A PROPÓSITO DE YEBRA. Otra lengua extinta. Suburbia, 2017

Laura Fjäder, poeta, creadora, musa disidente y alma mater de las jams de La Revoltosa de Gijón. Imposible presentar un poemario en mejor compañia. Seguro.

MUSAS DISIDENTES

La mayoría de los escritores de este país llevan como mínimo cien años de retraso con respecto a los tiempos. Y no es que esto sea una carrera, ni que en arte haya realmente «progreso», puesto que no lo hay; pero yo creo que el escritor debe ser ante todo un hijo de su tiempo.

– Roger Wolfe.



Otra lengua extinta, número nueve de la colección Malas Tierras de Suburbia y prologado por Nayar Crespo Sánchez, son tres libros con los textos rugosos de uno de los quince degenerados salvajes, el viajero del fondo del Alsa, el profesor que todos hubiéramos querido. José Yebra nos pone delante de las narices una reflexión crítica sobre el entorno y las realidades mientras muestra su posicionamiento político que es, por tanto, vital, sus propias contradicciones y su indignación.









Hay en estos poemas un olor que me golpea y me agarra por el cuello…

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VIAJES AL FONDO DEL ALSA – LAS MICROAVENTURAS DE INDALECIO, EL CONDUCTOR – PARTE XIV – SUSPICIOUS MINDS

Era su segundo día como conductor oficial de un alsa, hacía la ruta Oviedo – Gijón y a la inversa, pero la de paradas, la que iba (y sigue yendo) por la carretera vieja, nada de autovías ni y griega ni nada que acorte el trayecto. Tres viajeros se sentaban entre primera y segunda fila, la de la izquierda justo detrás de él. Aunque Indalecio aún no lo sabía, uno era ese poeta tan pesado que con el tiempo acabaría siendo su amigo, el tal Jose Yebra, e iba el muy cursi hablando inglés con dos extranjeros: un japonés de libro y un hindú (desconocía Indalecio que Vik era de raza hindú pero no de la India, sino de Isla Mauricio), los otros dos Koji y Vik.

Como es costumbre, recurrimos ahora al traductor simultáneo:

– ¡Anda, Jose, mira, Elvis Club! ¿Podemos venir aquí otro día? – Koji, que había viajado desde Londres junto a su amigo Vik para asistir a la boda de nuestros amigos comunes Ana y Gabi, tenía preparada una sorpresa para los novios a modo de imitación de Elvis Presley koji-elvisépoca Las Vegas. Gran fan e imitador del Rey del Rock, no sospechaba el pobre que casi todo el mundo acabaría dirigiéndose a él en las etílicas noches ovetenses como Koji Kabuto, y es que Mazinger nos marcó mucho de pequeños, justo es reconocerlo. Al residir en Londres y ser originario de un barrio de Tokio (cerca de Shibuya, sin casa azul), desconocía totalmente la acepción que el término club tenía en España, ya que para él un club no era más que otra discoteca a la que ir a bailar.

– A ver… ¡Cómo te explico yo estooooo….? Este club de ahí no tiene nada que ver con cualquiera de los que tú puedas conocer en Londres, o en Tokio, ni, por descontado, con Elvis – y termina Yebra su explicación acercando todos los detalles semánticos al entendimiento de sus dos amigos.

– Ah, joder, ya, ya… No, no, nada que ver, ya veo…

E Indalecio, con un gran oído para la lengua inglesa (nunca había bajado de un ocho con cinco en el instituto), sonríe desde su asiento sin dejar de controlar la carretera y el tráfico ni un mísero instante.

Ya en Gijón, aunque este día de mayo no invita en exceso a un baño en las frescas aguas del Cantábrico, Jose Yebra intenta convencer a sus dos amigos para que se adentren valientes con él en el mar. Por supuesto que no lo conseguirá.

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Años más tarde, de casualidad, se da cuenta de que Indalecio sí que se habría arriesgado, porque Indalecio es un valiente, un hombre de pelo en los sobacos que jamás se planteará depilarse siquiera el contorno de sus cejas.

