THE LAST GOODBYE

Por si a alguien le interesa, que lo dudo.

Dejo de escribir. Así, como suena, y no es broma. Todo este mundo no es más que una puta mierda, un cúmulo de hipocresía, angustia e incomprensión que no tiene un destino concreto. Sobre todo si a personas a las que quieres no les gusta lo que haces y piensan que todo es una especie de Desembarco del Rey, un nido de aduladores que te muestran admiración desde una superficie incierta, y que seguro que en el fondo piensan que lo que tú escribes ni siquiera es mínimamente bueno (eso, si se paran a leerlo, que también puede ser el caso a veces). Además, dentro del nivel de superficialidad que impera en toda esta vorágine, te llegan halagos fatuos desde muchos lugares, desde muchas gentes desconocidas que, en primer lugar dicen admirar tu manera de escribir y de contar las cosas y luego ya van al grano, a esas intenciones que derivan de las apetencias más humanas, que no digo que estén mal, faltaría más, pero sí afirmo que, aunque haya sucumbido en alguna ocasión, no me interesan lo más mínimo porque yo no quiero hacer daño a nadie, y menos a las personas a las que más quiero. Y vivimos una sola vida tratando de buscar el mayor nivel de felicidad posible, por eso no imagino una vida alejado de las personas que quiero, que también me quieren. Por tanto, y sin nada que me haga ya cambiar de opinión, dejo desde ahora de escribir, de utilizar las redes sociales (whatsapp incluido) y me dedicaré lo mejor que pueda a mi labor como docente (al menos hasta que me dejen) y a concentrar mis esfuerzos en las personas a las que amo y por las que daría mi vida sin un mínimo atisbo de duda: mi mujer y mis dos hijos. Tampocó volveré a escribir en este blog o a subir vídeos en ninguna plataforma al uso, es más, iré eliminando esos vídeos poco a poco, al menos los que tengan que ver con algo que yo haya escrito. Creo que voy a ganar en calidad de vida y en tiempo libre para poder leer más y más.

Seguid disfrutando de la literatura, de la poesía, que merece la pena, y lo digo en serio: merece mucho la pena sentir esa satisfacción de crear algo que crees bueno, relevante, que podrá incluso incidir de manera positiva en otros seres humanos y les hará reflexionar sobre el sentido de la vida, sobre la fragilidad del ser humano, sobre todo eso que nos tenemos creído como seres “superiores” de la creación cuando no somos más que una ínfima mota de polvo dentro de millones de motas de polvo a modo de infinitas muñecas rusas.

Aparco sin remisión todos los proyectos que tenía en marcha. No volveré a colaborar con nada que implique que tenga que escribir algo más. De hecho, acabo de destruir todas mis libretas con material inédito y todos los documentos que iba agrupando en carpetas (últimamente, y por extraño que suene) de manera ordenada y con cierta lógica literaria. No volveré a recitar, a asistir a timbas, presentaciones, recitales, ferias del libro o lo que sea que tenga que ver con todo eso. Por otra parte, ofrezco todo mi apoyo a la gente a la que realmente aprecio (y que sé que me aprecia) porque llegará el momento en el que mucha de esa gente conseguirá crear obras literarias increíbles desde una honestidad y una sinceridad más bien escasas hoy en día. Y me alegraré, claro que lo haré.

Hasta aquí he llegado. Si a alguien le ha servido para algo cualquiera de mis escritos, pues de verás que me alegro por ello, y a esa mayoría que seguro que piensa que lo que hago es una putísima mierda y que qué cojones me creo yo con tanta pretenciosidad, pues que les vaya muy bien también, que no soy rencoroso ni me creo absolutamente nada que nunca he sido (seguro que, además, tienen toda la razón en su apreciación.)

Nos vemos en algún bar, chigre, o de viaje por cualquier lugar que merezca la pena visitar. Mis verdaderas amistades tienen mi número de teléfono y podrán llamarme cuando quieran, o incluso mandarme uno de aquellos mensajes de texto ya antiguos que, imagino, las compañías de teléfono siguen cobrando u ofertando su gratuidad de cien en cien o número similar.

Al final, resulta que era verdad: “poetry sucks like deepthroat”

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LA EXHIBICIÓN DE LA ATROCIDAD — Tinta del alma

Colaboración con la revista poética Tinta del Alma. Seguidlas, que son poesía, de la de verdad.

