dormir
porque se me puso muy dura

no, no, no, joder,
que se me va la pinza otra vez;
céntrate!

3) bis
con mis versos recorrí
los límites de tu cuerpo,
y ahora soy yo quien esculpe
en tu vida los ‘te quiero’

pues está, enviar…
una cerveza
y ahora sí,
me pongo ya a escribir.

– Jajajajajajajaja. Pues mola, ye dinámico y divertido, y para los recitales, que ni pintau.

Una semana más tarde:

– Joder, por tu culpa estuve mirando por Internet poetas de esos chungos que me comentaste. Vergüenza ajena para repartir entre ejércitos. A estes altures ya nun sé si leen lo que escriben… Imagino que no, que si lo hicieran…

– Nah, lo mejor ye dejarlos. Que la gente escriba lo que le dé la puta gana, no merece la pena ni cabrearse ni nada. Ye como con la música, que hay gente buenísima y luego ves las listas de los más vendidos y ahí está el “Despacito” de los cojones, el fíu del Julio Iglesias, inamovibles. Pues eso ye extrapolable a la música, al cine, a la tele… No hay porque hacerse mala sangre. Cada cual a lo suyo, Indalecio.

– Pero, ¿vas a seguir con el Poeta Patético “influencer”?

– No lo sé, alguna frase escribiré, a modo de crítica irónica, pero a mí me gusta escribir, y no me sale eso… a no ser que sea, claro, desde el cachondeo y la ironía; ahí sí que puede salir algo. Tengo unes frases, a ver qué te parecen. Atento… ¡Que me escuches, hostia, conductor de alsa del pijo!

– Joder, que taba mirando el tenis en la tele, ho… Venga, tira.

1)

Cada vez que leo una frase de vida,

tiro luego de la cadena,

paso la escobilla.

2)

Las chicas lánguidas que ilustran

esos libros de poesía nueva y joven

no eructan, no se sacan mocos verdes,

no se tiran pedos de colores.

3)

Él te regaló rosas y un “poema”;

tú necesitabas perejil y un enema.

4)

Escribí un verso en tu cuerpo

con rotulador permanente,

aquella tarde en la playa

te miraba toda la gente.

5)

Aunque tú eras del Sporting

y yo del Oviedo,

en el Carmín de la Pola

yo te dije “te quiero”

6)

Cada vez que alguien escribe “mi chica”

un tiburón tigre se traga un tetra-brick

de leche desnatada… ya vacío.

7)

Para demostrarte mi amor

te envié un GIF de Chiquito de la Calzada.

Al día siguiente, ya enamorada,

comenzaste a leer a Schopenhauer

con extasiado fervor.

8)

Al querer abrir aquella lata de atún

al natural,

me quedé con la anilla en la mano…

hasta que apareciste tú,

y tu sonrisa fue

el mejor abrelatas.

9)

Su vocabulario era tan, tan rico,

que yo repetía en su boca

cada palabra que desconocía.

10)

De tanto navegar en tu recuerdo,

acabé ahogado en el mar de tu memoria.

– ¿Qué, cómo lo ves?

– ¡Pero como que “out”! ¡Tres cojones, hostias, que dio en el mediu de toda la raya, joder!… ¿Qué decías? Ah, les frases… Tú tira, que todo eso cuela fijo. Vas a ser “influencer”, castrón.

– Ya, fijo… pero “influencer” derivado de “influenza”, que voy a ser la puta gripe y sus epidemias, jajajajajajajaja…

BARCELONA: DOS POEMAS

1

de espaldas
a otra babilonia
que puede gustarnos
o no,
la podemos aborrecer
o simplemente adorar
en su creciente mundo
de babel
anverso
y reverso
de monedas
que no compran
más alimento
que el abstracto
acopio
de realidad universal
en la mera circulación
de sus calles:
otra persona te saluda,
te pide algo
casi sin saber
a qué lengua recurrir;
y los vasos de macedonia
rebosantes y baratos
ante ojos que rezuman
grasa y basura
por venas y arterias
demasiado estrechas
para intelectos
antiguamente activos;

(en la cola
para subir
a la montaña rusa
mi hijo me pregunta
si la inventó un ruso,
y yo le contesto
sin contestar apenas
que lo mismo
que la ensaladilla)

 

2

la siembra
del odio
provoca / trae consigo
más muerte;
(ser humano:
parece bueno
por fuera)
florece gente fanática
con muertes que perder
vida que gastar__________ propia
ajena____________

de quién hablamos?
londres parís bruselas
BARCELONA
siria irak yemen
“dadnos más semlla de ira
para que acabemos
con vuestra tranquilidad”

y en el suelo
personas inocentes
mientras el humo
que sale de vuestros puros_______
misiles:
nubla un poco
la vista perfecta
de esos mapas
que tanto os gusta
dominar

cuál es la proteína
de vuestro / nuestro odio?

acelerando
cabrones
no lo vais a lograr:
el fanatismo crece
al ritmo frenético
de la avaricia
del poder:

y ya estuvo bien!

(y regreso a aquel día:
muchos brigadistas
llegados de muchas tierras
lejanas
caminan despreocupados
por las ramblas
de barcelona
en un viaje
suponían
al infinito:
todo
decían
iba a cambiar…)

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CINTALABREA

CINTALABREA

Aquella tarde de finales de abril llegué a casa con la espalda muy dolorida, demasiado enrojecida y casi a punto de sangrar. Aún así, me senté a la mesa a cenar como si tal cosa, con una gran sonrisa y, para ser justos, he de reconocer que el simple hecho de poder escuchar una vez más las historias de mi abuela Luisa, sus chistes, ya servía para mitigar el dolor sin casi tener que disimularlo.