DISCULPEN “MY” SONRISA

mariano-marxMariano y el marxismo:
¿cómo están ustedeeeeees?
En un mundo ruíz
sólo sobrevivirán
quienes usen Just for Men
como loción capilar
y dejen las canas
para barbas
que son mucho barbas:
macho Man
en columpio vigilante
como presidente nuestro
que es.
Groucho y Chico
callan
y otorgan:
la parte contratante
de la primera parte
ya no jugará en la segunda
y el ganador del próximo debate
se decidirá en rigurosa
tanda de penaltis
(penales, que los llaman
en la misma Pampa,
lo cual
en este contexto semánticamente ibérico
se adec
ua
a la popular perfección…
¡será por penales!)
disculpen pues
que no se levante,
debate…
debaser…
de váter…
o muerte…
¡fingiremos!

picadilly-june-2016ajena
camina
lejos
esa gente
de una salida:
brexit sintético
hacia un nuevo
concepto:
scotlond
de independencia
seguro con inquina
plagado de esa plaga
de obreros liberales
abocados al miedo
de quedarse
sin un trabajo:
55 horas semanales
y 400 euros
punto en boca
sonrisa a medio diente
sí señorito
a sus beatas órdenes;
no hay dolor
sin conciencia de clase:
ladrillos vienen
e van
felicidad impar:
botemos ahora
yo soy…
yo soy…
y me quiero
independizar
de vuestra estirpe
imperial
entre encuestas
que no salgan jamás
de los límites
de mi barrio.

OLVIDANDO LAS ACERAS – SULFATO DE POEMA EN DOS PARTES DESIGUALES

I.

como te has ido

y no has vuelto:

he olvidado tu nombre

pero no tu cara

 

y cada día

nada más levantarme

pongo mis dedos sobre mi boca

y luego los llevo a esa imagen:

la tuya

 

y ese beso diario

me une cada día a ti

aunque ya no sepa tu nombre:

aunque no hayas jamás regresado

 

II.

y mi madre siempre me obligaba

a caminar por las aceras

(que de estrechas fueron pasando a ser

amplios caminos para transeúntes de paso)

 

estrechas anchas

vacías o pobladas

de pueblo de gran ciudad

con adoquines trampa

o lisas y resbaladizas:

en días húmedos

 

y en un momento de verano apareciste tú

y me olvidé de los charcos

y comencé a saltar sobre ellos:

y ahora voy siempre

por el medio de la calle

como esperando que se borren

de una vez por (y para) todas

esas malditas aceras

que constriñen

la respiración vaga y vulgar

de todos mis malos recuerdos

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Este poema en letra de Laura Fjäder esperando que David González le de vida

Hace hoy una semana, estuve presente con este mismo poema en las reuniones poéticas (sí, podéis llamarlas jams si queréis), no personalmente, pero sí a través de la letra escrita de Laura Fjäder y la voz de David González, dos poetas muy grandes, gente comprometida con la palabra y lo que ésta significa, poesía disidente, directa a la neurona de quien tiene el placer de leerla, de escucharla. Laura y David organizan las sesiones poéticas de La Revoltosa en Gijón, los viernes, con monográficos, sesiones de micro abierto, versiones y, sobre todo, pasión, mucha pasión por darle a la poesía el lugar que se merece, el lugar de la gente, del pueblo. Si podéis ir un día, no os lo perdáis, no os lo podríais perdonar en la vida.

Enlaces a sus blogs:

https://jampoesiagijon.wordpress.com/

http://ellenguajedelospunos.blogspot.com.es/

VIAJES AL FONDO DEL ALSA – LAS MICROAVENTURAS DE INDALECIO, EL CONDUCTOR – PARTE V , CAREER OPPORTUNITIES

Esa semana cubría Indalecio la el trayecto de Oviedo a Gijón y viceversa. Yo estoy ahí ese día de noviembre. Subo y paso por el detector mi tarjeta roja de la CTA, ¡bip! Compruebo que aún me quedan seis viajes. Detrás de mí suben dos chicas, una con hijo y la otra con hija, de unos seis o siete años cada uno. Viene la niña llorando desconsolada. “No te preocupes, hija, que ahora Ramonín es más alto que tú, pero cuando crezcas, tú te vas a poder poner tacones y él no”, le espeta la madre a la niña, que sigue manando lagrimones entre inspiraciones y expiraciones entrecortadas. “¡Cagondiós! ¿Y quién te dice a ti que Ramonín nun va ponese tacones cuando sea grande, o que la tu guaja nun va querer dir na más que en playerucos de esos de la estrellina?”, va y suelta por esa bocaza Indalecio, el conductor, así de sopetón. Todos los pasajeros dirigimos la mirada hacia su posición. Silencio. Luego hacia la niña, que ha dejado ya de llorar. Más silencio. “¡Venga, cojones, todo cristo a sentarse, que arranco ya, cagonmimanto!

PENSÉMOSLO ANTES

Al acabar el concierto nos fuimos de allí. Había demasiada gente, gente que apuraba su superávit de adrenalina a base de más y más tragos de mezcla de refresco de cola – cualquiera servía – con una bebida alcohólica destilada. El ambiente olía a marihuana, podías respirar su aroma a cada paso que dabas. Teníamos hambre; teníamos sed… y también miedo, porque el calor y la humedad obligaban a la rápida descomposición del pobre Julio, que yacía cadáver dentro del maletero del BMW de Carlos. ¿Por qué cojones se tenía que haber muerto así, tan repentinamente, cinco horas antes del concierto, cuando estábamos tranquilamente en Llanes preparándonos para un viaje hasta Gijón a presenciar el que luego sería el conciertazo del año…?

Ocho horas antes del concierto

chiinguito playa de BarroEn la playa de Barro, al menos unas siete familias almorzaban pollos asados en el chiringuito. A pesar de ser ya el noveno día del mes de septiembre, el calor abrasaba con vehemencia, ayudado por la ausencia de nubes, que permitían al otrora (otrora querría decir en este caso ‘agosto’, el mes traicionero por excelencia)… como iba diciendo, la falta de nubes que permitían al otrora desaparecido Lorenzo desplegar zalamero todos sus recursos aduladores. Teníamos hambre, pero no disponíamos del suficiente dinero para matarla. Un poco de cerveza engañaría gentilmente a nuestros protestones estómagos. ¿Algún porro? No,  no merecía la pena, que eso solo serviría para aumentar la intensidad del hambre. Nos conformaríamos con “alimentarnos” olfativamente con aquel aroma de pollo asado que otros podían gustosamente manjar. Julio sí podría, si quisiera, porque Julio era de los pijos, aunque de aquellos que viven en un estado de constante autoafirmación (no sé para qué, la verdad, porque si la vida te ofrece algunas ventajas deberías aprender a utilizarlas en tu propio beneficio. Joder, que nos estábamos muriendo de hambre y aquel cabrón sólo tenía que acercarse a Llanes y sacar unas migajas de cualquier cajero automático. Pero no, el puto orgullo de clase, de anticlase, de vaya usted a saber qué pajas mentales de las múltiples que poblaban la mente del que se había educado interno con los jesuitas… se me olvida por momentos que está muerto y ni eso soy capaz de respetar). Julio nadaba Ballet Dancers on the Beach from the 1930s (2)contra las olas. Julio se fumaba un peta… y otro a continuación. Vuelta a la natación. Una rayita de coca, otra de speed… Pero nada de esa nouvelle cuisine con la que en ocasiones nos daba bien la paliza. Hablemos un poco del concierto, pues. Qué poco faltaba ya, y qué poco avanzaba el tiempo, ese hijo puta que siempre va en primera cuando mas necesitas su velocidad punta. Venga, ahora una siesta tumbados boca abajo sobre la toalla, pero corta, que a ver si se nos va el santo al cielo y nos perdemos el concierto. Julio que ronca. “Que raro”, pienso yo tomando en consideración toda la coca que se había metido aquel prototipo de ser anormal en tan corto intervalo de tiempo. Carlos también duerme, pero eso en él es lo habitual, sobre todo si vamos de doblete. Me prometo no caer; me siento; me vuelvo a tumbar, esta vez boca arriba; alucino con las nubes que acaban de llegar de allende los mares y sobre todo con sus formas, hasta llego a adivinar la cara de Cate Blanchett haciendo el papel de Elizabeth I de Inglaterra… Seguro que las drogas no ayudan, y eso que soy el más recatado, el que más se corta a la hora de meterse. Ha llegado la hora de probar la fría agua del Cantábrico. Eso sí que será un buen despertador. Salgo corriendo y tiritando tras dos minutos de intenso chapoteo y ardua lucha contra las olas. Me refugio en el calor de la toalla. Sonrío al darme cuenta que una familia que acababa de irse se había olvidado La Nueva España. Me apetece mucho leer todo lo que cuenten acerca del concierto, y miro el reloj casi instintivamente. Cinco horas de cuenta atrás.

