A QUEER ONE FROM THE START

Abandoned waterfront

Era ésa su primera exposición importante tras haber ganado el prestigioso Premio Turner. Los carteles que habían preparado desde el Tate Modern para anunciarla no le gustaban demasiado, pero Louise se sentía feliz, con esa sensación de victoria sobre los elementos que navegaba plácidamente por su intestino delgado.

“¿Te crees mejor que los demás, eh?”, le espetó aquel día Ben Walker, el jefe de estudios que ejercía siempre como poli malo en Phoenix High School, como perro de presa acosador y abusón que saltaba como activado por un extraño resorte nada más oler sangre fresca de estudiante en apuros. “No, yo no soy mejor que nadie, tan sólo soy diferente”, le contestó Louise sin apartar sus ojos de la mirada vitriólica de los de Ben “Wanker”, un cambio de ‘l’ por ‘n’ ganado bien a pulso. Dos semanas expulsada del centro, por haber clavado uno de sus siempre bien afilados lápices en el antebrazo derecho de Mike Sutton, un bully demasiado arquetípico para ser real, tanto que años más tarde se dedicará a dar charlas por centros educativos de Londres y del condado de Kent sobre su experiencia como acosador escolar arrepentido, un exbully de pro que todavía sigue animando cada fin de semana a sus adorados Rangers del Queens Park. Que los chicos de su clase no dejaran de cantarle en tono burlón y cambiando la letra aquella canción de Human League, Louise, no le importaba en demasía, pero que hubiese el tal Mike destrozado todos sus trabajos para la clase de arte, no; eso ya no, no podía ser, y no era suficiente con el hecho de elevar una queja en jefatura, otra a la tutora, no, demasiada burocracia escolar tremendamente inútil; semejante afrenta requería una simple y diáfana acción directa: Mike está despistado, confiado, saco un lápiz de mi estuche y ¡zum! Se lo dejo clavado en el brazo antes de partirlo por la mitad y asestarle acto seguido un buen puñetazo en la mandíbula. Las lágrimas silenciosas caían al suelo una tras otra mientras Louise recogía del suelo los pedazos rotos de su busto en cerámica de Nico, la modelo alemana que tuvo el honor de ser reclutada por Warhol para cantar con la Velvet Underground. No hacía ni dos años que Louise la había visto actuar en el Preston Warehouse, tan puesta, tan colocada, todas las fiestas del mañana en una sola noche. Era 1982, seis años antes de caerse de la bicicleta en Ibiza, golpearse la cabeza e irse para siempre, Femme Fatale…

Los dibujos a carboncillo de Lou Reed y John Cale permanecían pegados a la pared del aula de dibujo, todos pintarrajeados; las caricaturas de Sterling Morrison y Mo Tucker, rotas en cientos de pedazos, como un confeti de lo más infame desparramados por el suelo. Louise lo recogió todo, con mucho cariño, con todo el amor que su pasión podía aún sublimar.

Años más tarde, cuando estaba trabajando como dependienta en el Debenham’s de la calle Oxford de Londres, no le quedó más remedio que atender a la esposa del imbécil aquel de Mike Sutton. Parecía maja, un poco barriobajera, de las de firme aspaviento y vocabulario soez entre dientes amarillos y chicle con demasiado azúcar. Mike hizo como que no la conocía, o puede que en realidad no la conociese, que Louise había cambiado muchísimo desde aquellos años aciagos de instituto. Y hoy, el día de la inauguración está ahí, entre el público, incluso se ha atrevido a enviar a Louise un leve saludo sonriente desde su posición entre aquella pequeña multitud. Eso la obligó a cambiar de estrategia. Ya no iba a dedicar tanto tiempo a leer aquel discurso tan monocorde y aburrido que había preparado junto a su manager. Era hora de actuar, tiempo de una de esas venganzas que tanto nos gustan cuando se nos presentan tan frías como de improviso.

