EL POETA PATÉTICO – UNA VISITA A LA DENTISTA (DE GILLES A STAN)

brigadistas

El Poeta Patético recibe un SMS, ya sabe que es la cita con la dentista, porque es la única que desde el móvil “antiguo” que tiene en su clínica le envía uno de esos mensajes casi tan ancestrales como el papiro. Cita para el lunes 24 de octubre, 5 en punto de la tarde; una de esas limpiezas para combatir la maldita piorrea, anestesia incluida, que le dejan la boca jodida para un día y medio o dos. Le gusta esta dentista por dos razones, porque tiene mortadelos en la sala de espera, y porque, si no te apetecen unas risas con las calamidades de estos dos agentes de la TIA, también hay muchas revistas de historia. Este lunes le apetece al bardo algo de historia. “Gilles de Rais, el primer asesino en serie de la historia”, ya ha elegido revista. Gilles, que había luchado codo con codo con la heroína del pueblo francés, Juana de Arco, y que en su declive se dedicaba a asesinar a niños, a desmenbrarlos, a torturarlos lentamente jugando como un loco cabrón con cada miembro u órgano amputado o arrancado. Aunque al final es capturado y ejecutado, tanto horror explícitamente explicado ha dejado un nudo marinero de los chungos en la boca del estómago del Poeta Patético. Devuelve con rabia la revista al revistero de la esquina y agarra en su lugar uno de los periódicos del día. “Stan Hilton, muere el último brigadista británico”; mira el poeta su reloj para ver si le da tiempo a leer el artículo. Miembro de la 15 Brigada, testigo de la Batalla de Teruel, luchó en los frentes de Aragón y Cataluña. Emigró a Australia. “Joder, ahora me llaman…” Decide, de camino a la silla de tortura, hacer un poema dedicado a los dos personajes, el yin y el yan, el cafre y el idealista. Se le ocurre, acordándose de la serie esa, El Ministerio del Tiempo, juntarlos en algún contexto… “Algo saldrá”, piensa mientras se está sentando sin dejar de reojo de mirar esa aguja plena de anestesia que amenaza ahora impunemente el cielo de su paladar blando.

Las palabras se la chupan bien a la cultura,

antagonismo de libro

no es lo mismo un hijo de puta

que un cabronazo que ayuda,

no es lo mismo

y Stan viajó en el tiempo

y se encontró a Gilles

y le dijo “no pasarás”

y, aún cambiando el devenir

de la historia que ocurrió después,

no dudó en sacar de su mauser

cinco balas, cinco

para que le cundiese bien la rima

a esa escoria medieval

llamada Gilles de Reis;

de Reis a Reich,

un pequeño paso

que saltar.

¡Viva la Quinta Brigada!

Un paseo por Teruel,

unos trujas bien liados

y a seguir matando fascistas,

esta vez ya no medievales,

sino Nacionales.

Impasible su ademán,

¡pum, pum, pam, pam!

Que no, que no

que no pasarán.

Stan Hilton,

que nunca sus pies pisaron

un hotel de los de categoría.

EL POETA PATÉTICO – UN POEMA, THE MAKING OFF (POESÍA O PLOMO)

gas-y-llama

“Sí, sí. Ese martes vino a la charcutería, cogió número y espero mirando su móvil a que llegase su número, el 73 si no recuerdo mal. Pidió doscientos gramos de chosco (siempre lleva chosco, le encanta, ye que ta muy bueno, la verdá) y una cuñina de quesu La Peral, que, aunque anda así así con el colesterol, no se priva de él ni una semana. Pero era una cuñina muy piquiñina, no se vaya usted a pensar… ¿Que si he leído algún poema suyo? Jajajajaja, no, qué va. La última poesía que yo leí fue en clase, uuufff, en 2º de la ESO, que la Pelos, la de lengua, nos hacía recitarlas en alto, vaya un corte… ‘Se equivocó la paloma, se equivocaba. Por ir al norte, fue al sur. Creyó que el trigo era agua. Se equivocaba’… ¡Hostia, si me acuerdo y todo! ¡Jodeeeer!… Y ni recuerdo de quién era, pero era bonita, sí, muy bonita…”