En la absurda exhibición de esta enorme atrocidad no cabe un solo monstruo más no hay electricidad que conjure por aspersión abrigos de pieles sin piedad… 154 palabras más

a través de LA EXHIBICIÓN DE LA ATROCIDAD — Tinta del alma

LA VENGANZA DEL COMANDO ESDRÚJULO

  • Señora, hemos encontrado otro atentado terrorista perpetrado por el mismo sujeto. Es terriblemente reincidente.

  • No puede ser… ¡Se prodigan por encima de nuestras posibilidades! Y lo de éste ya va pidiendo una condena justa y necesaria…

  • Pensábamos que tras “derrepente” y “empezé” comenzaría a tener más cuidado, que trataría de corregirse, pero no…

  • Siempre ha sido así, agentes. Los hay con el genio y el talento dentro, y luego están… éstos… estos infames personajes que se creen escritores y atentan día tras día contra el esplendor de nuestra maravillosa lengua castellana. Y, para más cojones, los publican, si es que… En fin, actúen y pongan fin cuanto antes a este despropósito, que luego la gente lo lee y así nos va. De la imagen, mejor ni hablar. Más de lo mismo. Voy avisando también a Semántica, porque el contenido de los escritos es infrahumano con demasiada alevosía.

    Esdrújulas Bergasa 1

     

    La prueba del delito. El Comando Esdrújulo ya está habituado, lamentamos que tengan que leerlo ustedes

     

El Comando Esdrújulo, escuadrón independiente por la defensa de la palabra esdrújula en el contexto de la ortografía del castellano, en su incansable e incesante lucha contra el terrorismo ortográfico, prepara concienzudamente la estrategia a seguir. Lo mejor, según su criterio, será interceptar algún sueño del terrorista y dentro del mismo hacerle repetir hasta la saciedad las palabras pronunciadas sin la obligatoria tilde, sin darle ese énfasis tan necesario a la sílaba acentuada, convirtiéndolas en llanas: “escribiendole”, “llevandola”, “contandole”, “anecdotas”, que sufra en sus propias neuronas semejante afrenta, sin un ápice de compasión. Si esta acción no diese el resultado deseado, el Comando Esdrújulo, diligente como el que más, tiene un plan B, que no es otro que el de hacer que el peligroso terrorista ortográfico, enemigo acérrimo y sistemático de las tildes ortográficas en la antepenúltima sílaba, entre otros crímenes, viaje en el tiempo hasta aquel día en el que su maestra de tercero o cuarto de primaria explicó que la tilde es siempre obligatoria en toda palabra esdrújula, y que esa hora se convierta en su particular día de la marmota, atrapado en una clase de lengua, básica y necesaria, no ya para intentar ser escritor, sino para la vida misma y todos sus menesteres en lengua escrita.

Semánticos en Lucha, otro de los numerosos escuadrones en aras de la defensa lingüística, se ocupará a posteriori de analizar el contenido de semejantes palabras, él sujeto terrorista las llama poema (un auténtico delincuente sin escrúpulos), y actuará en consecuencia haciendo ver al muchacho que el acoso sistemático, que él denomina “amor”, a una persona no será nunca una opción válida en la vida, que luego lo leen los niños, las niñas, y creen que esas actitudes son normales en cualquier interacción entre humanos. La educación, lo primero, ¡hostias!

NI CON CERVANTES NI COLORANTES

ACCIÓN DIRECTA

LIMPIAREMOS, FIJAREMOS Y DAREMOS ESPLENDOR

AVANTI O POPOLOOOO, BANDIERA ESDRÚJULA!!

Bergasa conjugación 1

Una vez cumplida la misión, ambos planes, tanto el A como el B, el terrorista ortográfico comenzó su período de reinserción. La primera de las lecciones de repaso consistió en revisar las conjugaciones de los verbos del castellano.

Bergasa y Poetry Gruffalo

Ahora ya aparece entre los más vendidos en Poesía Infantil de Amazon, junto a su admirado César Poetry, que ha pergeñado una especie de engendro extraño en el que, dice, mezcla poesía y novela. El fin está cerca. ¡Luchemos!
(Y pobre “Gruffalo” ahí envuelto sin comerlo ni beberlo. ¿No os da pena? A mí sí, la verdad.)