SENTIR

SENTIR

Siento que no siento nada,

o tal vez sienta que siento demasiado.

Mientras siento mis errores pasados,

siento vacío,

me siendo cansado.

Qué es lo que siento; me pregunto

mientras siento no sentir nada,

o sentir demasiado.

Siento no saber lo que siento,

siento miedo de volver a sentir lo sentido

y esperanza de volver a sentir sin después sentirlo.

Me siento frustrado,

tal vez cansado,

de sentir sin sentido

un sentimiento pasado,

ya muerto,

ya agotado.

Sin embargo despierto,

recupero mi sentido,

amanezco con un sentimiento:

Jamás darme por vencido

Siente.

Lucha.

Read along, people

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LOS TOREROS – ADVENTURE IN CRYSTAL PALACE

Jueves, 19 de mayo de 2016

Esta mañana estaba hablando con esta gente estudiante del 1º del bachillerato de humanidades sobre los símbolos que representan a cada cultura, país, pueblo, etc. De hecho, para casa tienen que elegir el símbolo que según cada cual representa a España (o a Asturias, que también di esa alternativa). La unidad 8 del libro de texto, Trends, de la editorial Burlington, se titula Culture Shocks. Saltándome por encima cual valla de atletismo los ejercicios allí propuestos, se me ocurrió contarles mi aventura como camarero de un bar de tapas de Crystal Palace, en la zona 4 de Londres, Los Toreros.

Año 2001, nos vamos Nuria y yo a trabajar como profesores a Londres, para lo cual con anterioridad habíamos, supuestamente, hecho todas las gestiones de convalidación de títulos y demás papeleos con el fin de poder solicitar nuestro correspondiente número de QTS 20160704_025401-1(Qualified Teacher Status – número de profesor cualificado), una especie de DNI indispensable, obligatorio para poder ejercer la profesión docente en Gran Bretaña. Y ocurrió lo que suele ocurrir siempre, o casi siempre, con la maldita burocracia, que exaspera a la persona más paciente con su inoperante lentitud: venga entrevistas y más entrevistas para justificar aspectos que a nosotros nos pueden parecer obvios, pero a ellos no. Valga el ejemplo que nos dice que para explicar que en España, al casarse, la mujer no pierde sus apellidos familiares originales tuvimos que ir ¡cinco veces! a entrevistarnos con las funcionarias de la Seguridad Social, que no eran capaces de entender un hecho tan sencillo como aquél; por no hablar del impreso con redacción incluida que tuve que rellenar para justificar que yo no era un tal José González que había vivido en la Isla de Mann ocho años antes, y que, al parecer, había dejado deudas por doquier. En la vorágine de este proceso, que vino a durar unos dos meses, fue cuando encontré este lugar increíble llamado Los Toreros, un bar de tapas situado en Westow Road, Crystal Palace, justo enfrente del Safeway, el supermercado más cercano que teníamos en el barrio. Un jueves, volviendo de la compra muy cargados, nos fijamos en un cartel que habían pegado en la puerta de Los Toreros, “Spanish speaking staff required” (se necesita personal que hable español), y, sin dudarlo ni medio segundo, entramos allí a preguntar, y ahí empieza una aventura que ahora, desde esta atalaya que crece con el paso del tiempo, me hace toda la gracia que maldita era por aquel entonces.

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(A ver, que voy a conectar ahora mismo este traductor simultáneo… Ajá, ya. Click.)

  • Hola, buenas, preguntaba por ese cartel que tenéis ahí en la ventana, el que dice quese necesita personal que hable español.

  • ¡Eh? Yo no saba nada. Preguntar Tula, dueña. Ahí datrás, restaurante. – la que me responde, de muy mala gana, por cierto, es Katya, una rusa que ejerce como manager mandamás de la zona de restaurante. Los Toreros se dividía en dos partes bien diferenciadas: el bar, justo en la entrada, y el restaurante, en la parte trasera, con 25 mesas y una barra que comunicaba con el bar, y otra a la que llegaban los platos desde la cocina.

  • Hola, buenas tardes, ¿Tula?

  • Sí, soy yo. ¿Qué deseabas?