Antes de irme a dormir, tras haber visto un nuevo episodio de Curro Jiménez, me encerré sigiloso en el baño y como buenamente pude me apliqué algo de alcohol en la espalda. El dolor era casi insoportable, pero no podía ni emitir un leve quejido no fuera a ser que me escucharan y se enteraran del estado tan lamentable en el que se encontraba mi maltrecha espalda.

UNAS HORAS ANTES

– Venga, somos nueve. ¿Alguien tiene un cinto? – preguntó Juan Carlos.

– Yo, yo tengo uno, pero si me lo quito se me caerán los pantalones – respondí yo demasiado convencido, muy poco previsor.

– Joder, pues vamos por un trozo de cuerda ahí donde el Pispís y te la atas – dijo presto Miguel justo antes de enfilar los nueve en dirección a la Plaza del Generalísimo (poco antes de ser ya Mayor y eliminar la ignominiosa presencia del dictador) para comprar un metro de cuerda de pita por una peseta (cuatro cicles Cheiw menos).

CINTALABREA

En el juego en sí hay tres partes implicadas:

a) la madre o persona que manda por completo en el juego y da las órdenes según su conveniencia y a su libre y subjetivo albedrío, claro está.

b) quien se las queda: como en todo juego de persecuciones, la persona que debe correr todo lo que pueda para intentar atrapar a todas las demás, en este caso con una novedad: porta un cinturón en su mano a modo de látigo con el que debe golpear al resto; es la manera tan particular de “pillar” de este juego.

c) Los que huyen del posible “castigo” a base de cinturonazos de un calibre tan berciano como salvaje.

– A ver, yo soy la madre; Peidán se las queda y los demás ¡a correr! ¿se vale? – Gabino, con su siempre particular sentido del liderazgo ya lo había organizado todo.

Todavía me encontraba yo luchando, torpeza apremia, por atarme bien la cuerda para no quedarme en calzoncillos cuando la madre gritó, “¡CINTALABREA!”, y todos echaron a correr ipso facto. Todos menos yo, que aún tardé otros dos o tres segundos en anudarme aquella cuerda nueva tan recia, justo lo que le llevó a Peidán llegar a mi altura y empezar a asestarme cintazos en toda la espalda – por lo menos, José Manuel, apodado Peidán como su padre, su abuelo, su bisabuelo y aún más arriba, era de los considerados “buenos”, de los que arreaban agarrando el cinturón por la hebilla y no al revés. Al comenzar yo a correr como un poseso con seis o siete buenos latigazos ya a mis espaldas, Gabino, la madre, chilló desde su lugar (no debe la madre moverse nunca de la posición inicial que ocupa en el juego), “¡OREJA, OREJA!” Había llegado la mía: me di la vuelta y ahora era yo quien perseguía al Peidán. En cuatro o cinco zancadas ya estaba a su altura; salté, lo agarré y cogí su oreja derecha muy fuerte con los dedos de mi mano también derecha. Con todo el dolor que sentía en mi espalda, la venganza invadió mi instinto y los tirones que propiné a su apéndice auditivo fueron tales que, asustado, Gabino, la madre, comenzó a gritar como un loco, “¡PARA, PARA, YEBRA, QUE SE LA ARRANCAS!” No obedecí. No estaba yo para obediencias y misericordias de carácter leve.

¡CINTALABREA!” Joder, ¡no! Tornas cambiadas otra vez. Me giro para escapar a toda prisa con tan mala pata que tropiezo con un adoquín de aquellos que antaño sobresalían casi en cada acera. Mínimo, mínimo, diez latigazos más… hasta que llegó a nuestra posición el resto de la pandilla y, aunque la madre ya había proclamado bien alto “¡OREJA PA CASA!” (los perseguidos llevan al perseguidor asido de la oreja ante la presencia del dios del juego de cintalabrea, la madre y ya es el final del juego), José Manuel, Peidán. Continuaba asestándome un cinturonazo tras otro como venganza a la afrenta hecha con anterioridad a su oreja diestra, que sangraba y sangraba sin parar. Entre Manolo y Robertín consiguieron a duras penas placarlo y, muy enfadados, decirle que lo dejase ya, que ya estaba bien.

– ¡Qué cojones haces, hostia!

– ¡Cagondiós, mira mi oreja, MÍRALA, que este cabrón casi me la arranca!

Y con las mismas nos pasamos José Manuel el Peidán y yo casi siete años sin dirigirnos la palabra.

En una verbena de las fiestas de Villadepalos, en estado ebrio y demás, el Peidán derramó un vaso casi lleno de cuba libre sobre la espalda (sí, otra vez “la espalda·) de un chico de Cuatrovientos, un jevi con pinta chungo miembro de una pandilla con aspecto global aún más chungo. En cuanto empezaron a darle de hostias, allí aparecimos los de Cacabelos al instante a defender al Peidán, uno de los nuestros. Como suele suceder en estas ocasiones, la noche acabó con una borrachera de órdago entre amigos, los de siempre y los nuevos, porque, a pesar de la bronca inicial con los de Cuatrovientos, terminamos mezclados con ellos proclamándonos entre cervezas y cubatas amor fraternal eterno mientras cantábamos (y destrozábamos) canciones de Barón Rojo a volumen brutal, como no podía ser de otra manera.

Desde una esquina de la barra del bar de la verbena, el Peidán me mira, se ríe y me grita cerveza en alto, “¡CINTALABREA, YEBRA, CINTALABREA!”, y a mí me da la risa y voy a su encuentro para darle el más sincero de los abrazos y decirle ya con la lengua muy trabada directamente en su oreja derecha, “¡OREJA PA CASA, PEIDÁN, OREJA PA CASA!”