“… En definitiva, todo lo que soy hoy en día, todo el reconocimiento por parte del público, de la crítica, de todo el mundo, se lo debo a una persona, un hombre que se encuentra hoy aquí… “, y Louise señala con el dedo índice de su mano derecha hacia la posición que ocupaba Mike Sutton, cabeza rapada como solución imposible a una alopecia que había dejado atrás lo incipiente, la misma cara y expresión de siempre. Todo el mundo clava su mirada en él, aplausos espontáneos y muy sonrientes… por poco tiempo. “Fueron cinco años de instituto, juntos, en el mismo grupo, casi las mismas asignaturas… Ufffff… aguantando sus comentarios despectivos hacia mí, hacia mi aspecto, mi aparente sexualidad ‘equivocada’; empujones, desprecios, todo tipo de insultos. ¡Muchas gracias por todo, Mike Sutton!” Silencio más allá del silencio. Dos personas despistadas comienzan a aplaudir y se paran al momento. Louise se aleja del micro, baja de esa tarima creada para el evento, y se dirige muy decidida hacia un petrificado Mike. Llega a su altura, le da un beso rápido, casi imperceptible, en sus labios; separa un poco su boca y luego le da un fuerte mordisco en su labio inferior. Mientras la sangre comienza a manar, le dice: “¿Qué se siente, Mike? ¿Qué se siente? ¿Lo sabes ahora? Y no, nunca he sido lesbiana, pero no sé si tú habrás sido o no un puto maricón en algún momento de tu vida. ¡Jódete! Espero que tu vida hasta este momento haya sido una puta desgracia tras otra… ¡Adiós, y no vuelvas a interponerme en mi camino, cerdo hijo de la gran puta!”

19 de noviembre de 1984, 12.35 pm, comedor de Phoenix High School, The Curve, Shepherd’s Bush, London, W12 0RQ

– Hey, you , Louise! Have you listened to the new Human League song? Hello, Louise, suck it to me? (¡Eh, tú, Louise! ¿Has escuchado la nueva canción de Human League? Hola, Louise, ¿me la chupas?) La letra de la canción decía “Remember me?” (¿Te acuerdas de mí?) en vez de “Suck it ro me?” (¿Me la chupas?)

Todas las expectativas, las esperanzas de una adolescencia masacrada por culpa de gente cuyo sadismo se convertía en pura basura, reflejo de una vida propia demasiado triste e inútil… Y ahora está aquí otro lunes, y te despiertas sabiendo que hay que ir al instituto…

SMILE, YOU WANKERS!

Haloween-outfit-feature

un automatismo

y otro más…

transcurridos dos segundos:

marasmo de engendros,

de gestos pérfidos

y sonrisas dentífricas

asomando con su luz

entre dientes cariacontecidos

por el helado frío

de una magia incontinente:

refugio de vagos,

maleantes y putas:

ventriloquistpiojos felices

del pelo social

del champú aniquilado:

que aseados nos quieren:

bienolientes,

mercrominantes,

ventiladictos 

entre corrientes 

de brisas rítmicas,

olímpicas

y atemperadas.

… DE LA VIDA XLV…

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Ay, los sueños, cómo son a veces…
En este caso, a partir de este sueño, comienza la investigación por parte de Pedro… Amoureux solitaires!!

Ciclos de Mil Cabezas

XLV.

Una noche Pedro tuvo un sueño… bueno, sueños, lo que son sueños, los tendrá cada noche, como cada ser humano; me refiero a que hace dos días recordó un sueño, algo excepcional ya que nunca es capaz de recordar nada de lo soñado. El sueño podría resumirse como sigue:

El escenario, una carrera comarcal vacía, sin tráfico. Pedro camina en solitario siguiendo la estela de la línea continua que divide el asfalto en los correspondientes dos carriles. Es un camino plagado de curvas peligrosas a ambos lados. No hay señales de tráfico… De lejos, escucha una canción que le gustaba de muy pequeño, Amoureux Solitaires, de Lio, una chica que cantaba en camisón y bragas y que, cada vez que salía en Aplauso arrebataba no sólo a Pedro, sino a todo ser humano amante de la belleza; ahora le parece verla allí bailando, al fondo de la carretera……

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INDIOS Y MEMORIA

Native American

I. INDIOS

y vuelvo a dibujar aquellos indios, a lápiz,

sobre la mesa de la cocina,

llena de migas, llena de grasa;

tú eres quien me alimenta,

quien no borra luego arcos y flechas,

galopes sin rumbo desde el vaso de vino

hasta el plato de lentejas.