  • Es por lo del trabajo, soy español y…

  • Puedes empezar esta noche si tienes una camisa blanca y unos pantalones negros

  • Eeeh, sí, claro, sin problema. ¿A qué hora tengo que estar aquí?

  • A las seis en punto. Cenas primero y ya te explica luego Katya lo que tienes que hacer.

Y allí estaba yo, a las seis menos cinco, un antitaurino de pro a punto de empezar a trabajar como camarero en Los Toreros, ¡ja! Al menos tenían la decencia de no abusar de la decoración basada en ese rancio mundo del toro. Aquello era un batiburrillo de fotos, figuritas varias de flamencas y de guitarras, y, ¡cómo no!, de esos sombreros mexicanos que tanto les gusta a los británicos traerse de sus viajes “culturales” a Ibiza o a Magaluf. Hispanidad en apuros, un mundo kitsch, casi de saldo. Nada más llegar, Tula, la dueña, griega oriunda de Faloraki, me presenta al resto del personal: Katya, la rusa, con la que ya había tenido “el gusto”, que me seguía mirando con demasiado recelo, como si le fastidiara que yo pudiese hablar bien inglés; Dariusz, un chico polaco de 20 años que sólo sabía decir “yes”, “table” y “hello”; Mimi, la manager del bar, de Islas Mauricio; Renato, peruano que tampoco hablaba casi inglés, y los dos cocineros: Hamed y Mulayzein, marroquí y argelino respectivamente. Impresionante. Lo primero, antes de que comenzasen a llegar clientes, cenar: una hamburguesa bastante rica con ensalada y patatas asadas. Mientras comíamos nos dijo Tula que fuésemos echando un vistazo a la carta del menú (Dariusz y Renato también empezaban a trabajar aquella tarde. Pánico en las calles de Londres… will customers hang the waiter? )

No sería jamás capaz de describir en detalle lo que suponía cada jornada de trabajo en aquel bar de tapas. En el menú, por ejemplo, ofertaban fabada entre sus múltiples opciones de platos típicos españoles, y esa primera noche me toca servir una cazuela de fabada, a 12 libras, a una pareja de enamorados que celebraba la petición de matrimonio del muchacho aquel tan colorao a una rubia muy sajona de las de minifalda con piernas a la intemperie, estábamos en pleno invierno, y tacones blancos. Ella dijo sí muy ilusionada, y nada mejor para celebrar aquel anillo tan pomposo que una tapa de ¿fabada? Ejem, eran simples fabinas de las suyas, de esas “baked beans” de HP o de Heinz, con algún trozo de salchicha roja por allí flotando despistado. Me sentí mal sirviendo aquello, no lo voy a negar… pero, ay, todavía faltaba la tortilla de patata. La tristeza se apoderaba de mí a cada paso que daba con aquella ¿tortilla? en mi mano derecha. Yo la miraba y cerraba los ojos acto seguido, porque, aparte de lo ridículo de su tamaño, el color tan rojo no aventuraba nada decente. Y así era, le habían echado pimentón…

A eso de las diez de la noche nos manda Tula a Dariusz y a mí preparar una mesa para ¡26 comensales (minerales)! Una despedida de soltero. El puto horror. Dariusz que desaparece totalmente de la escena “lost in translation”, y yo, pues a apechugar con aquel grupo tan hambriento como salvaje. Al menos me dejaron buena propina, que fui capaz de comprender a dos que me pedían ya medio borrachos una copa de “ponxavayerou”, y tras la tercera escucha llegué yo triunfal con la botella de Ponche Caballero mientras en mi cabeza sonaba el famoso Carros de Fuego de Vangelis.

Antes de irnos aquella primera noche, aparecen dos MILFs muy emperifolladas, muy rubias, de mucho volumen al hablar. Venían a esperar a los cocineros, y con ellos se fueron abrazadas a disfrutar de una buena noche de juerga en Londres.

gogogochLos sábados venía Rhys, un galés muy simpático de Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch, Llanfair para los lugareños (aunque a mí me gusta más, me pone más, ese final apoteósico en “gogogoch”), a dar recitales de guitarra española, la cual había aprendido a tocar, como no podía ser de otra manera, en Tokio. Gran bebedor de cerveza y un fan acérrimo de Camarón y de Paco de Lucía. No lo hacía mal, pero aquélla era mi profana impresión, que yo funciono con la música por puro y duro oído.