“Mediano con leche, sí. Ya no hace falta ni que lo pida, que se lo pongo yo porque no va a cambiar esa rutina, y si lo hace, te avisa con un gesto de su mano y te dice así con ese tono serio que él tiene, ‘Julián, ponme una caña, una tostada, que nun toy yo pa cafés hoy’, y se sienta p’allí, p’atrás del café en una de aquellas mesas del fondo, debajo de aquellos cuadros del Ché y de Fidel, y pilla el periódico, el que esté libre, le da lo mismo La Nueva que El Comerciu o el Marca; luego saca una libretina que tiene, así piquiñina de cubierta naranja, y un boli y se pone a pensar así, todo interesante, y escribe algo, aunque muchas veces acaba mirando el periódico o el móvil, supongo que el facebook o algo así, no sé. De vez en cuando mira de reojo a alguna chavala o paisana que entra a la cafetería, pero no con insistencia… ye como si sólo le pusiese una nota mental del uno al diez y luego ya siguiese a lo suyo. No ye que sea muy hablador, la verdá, pero ye buen chaval. No, no, ¿yo? Jojojojojojojojo… Si yo no leí un libro en mi puta vida. Lo más que llegué yo a decir alguna vez con los colegas es ésa de ‘con los dedos de las manos, los dedos de los pies, la polla y los cojones, todo suma veintitrés’ Jajajajajajaja… ”

“No es mal vecino, no. Muy educado; muy callado también, aunque a veces pone la música al altu la lleva, una música muy ruidosa, de ésas de voces que nun s’entienden, a gritos, ¡gua, gua, guaaaaaa!, pero eso pasa muy pocas veces, y nunca a horas impropias, hay que ser justos… No, pues no sé muy bien a qué se dedica. Ah, ¿que ye poeta? Pues mire usted que bien. No tenía ni idea. Ya le comentaré, ya, la próxima vez que me lo cruce. A mí sí que me gusta la poesía, Becquer, Machado, Alberti, pero no leo, no. Si a veces escucho a alguien recitar en la radio sí que presto atención. Hace poco escuché a Conchita Velasco en un programa recitando uno muy bonito. Los vellos como escarpias, oiga, como escarpias…”

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Foto de Hombre del Sur (“robada” de su facebook)