 

y ahora es él, el puto séptimo de caballería,

el tortazo sin retroceso, sin mancha,

y mi odio, ya semilla.

 

II. MEMORIA

¿era ésta aquella mierda de ciudad

en la que peregrinos de carácter comanche

aullaban impávidos a los lugareños

hartos ya de vasallajes infames

y de caballos a pleno galope

por calles sucias y ensangrentadas?

ms095, ms 95, Mexican Suitcase, Spain, Spanish Civil War,

no, yo te respondo sin saber

que la verdad de tu pregunta 

se esconde en el subsuelo

de la absurda mentira por tus huestes propagada.

 

I WALKED THE LINE!

Cash Sounds that Swing

ACT I (and only) Camden Town –  88 Parkway, London NW1 7AN, United Kingdom

Two characters: a junkie and Johnny Cash

– Can you give me some cash, Cash?

– Who the fuck are you?

– Just a man who needs some cash.

– What for, you prick?

– Me own business, Johhny, I am a fucking crack addict.

– Scum, this is what you are.

– Go fuck yourself!! AND YOU ARE OVERRATED, YOU DIRTY COUNTRY BASTARD ROCKER!!

– Oh, my… Oh, my… OH, MY GOD! IT HAPPENED!

– … … … …

– You’ve just brought me back to life, mate!

– Not my intention, sir… I-I-I j-j-j-just…

I’d rather die young than grow old without you… Wow, nice. My voice, I am young again. LOOK AT ME, THE YOUNG ME!!

– … … … … … … …

– You’ve got powers, man, special ones…

– Are you gonna hit me with that guitar?

– What? No, no, no… fucking no, man!!

– Ok, ok… I am leaving, sir, I really need my bees and honey.

– Fine… I don’t need my Irish pig anymore, can you see?

Awright geeezzaa! Laters!

No, no, wait, blimey!!

– What do you want from me?

– I have the cash now, where is your dealer?

… DE LA VIDA XLIV…

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Y con ésta, ya son 45 entregas de la novela. Pedro está de bajón, pero se recuperará, que es muy fuerte…

Ciclos de Mil Cabezas

XLIV.

Joder, mira que lo sé de sobra, no lo habré padecido ya montones de veces y siempre se repite la misma historia: estado semi-depresivo más ánimo corroído por vete-tú-a-saber-qué-hostias es igual a Joy Division, pura matemática aplicada. Visto así, desde una posición lejana y neutral, puede parecer masoquistamente agradable: una habitación oscura, sólo alumbrada mínimamente por la acción de cada calada dada a un cigarrillo, la voz del desesperado de Ian Curtis cantando ‘Transmission’ o ‘Disorder’, y yo, más angustiado que nunca y sintiendo en cada segundo que pasa que la vida no es más que un puto rollo, conviviendo los tres juntos en perfecta armonía durante dos, tres o cuatro horas… días, incluso.

Cuando crees que ya no hay salida, cuando la claustrofobia existencial tapa todos los agujeros y estás a punto de gritar desesperado llega, por fin, la tan ansiada luz: Homer Simpson, o bien los…

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VIAJES AL FONDO DEL ALSA – LAS MICROAVENTURAS DE INDALECIO, EL CONDUCTOR – PARTE IX -MIRÍADA DE POLITÓLOGOS

29th July 1965:  Cockney tough-guy actor Michael Caine reading a copy of the Evening News.  (Photo by Stephan C. Archetti/Keystone Features/Getty Images)

Domingo 14 de febrero de 2016

Indalecio lee por tercera vez en la prensa del día, esa maldita manía suya de leer más allá de los titulares, la palabra miríada. “¡Su puta madre, panda de pijos pretenciosos!”, se dice a sí mismo antes de dar el último trago al segundo café solo de la mañana.

“De entre esa miríada de palillos, voy a escoger uno para luego hurgar azaroso entre mis sucios dientes”, comenta al aire, en voz baja, esbozando una sonrisa cómplice de su propia autoindulgencia…

La televisión, de fondo, emite una frase: “es tiempo de politólogos…”, dice una periodista con cara de interesante estreñimiento. “¡Oh, no, cagondiós ya!”, brama Indalecio, “hasta los putos cojones. Eso se merece un poema.”

