VIAJES AL FONDO DEL ALSA – LAS MICROAVENTURAS DE INDALECIO, EL CONDUCTOR, PARTE IV: BACK TO ONÁN

Sala de Juegos

Como hombre fiero de costumbres recias, Indalecio bajaba siempre que podía al garaje cuando el resto de la casa ya dormía. Una vez allí, se metía sigiloso en su coche, un Seat Ibiza, reclinaba lo necesario el asiento y ponía su canción, “The Promise You Made”, de Cock Robin, un grupo californiano de mediados de los 80 que sólo triunfó (relativamente) en Europa. Allí estaba inmerso su primer pensamiento onanista allá por 1985, Anna LaCazio, vocalista femenina del grupo. En Tocata había visto el vídeo-clip, y con las mismas se había enamorado febrilmente de esa chica que comenzaba a dar saltitos descalza a partir del minuto 1.19. Esas miradas de Anna eran para él, no para Peter Kingsberry; ese “pleeease teeeell me!!” era el gran conseguidor de polla en su máximo esplendor. Esos casi cuatro minutos de canción, el tiempo justo para una paja exprés. Y así había sido desde hace ya casi treinta años, algo más que una promesa hecha a los 15 años. Hoy no iba a ser menos, “un minuto y treinta y seis segundos, ¡ahí vamos! ‘If I gave you my soul for a piece of your mind…’ Hostias, no, que se me cuela Doña Visi (era su profesora de inglés en 1º de BUP, la que les explicó la segunda condicional casi a final de curso, aunque Indalecio ya se la sabía gracias a Anna)… ¡Mierda, apura, apura, joder! Ya, ya va… ‘help me out of the life I lead…!’ Vamos, vamos, ¡vamooooooos, Annaaaaa! Ufff, siempre a tiempo… Mierda… ¡Mierda puta, joder! ¿Dónde coño están los kleenex, hostia?”