“Joder, que anoche me lié con el Netflix ese de los cojones, viendo Narcos, observando como Wagner Moura se esfuerza en eliminar su acento brasileño, y le cuesta, le cuesta mogollón, aunque ye bueno, no nos engañemos. El caso es que fue meterme en la cama y venga a crear poesía, un poema tras otro, a chorros, oíste, que si ‘plata o plomo’, ‘hojalata o mayordomo’, y así, pero no tuve ganas de salir del calor de las mantas y me dije, ‘mañana ya los escribes, deja ya de darle vueltas al coco de una puta vez y duérmete ya, hostias’, pero nada… Bueno, al final lo conseguí, no sin esfuerzo, y con la inestimable ayuda de la música clásica muy bajita que puse en la radio de la mesilla de noche. Me despierto esta mañana, tío, y veo que ya son las doce y media. Joder, a espabilarse, vago de los cojones, me estuve diciendo un buen rato a mí mismo hasta que cerca de las dos ya logré sacar un pie fuera de la cama. A partir de ahí, ya fue todo rodado. Dudaba si ducharme o no, y tras olerme por encima los sobacos decidí que no era necesario aún. En la silla que tengo en la habitación, una de aquellas de rejilla de las que hacía mi abuela, estaba mi ropa de ayer. Inspección al canto: los calcetines aún tiraban, que sólo los había usado dos días; vaqueros, por descontado, relucientes; camiseta, bueno, puede pasar, aunque la primera de las tres veces que la olí con detenimiento parecía indicar un camino directo al bombo de la lavadora, pero no, no se puede ser tan tiquismiquis con las pituitarias propias, coño, y aún puede tirar un día más; los calzoncillos, esos sí, para lavar, y sin inspección olfativa de ningún tipo, que ya de lejos se veían esas dos rayas marrones que indicaban varios días de uso (no recuerdo ahora cuántos), las rayas de la nicotina, que decíamos de muy jóvenes en mi pueblo en los vestuarios del equipo de fútbol… y las risas que nos echábamos por aquel entonces, ay… joder, que me pongo nostálgico y parezco gilipollas, hostia ya. Pues eso, que me visto y bajo directo al bar a desayunar un café. En el ascensor me doy cuenta de que olvidé mi bolsa con mi cuaderno y mis bolis, el móvil y la cartera. ¡Qué puto desastre soy! En el café, ya boli en mano y libreta abierta, me dispongo a escribir todos esos poemas tan cojonudos que había pensado la noche anterior antes de quedarme dormido… pero nada… nada de nada. Pasa siempre, te inventas unos poemas de la hostia en momentos en los que no tienes a mano con qué escribir, te dices que ya los escribirás luego, y cuando ‘luego’ llega, a tomar por culo los poemas. Ahí es cuando tienes que tirar de oficio e improvisar, dejar que lleguen palabras y frases a ti mismo y trasladarlas como buenamente puedas al papel. Nada aún. Agarro el móvil. A mirar el facebook, ese demonio que nos succiona el intelecto. Una chica me pide amistad. Interesante. Acepto casi sin mirar ni quién es ni la foto ni hostias en vinagre. Una flor como foto de perfil y un paisaje como foto de portada. No está buena, o no es ni siquiera una tía, deduzco. A los dos minutos me deja un mensaje en el muro: ‘Gracias por aceptar mi amistad. Que tu palabra ilumine los rincones de mi muro. Un beso’ ¡QUÉ? ¡Que mi palabra ilumine no sé que hostias de no sé dónde? Joder, otra de estas personas con el rollo ese de los mensajes positivos y toda esa mierda. Me cago en el puto coaching y en toda esa gente que empieza con esa cantinela de ‘no quiero personas tóxicas en mi vida, sólo gente positiva’… ¡A la puta mierda! Cómo hostias podrá el personal aguantar tanta estupidez, de verdad. ¡Cómo no va la gente a ahogarse en vasos de chupito, joder? Que el estar mal está bien, hostias; que hay que saber gestionar el dolor, el sentirse chungamente, que no todo tiene que oler a putas flores, joder. Claro, luego queremos prohibirlo todo, acabar con todo, cagondiós ya. Leo en el periódico que el gobierno de Colombia quiere que en Madrid retiren ese cartel que dice ‘Oh, Blanca Navidad’ acompañado de una imagen de Wagner Moura, el actor que interpreta a Pablo Escobar en Narcos. Ya han elevado la queja a Netflix y al Ayuntamiento de Madrid. Para un cartel que me hace gracia, joder, el cartel del mayor capo del mayor cártel de la droga jamás creado… ¡Hijueputas malparidos! En fin, que iba a eliminar a la chica esta de mi face, pero no lo hice. ¡Qué más da! Que me lea, que para eso escribo, para que alguien que no sea yo me lea… o no. Yo paso. Vaya paja mental que os estoy contando…

En el Alimerka compré pan, algo de chosco y un poco de quesu La Peral, que es lo que voy a comer hoy en todo el puto día. La vecina de al lado, una señora demasiado habladora, me acaba de contar que no sabía que yo era poeta. ‘No, no, si yo no… bueno, yo escribo, sí, pero todo es muy patético, tanto, que así me conocen, soy El Poeta Patético, y ahora voy a casa a ver si soy capaz de escribir un poema que me lleva rondando desde anoche.’ Y con las mismas entro en mi casa y voy hasta a cocina a dejar el chosco y el quesu en la nevera. Nada más cerrar la misma, llega a mí la luz y me siento en una silla y aparto el plato sucio que aún sobrevive encima de la mesa, saco mi boli de la suerte y mi libretina y comienzo a escribir a toda caña. Ahí va:

de plata si no quieres

plomo malparido

va y no viene;

ya no se estila

tanto polvo blanco

y las fosas nasales

viven muy felices

sin ese polvo de talco:

ya los tabiques

de platino se extinguieron

canciones y melodías

que un día nos dijeron

que todo por la napia se iba

son ahora, nomás

ritmos latinos

de amor machote

de escaladas

inversas

a las puntas de un cipote

que reclama babys

sin merecerlas siquiera;

ya tu sabeh

que mis babas

te pertenecen

y sin ellas no viviría

ni aunque a buscarme

a casa

viniera

la mismísima pasma,

la policía:

porque soy malote

y mi gorra es más alta

que las vuestras;

mis cejas brillan

por su misma ausencia

y todas mis neuronas

las he donado a la ciencia.

ja, pues todo es mentira

porque de blanco

se tiñe

no sólo la navidad

del culto de tu persona,

es ya costumbre casi atávica

el perreo de pupilas

dilatadas

y del movimiento sexy

me quedo nada más

con el espíritu de la carcoma.