Es tiempo de politólogos

Pasillos en fuga

rimbombantes al eco

de palabras desde la máquina.

“Es tiempo de politólogos”

nos cuenta ella

y yo, echo a pensar

si serán analizados

los pájaros que vuelan

y los que no;

los que migran

y los sedentarios;

todos los estorninos al unísono

o los ñandús solitarios.

Sí que me queda muy claro,

de clarinete barítono,

que nunca se dará profundo

ese hecho antaño extasiado,

aquél que nos decía eso de

‘pájaro que vuela,

a la cazuela’

Aquí los pájaros vuelan, sí,

y libres seguirán volando

porque desde nuestros asientos

dejamos que hagan,

que sigan haciendo,

nidos de barro

extraídos con sus picos

de nuestros cansinos tuétanos.

LOS CERDOS, WE ARE…

pigs 1

Y me acerco a la ventana

porque nadie la quiere abrir

porque nosotros somos los cerdos,

sí, los cerdos… los cerdos

y con nuestras sucias pezuñas

llamamos

toc toc

a vuestros aguerridos muros

los cerdos, sí

esos gorrinos que viven contentos

en esta pocilga irreductible,

la que nos destina una matanza cierta

no sabemos si este noviembre

o en el próximo frío de tu mañana.

Permanecemos calmados aquí

mientras vemos como queman

a soplete

a todos los demás cerdos,

una nueva generación

tan joven como la anterior

otro cerdito valiente más…

Y ahora arden, contra la pared

en calma, quietos

los cerdos, sí,

y sin bisagras que autoricen

algo de movimiento redentor

… o vengativo.

Espejo, espejito,

que bonito este cerdito

me cago hasta en tu puta estirpe.

¿qué me tienes que decir,

que mi vida ha sido un montón

de basura, que viajo ahora

al vertedero de tu ansia,

al estiércol eterno de tus suelas

de botas de militar extenuado

de matar inocente tras inocente

hasta esa, la última batalla,

la última puerta a ese infierno

que tanto tiempo llevas cultivando

entre lecturas banales

y teorías conspiranoicas

que sólo son pajas en tu mente

de inútil cazador?

Sí, los cerdos, sí…

Se acaba la canción, gilipollas,

somos los cerdos que no pudiste matar,

contra la pared,

y esa orquesta no encuentra acomodo

en la epidermis de tu versión

cínica y malinterpretada.

Somos los cerdos, los putos cerdos, amigo…

y hoy hemos llegado todos aquí,

a tu lado, para matarte.

(We are the PIGS

Portugal

Italia

Grecia

Spain España L’Espagne

twelve points

douze points

cero puntos

Sí, los cerdos, nosotros,

los cerdos

oink)

 

 

Read along:

… DE LA VIDA XLIII…

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Capítulo 44. Las cosas claras entre nuevos amigos…

Ciclos de Mil Cabezas

XLIII.

– Entonces, ¿te dejo en casa? – preguntó Fernando a Pedro desde su posición de conductor.

– No… Creo que voy a irme para el antiguo, a tomarme un par de jarras de Guinness. Las necesito. Oye, ¿por qué no te apuntas?

– No sé, debería estudiar algo hoy, que llevo una temporada de lo más ocioso; además, tengo que poner al día montones de apuntes…

– Venga, Fernando, tío… No seas agonías. Vamos a bebernos unas cervezas en honor de mi amigo Javi.

– No me tientes… no me tientes…

– Tentado estás… Joder, tío, que tienes tiempo de sobra: todo el fin de semana que viene, todas las mañanas… que por un día o dos que no estudies…

– Vale, vale, me has convencido, pelma incitador…

– ¡Ahí está mi Fernando!… No es por fastidiarte, (porque ya sabes que me interesa que tengas buenos apuntes, que a…

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WHERE WORDS FAIL, MUSIC SPEAKS.