Vi pasar muchos más camareros y camareras, cocineros, sólo aguantó Katya allí al pié del cañón torero esos casi dos meses que trabajé allí. Un viernes, ya con mi QTS, fui a decirle a Tula que se había acabado, que ya no más Toreros ni fabadas engañosas, que me iba a trabajar de profesor a Phoenix High School. “Y si eres profesor, ¿qué narices hacías trabajando aquí de camarero?”, fue su pregunta desde la más absoluta y lógica extrañeza: una griega con mentalidad anglosajona tras 29 años viviendo en el Reino Unido. “Ay, si tú supieras de qué pueden llegar a trabajar los licenciados españoles llegado el caso”, fue mi pensamiento último antes de cerrar la puerta y salir de Los Toreros para siempre.

– ¿Jose, vale la sidra como símbolo de Asturias?
– Ehh… Vaya si vale, ¡pues claro!

FARTURA GENÉTICA

Y te pintaba la luz de colorines

sin pretender otra cosa

                                              que quererte.

Mas

        era un sueño,

mordaz y sarcástico

de tus genes hallado,

                           nunca bienvenido.

En modo realidad,

no existen besos ni cariño;

nadie te dice “lo has hecho bien”

La norma,

                     lo opuesto.

Exigencias adultas

para mundos de juegos sin fin.

Tortazos,

                  palos de escoba,

     oscuro y frío sótano

             de ratas poblado.

Y te duermes,

y abres tus ojos 

                               en otra casa,

      más humilde,

tan falta de dinero

como rebosante de complicidad.

Me asusta,

                     porque yo no sé

cómo comportarme

                                        ante

actos desconocidos de amor.

Y si veo una mano acercarse,

giro instintivamente mi cara

para recibir sin reparo

una caricia que me cuenta

que todo está bien,

que mi viaje ha terminado,

que ahora ya siento el dolor,

y frunzo mi ceño

                                   sin contemplación alguna,

acumulando odio venidero,

que se irá disimulando 

con el transcurso de un tiempo

ambiguo 

                    y

                         mentiroso,

hasta el estallido final

de la basura acumulada,

sentimentalismo vano

                                              de telefilme

de un sábado tarde;

intangible,

                     aún siendo

taladro inútil de descendencia

humanamente inhumana.

Como punto y final, 

te vas directamente

a ese infierno

en el 

          que pareces

                                  creer.

Allí podrás quemar

todos esos billetes

que tanto adoras.

 

UNAS POCAS COSAS, QUE ALGUNAS SON

“We don´t get what we asked for, we get what we deserve” (No podemos conseguir lo que pedimos, obtenemos lo que merecemos) – From the Sleaford Mods’ “Under the Plastic and N.C.T” song

UNAS POCAS COSAS, QUE ALGUNAS SON

(poema mentiroso, aconsonante, pentafulgurante y en ritmillo Brey)

Todo,
todo es falso,
falso, falsete,
absolutamente falso,tumblr_lxt6wpuzgG1qahoe5o1_500
salvo alguna cosa,
cosa que es lo que han publicado,
publicado lo han,
los medios de comunicación…
Y voy a tomar,
tomar una decisión.
Cosas,
cosas se han producido,
algunas cosas que no,
que no,
que no nos gustan;
pocas cosas…
Incesante
goteo;
me meo…
Y
no es cierto,
no todo lo referido
a mí,
a mis compañeros…
No son,tumblr_m3tfl3Gtdw1qzaxefo1_400
no lo son
46 millones
de españoles,
en fila
de a uno.
La cosa.
Pocas cosas,
algunas,
nunca más…
It’s too difficult
todo esto.

Nevermore!!

(Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
No podrá liberarse. ¡Nunca más!)

Y ahora me poso sobre un busto de Palas y, muy en serio, os pregunto vuestros nombres.

“¿Quiénes sois?”

“So, goodbye.
Please stay with your own kind
And I’ll stay with mine.”

(Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
No podrá liberarse. ¡Nunca más!)