Y así, recitando ya inspirado, nuestro amigo poeta termina otro día, un día tan patético como todos los anteriores, porque al final no folla, al final…

VIAJES AL FONDO DEL ALSA – LAS MICROAVENTURAS DE INDALECIO, EL CONDUCTOR – PARTE XVI -BELLE & SEBASTIAN MEET EL POETA PATÉTICO

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  • ¿Y entonces, Indalecio, qué pasó?

  • Pues nada, amigu, que dejé de llamarla y, como las pillaba a la primera, se dio por aludida y no me buscó ya más. Aún la vi el otro día en el Carrefour, con dos guajes pequeños que no callaban ni un segundo. Me vio, que yo lo sé, pero se hizo la sueca.

  • Y eso que no fue en el Ikea…

  • Cagonrrós, lo tuyo ya no ye patético, ye lo siguiente.

  • ¿Y qué ye lo siguiente?

  • Ni puta idea. Eso ya lo busques tú, que pa eso yes poeta, aunque seas Patético.

En 2008 Indalecio tenía una novia formal, Rocío, de esas que sin querer consiguen provocar sonrisas diáfanas en las caras de las madres y las tías; de esas que, en una cena familiar, se levantan raudas a recoger los platos y se ofrecen sonrientes para fregar toda la cacharrada. ¡Si hasta se parecía un poco a Doris Day, carajo! El cumpleaños de Indalecio se acercaba, una nueva década, la de los cuarenta, y Doris… Perdón, Rocío, (¿en quién estaría yo pensando?), para no meter la pata, preguntó con delicadeza a su novio querido que qué quería como regalo. Él, desde su innata austeridad, pidió lo primero que se le vino a la cabeza en aquel momento.

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  • Felicidades, cariño. Aquí tienes, mi amor, mi pichurrín. ¡Ay, que ricu ye él, madre!– Y, además de un pellizco en la mejilla de intensidad media-alta, le entrega un paquete envuelto en un papel de regalo pelín cursi, con demasiadas flores para el gusto de Indalecio, y que le parece demasiado ancho como para contener lo que él había pedido… Lo abre entre intrigado y acojonao.

  • ¿Astur? ¡Qué cojones…? ¡Qué mi madre…! ¡Isabel San Sebastián? Joder, si no la soporto.

  • P-p-pero, fue lo que me pediste, amor, ¿no? Hasta lo apunté en mi agenda y todo para que no se me olvidara, mira… “el último de Isabel San Sebastián”

  • Joder, ye la hostia; hay que jodese… No dije eso. El último de Belle and Sebastian, que no lo tengo aún… El último de Belle and Sebastian…

Y allí quedó “Astur” sobre la mesa de un restaurante elegante de Oviedo que ya no existe hoy en día. No sabemos si Do… perdón, Rocío, lo llegó a leer o no, pero sí sabemos que su “life pursuit”, su búsqueda de la vida junto a Indalecio se acabó aquel día, porque Indalecio es un ser radical en sus principios, no admite casi errores. Quizá algún día el Poeta Patético, buen amigo suyo, se anime y le dedique la oda que Indalecio merece.

Mi amigo Indalecio

vive el amor

cual auténtico paramecio

que da vueltas y vueltas

sin poder agarrarse fuerte

a la barra del trapecio:

así es su circo,

ni Conan El Bárbaro

ni un pájaro

ni un avión,

a la vista salta:

otro más,

otro “cariñoso” cabrón.

EL POETA PATÉTICO – DONALD TRUMP IN MY (HIS) MIND

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Yo orbito

alrededor de todo el grosor

de mi magnífico pito.

Que ningún ayatola

me vaya a tocar la pirola,

que no necesito Quinta Avenida

para sacar presto mi pistola.

Volverá como aquel soldado

la era blanca del ahogamiento simulado.

Acabaré con el terrorismo,

con un huevo mío, grande,

y con el otro, que es lo mismo.

Como no hace frío

y seguimos en veroño

acercaos, chicas, misses,

que os agarro bien el coño.