Gramophone beach

Frey, que era uno de los cinco repetidores con los que le había tocado compartir grupo a Jaime en aquél su primer curso en el instituto de Cacabelos, lo había dicho ya al segundo día de clase, “con la de música os vais a descojonar de la risa, ya veréis”. Y sí, tenía razón, toda la razón que a veces proviene de la crueldad de un grupo humano en movimiento constante, de la influencia que una gente puede ejercer sobre otra sólo por el hecho de haber llegado antes a un lugar y casi sin haberse dado ni cuenta gritado “¡primer!” a sabiendas por ello de la autoridad que esa misma estupidez puede llegar a otorgar.

Pero vayamos a los hechos en sí, que yo os estoy narrando todo esto porque el mismo Jaime me lo contó el otro día en una larga sobremesa de tertulia plena de café con leche y algún que otro chupito de orujo. Doña Ernestina, sin estudios superiores que aportar a la causa de la enseñanza secundaria, había conseguido una plaza en el instituto de su pueblo, Cacabelos, el I.E.S. Bergidum Flavium, vía la Sección Femenina, esa Falange exclusiva para mujeres, eficaz promulgadora durante cuarenta años de aquellas ideas franco-machistas de “la pata quebrada y en casa” bajo un profundo nacional-catolicismo. Tras varios años dedicándose a la enseñanza de modales, de saber estar entre costureros y agujas de coser varias, le llegó la hora de impartir la música de 1º de BUP. El horror para aquella pobre mujer, todavía escandalizada por ese hecho “contra natura” que suponía la coeducación, la enseñanza mixta, tanta hormona suelta, junta, revuelta, ¡sexos distintos, oh no!… No podía con ello la pobre mujer, ya al mismo borde de la jubilación. Y ahí estaba ese nuevo grupo, a finales de septiembre de 1981, 1º B, 23 adolescentes muy inquietos, 14 chicos y 9 chicas; 5 repetidores, los más macarras de todo el instituto.

Jaime, que ahora ejerce él mismo como profesor (de inglés, concretamente), me contó varias anécdotas: que si firmaban los exámenes con un chorizo que tenían escondido en un armario, que si le estaban cambiando constantemente las revoluciones al tocadiscos, poniendo a 45 rpm los LPs que debían ir a 33, con el cachondeo que provocaba en la clase ese hecho al escuchar a las sopranos o a los tenores cantando como si fueran los mismísimos Pitufos; ocasiones en las que seis o incluso siete estudiantes entregaban el mismo trabajo, o el día que le dieron a la pobre señora con un garbanzo en las gafas, haciendo que el cristal de las mismas estallase – “¡aaaaaaahhhh, terroristas, que sois unos terroristas, que me queréis mataaaaar!”. Aún así, como decía mi abuela, “a veces uno es tan bueno, tan bueno, que parece bobo”, y en masculino, porque aún era predominante aquel hecho del genérico en masculino para todo, que no se había creado aún la corrección política.

  • Y sabes, Jose, aún siendo yo lo buen chico que fui durante toda mi época de instituto, me llegaron a expulsar para casa una semana – me dijo el bueno de Jaime mientras miraba fijamente al paragüero vacío.

  • ¿De veras? No me lo puedo creer… Cuenta, cuenta.