Llego contento a la Casa Blanca;

algún mexicano hijo de la gran chingada

ha escrito bien grande en la fachada:

“Donald Trump is a wanker”

No creo en el cambio climático

todo ese humo en el aire

me sabe a poco

¡qué simpático!

Cada vez que salgo a la calle

a comprar pan

saludo contento

a mis amigos, los nazarenos del Klan.

Con otro ladrillo rojo

construyo mi muro.

(Bueno, yo no, ojo,

los mexicanos, esos putos.)

Y me meo en todo el mundo,

desde mi maldita torre,

me meo de verdad, y la gente corre

porque yo sí que tengo oro

de ese que me caga el moro.

Como me tenéis hasta los cojones

comenzaré deportando

tan sólo tres millones.

¿Qué es ese botón en mi despacho?

¡Ajá! De color rojo…

Y ahora me agacho

y poso mi índice sobre él,

el de mi mano derecha…

¡Poneos rápido a cubierto!

Jajajajajaja, imbéciles,

demasiado lentos,

ya estáis todos muertos.

El poeta patético no vive la política como el resto de los mortales. Básicamente, a él se la pela por completo porque sabe bien que un día dejará de respirar y a tomar por culo todo… Bueno, al menos hasta un límite porque él también es capaz de exudar un poco de humanidad en modo rebelión, y recordando aquel magnífico “El Porqué de mis Peinados” de Sr. Chinarro, aunque no crazy_white_peoplevenga muy a cuento, tan sólo es un reflejo de como asocia su mente, se fijó un día desde el humo de su quinto café y su vigésimo tercer cigarrillo del día en un señor muy raro que bramaba algo confuso desde ese oráculo hortera que va tirando ya a mohoso llamado televisión. “México nos envía a la gente que tiene muchos problemas, que trae drogas, crimen, que son violadores”, dice la persona que se encarga de doblar la voz del magnate Donald Trump, por aquel entonces todavía candidato del Partido Republicano a la presidencia de los EE. UU. Al poeta patético se le atraganta el trago de su café solo debido al súbito ataque de risa que le provoca semejante afirmación (¿De verdad puede alguien que se supone que aspira a ser presidente de un país como los US of A decir esa burrada y quedarse tan pichi? Porque, si es así, esto es muy grande, y la ansiada – y merecida – extinción de la raza humana ya está ahí, bien cerca). Se imagina ahora siendo un mexicano con una verga enorme y hasta las trancas de metanfetamina delante del señor Trump, en una habitación insonorizada, los dos solos. Que si no quería té, pues como que va a recibir dos tazas, y mirando a La Meca. Me… ca… ¡Mecagüensuputísimamadre! Toma pollas hermanas, gringo.

A supporter of Spain's late dictator Francisco Franco holds a banner during a gathering commemorating the 41st anniversary of Franco's death at Madrid's Plaza de Oriente

El poeta patético se sorprende al ver que ese señor tan extraño, con un peinado casi imposible y una ignorancia directamente proporcional a semejante imposibilidad capilar, gane las elecciones esas del ombligo (u ojete) del imperio terrícola. Sabe que no todo el mundo puede votar en la “tierra esa de la libertad y la justicia pa todo dios, que es más difícil registrarse y votar allí que comprar un kilo de peras conferencia bien frescas. Ante semejante panorama, no se le ocurre nada mejor que dedicarle un poema, todo un ejercicio meditado acorde con el patetismo infiltrado de la nata amarillenta de su impecablemente pasmado mundo poético.

(Vuelve al principio, que allí está)

The man is a wanker, it don’t get much better…

EL POETA PATÉTICO – PRIMER RECITAL

pathetic-poetAlguien habló un día con no sé quién que conocía a no sé que otra persona que tenía un amigo que iba mucho por un bar de Oviedo que organizaba sesiones poéticas, también conocidas como jams o timbas. Ese alguien conocía al Poeta Patético. “Oye, ¿y por qué no te animas este jueves y te acercas a ese local, que hay sesión de micro abierto?” Y allí encaminó sus pasos el Poeta Patético el pasado jueves tras un copioso y tardío menú del día en el barrio, de ésos de siete euros y sopera llena de fabada (no de les meyores fabes, por supuesto) que dé para llenar casi cuatro platos a rebosar también de morcilla, lacón, chorizo y panceta, un pequeño imperio en el lado oscuro de la grasa. No pudo con el cuarto, que todavía faltaba el segundo plato: carrilleras guisadas con la de dios de patatas fritas y un pimiento triste adosado sin piedad al que nadie nunca hace ni puto caso. Plato limpio tras untar el quinto trozo de pan. De postre, tarta de la abuela, una buena ración, de las de paisano. Dos cafés con coñac y seis sol y sombra. No puede haber mejor calentamiento para una sesión de poesía, sin duda alguna. El camino desde el barrio hacia el Antiguo le sirvió para ir desalojando algo de metano de su cuerpo, aunque había reservas en su aparato digestivo para unas cuantas horas.

– Buenas, ponme una Mahou… Vengo a recitar, ¿hay que apuntarse o algo o ya salimos por libre?

– Espera, ho, que ya te apunto yo. Dos poemas por persona, que hoy hay mucha peña. Soy Chema – dice mientras estira el brazo esperando recibir un apretón de manos por pura reciprocidad. No es así. El Poéta Patético ya se ha aferrado a su mahou y no puede ver más allá de su alcohólica sed.

– Apunta ahí, El Poeta Patético.

– Joder, ¿así, como suena?

– Sí, claro, ¿cómo cojones quieres que suene?

Y ahí está ahora nuestro rapsoda sujetando su cuarta Mahou, aguantando estoicamente letanías que ni escucha, palabras y rimas que hablan… ni puta idea tiene él de lo que hablan, que a él no le gusta esa mierda de la poesía. Puaj. Otro trago más.

– Y ahora tenemos un nuevo poeta en esta timba. UN FUERTE APLAUSO PARA… ¡EL POETA PATÉTICO!

(El resto no es más que una transcripción literal de lo que aconteció acto seguido el jueves pasado en un local del Antiguo de Oviedo que se dedica a organizar sesiones como ésta.)

Eeeeeh, a ver… que yo estoy aquí básicamente para tomar cerveza, como diría Bukowski, y eso que a mí Bukowski me la pela, me la puede chupar doblada, el puto cabronazo… Os podéis largar a ver un partido de fútbol si os da la gana, los tíos, digo, que si alguna se queda y quiere follar luego, no tiene más que decírmelo… Eeeeeh… Bueno voy con un poema… Perdón, ufffff, es que fueron tres platos de fabada para comer, y siempre mejor fuera que dentro, ¿no? Va:

Tu boca sabía a ajo

y tu saliva pegajosa

se pegaba en mi barba,

pero yo te amaba

no como tu novio

ese imbécil sin cerebro

tan lleno de caspa

como vacío de ideas.

No me gusta el sabor a ajo

y por eso me fui

porque tras la tercera arcada

preferí echar la pota en la calle

a llenarte entera la boca

de callos con garbanzos:

eso sí que es amor,

cercanía glotona

y una más que romántica

halitosis compulsiva.

Y bueno, eso… que, a ver, que lo de poeta patético es muy sencillo, como bien acabáis de comprobar. Yo reconozco mi patetismo, pero vosotros no, que os creéis portadores de no sé qué mierdas… en fin, que a veces me da por leer poesía, y puedo citar al gilipollas del Rimbaud (Rimbaud, Rimbaud la la, Rimbaud, Rimbaud la la, el paraíso puede estar en Trinidad… ) – esto último cantado con la música del Koumbó de Georgie Dann – o uno que me recomendó una amiga hace tiempo, un tal Casanova, uno canario que palmó con 19 años hace ya una pila de años, que seguro que se suicidó, el puto imbécil… mierda de mártires malditos… En fin, que tengo que recitar otro poema, y dice así:

El cadáver bonito

para tu puta madre

que yo quiero

llevar mi cuerpo y mi vida

hasta los límites de la más sucia

fealdad que jamás podáis imaginar

y ya no lavaré más mis dientes

nunca traicionaré

a ninguno de mis hermosos pelos

volaré a cualquier parte

y desde el tren de aterrizaje

os mearé con destreza

mientras hago esfuerzos

por sacarlo de mi:

mi octavo pasajero

que, como decía Paco,

el camionero de mi pueblo:

la meada sin un pedo

es como la fiesta sin gaitero.

Hala, y ya, a tomar por culo… ¡Chema, ponme otra Mahou!