Se había estropeado la calefacción en el ala nueva del instituto, justo donde estaba el aula de música, por tanto, 1º B se queda ese día de primeros de diciembre, un lunes a primera hora, en el aula del grupo. “Jaime y Manolo, por favor, tomad la llave del aula de música y traéis el tocadiscos y dos discos que hay sobre la mesa”, ordenó Doña Ernestina a Manolo, el delegado, repetidor de camiseta de Leño, pelo largo y actitud siempre desafiante, por descontado, y al propio Jaime, que se sentaba muy pardillo a su lado. Y allá iban pasillo a la izquierda, casi corriendo en busca del tocadiscos y dos discos de música clásica, que la Seño no les ponía otra. Abren la puerta, encienden la luz y se acercan a la mesa de la profesora. El tocadiscos, un Philips bastante viejo, de aquéllos con tapa-altavoz que encajaba y se cerraba sobre la parte del plato giradiscos formando una aparente maleta, estaba en la mesa, en la esquila de la izquierda. “Jaimito, coge tú los discos que ya pillo yo el tocata”, le dice Manolo a Jaime. “Vale”, responde este último mientras se acerca a los dos discos que ve sobre la mesa fijándose en cuáles son, Las Cuatro Estaciones de Vivaldi y… ¡catacrock! “¡HOSTIAS!”, suelta Manolo el repetidor jevi tras ese ruido que indicaba que algo no había salido bien, que algo se había roto de verdad. La tapa que hace las veces de altavoz, que no estaba bien encajada. Jaime se agacha y recoge a la víctima del suelo con muchísimo cuidado, pero eso ya da igual, es un cadáver sin solución, sus constantes musicales se han ido en los cuatro trozos del brazo de la aguja que cuelgan del tocadiscos dejando varios cables a la intemperie. “Y… y… y… ¿ahora qué hacemos?”, pregunta el bueno de Jaime bastante asustado. “Joder, déjame pensar… a ver, rápido… ¡ya sé! ¡Dame ese tocadiscos para acá!”, y Manolo sube acto seguido la persiana que está justo al lado de la mesa de la profesora, abre la ventana, asoma la cabeza, sonríe y tira con un fuerte impulso el tocadiscos por la ventana. “P-p-p-pero, pero… ¡tú estás mal de la cabeza, tío! ¿Pero qué haces?”, el susto en Jaime era más que evidente. “Calla la boca, gili, y asoma y mira ahí abajo”, le contesta Manolo con una sonrisa que denota una seguridad que a Jaime se le escapa.

¿Y a qué hecho peculiar se debía tal actitud por parte de Manolo? Muy sencillo, justo al lado del aula de música seguían las obras de ampliación del instituto, y bajo la ventana había uno de esos tradicionales montones de arena de la que se echa en las hormigoneras para mezclar luego con cemento y agua. “¿Ves, pailán? Ahí ni se ve el tocata, y luego al recreo nos acercamos y lo tapamos bien con bastante arena y ahora volvemos a clase y le decimos a la Pelos que no lo encontramos. ¡Estamos?… ¡ESTAMOS?”, la vehemencia de Manolo extrae de la boca de Jaime un “estamos” que parece sonar firme y convencido pero que en el fondo denota sin remisión cuál va a ser el final.

Dos días más tarde, en plena clase de naturales con moluscos de por medio, aparece Don Julio, probablemente uno de los jefes de estudios que más terror haya infundido jamás al alumnado de un centro educativo. “Buenos días, Don Juan, chicos, chicas. Bodelón, Yebra, los dos conmigo a mi despacho, ahora”, dice de repente con aquella voz que habría acojonado al mismísimo Bela Lugosi en sus buenos tiempos. Bodelón era Manolo y Yebra era mi amigo Jaime. El plan de Manolo se había tornado finito mucho antes de lo que el propio Jaime había previsto. Las obras seguían, y palada a palada de los obreros allí apareció aquel cadáver electrónico aún sin descomponer. Una semana para casa en el caso de Jaime, y dos para Manolo por ser éste reincidente. Así eran las leyes, y así había que cumplirlas.

  • ¿Y qué os dijo Doña Ernestina de todo aquello?

  • ¿Doña Ernestina? Jajajajajaja. Cuando volvi el lunes tras mi semana de expulsión y vi en su aula aquel estéreo nuevo tan reluciente, que tan bien sonaba, supe que no me iba a decir nada. Tan sólo me sonrió, y con su mirada dirigió la mía hacia la posición de aquel Sanyo plateado tan espectacular mientras asentía con su cabeza en un gesto de mafiosa complicidad.

  • Entonces…

  • Sí, querido amigo Jose, así es. Como diez u once años más tarde, Manolo me lo confesó, lo había planeado todo con Doña Ernestina para cambiar aquel viejo tocadiscos que tan mal sonaba, que tan mal giraba ya. Y yo, pues yo no fui más que una parte de aquel plan para que todo resultara así más convincente. No se fiaba para nada de un jefe de estudios que militaba en el Partido Comunista, ya ves. Ni siquiera se había atrevido a levantar la voz para pedir un tocadiscos nuevo al equipo directivo.

  • Jooodeeer, increíble… Para alucinar.

  • Jajajajaja, pues sí, para alucinar… en estéreo, jajajajajaja ¿Otro café?

  • Jajajajajajajaja. Mmmhhh, vale, con leche, corto de café.