Cinco horas a. de C.

Julio ya no ronca, aunque yo ni me doy cuenta de ello. Sencillamente, leo lo que en el periódico me cuentan sobre Manu Chao. Estoy recordando aquella memorable actuación de Junio del ’90 en El Parque del Piles. Eran otros tiempos; yo estudiaba, y Manu era eManu Chao directo Gijón 1990 - El Pilesl líder de Mano Negra. Hasta fotos tengo de aquel glorioso día… pero Julio ya no roncaba, y Carlos se acaba de despertar, me dice que se va a dar una reparadora ducha allá al fondo de la playa. “Vale”, digo yo. “Despierta a ése”, me dice él. Pero todavía espero un par de minutos para así terminar de leer aquel interesante reportaje. Cierro la Nueva, y ya me dispongo a despertar a Julio, que, como ya se sabe, no despertará más. Mantengo la calma y espero que llegue Carlos de la ducha. Sólo pienso que el hijo puta de Julio puede que nos acabe de joder el concierto del año, lo que tantos días llevamos esperando tan ansiosamente. No es justo, y como así lo decidimos Carlos y yo por unanimidad,  llegamos a la dura aunque lógica determinación de seguir adelante con lo que ya estaba planeado. Muy sencillo, Julito al maletero; mochilas en los asientos de atrás, y camino hacia Gijón, que la playa de Poniente nos estaba esperando (además, Julio seguiría estando muerto al cabo de unas horas, así que…).

Nada más justo que reconocer, ahora, con la mente ya fría, que el pobre Julio no tuvo la culpa de los hechos que paso a relatar a continuación. Era domingo, nueve de septiembre, día posterior al día de Asturias. Estábamos en Llanes… primera retención de tráfico de camino a Gijón: fiestas en Arriondas. Veinte por hora; parados; otra vez veinte por hora; de nuevo parados, y así desde cinco kilómetros antes de Arriondas hasta Lieres… La autopista nos liberó de aquel calvario. Pusimos el BMW a 140 a las once menos cinco. El concierto había comenzado a las nueve y media de la noche. Nos mirábamos Carlos y yo, y sin decir ni palabra sabíamos en aquellos momentos que Julio tenía la culpa de todo aquel desastre. Suya había sido la idea de ir a Llanes el sábado anterior por la tarde. Nos había convencido vilmente, y ahora, no sólo estaba muerto, sino que nos había jodido el concierto de nuestras vidas, el concierto del siglo. Nos habría encantado que estuviese con vida en aquel momento, porque así podríamos haberlo Manu_Chao_concert_xixonmatado con nuestras propias manos. Aún pudimos disfrutar de tres cuartos de hora de Manu Chao. ¡Tres míseros cuartos de hora! Sí que al menos habíamos tenido suerte para encontrar aparcamiento cerca de la playa de Poniente. Incluso Julio había disfrutado de Manu desde la oscuridad del maletero del BMW de Carlos, porque dicen que los muertos pueden seguir oyendo unas horas después de haber fenecido… Qué más da ya. Tras cuatro horas de atascos, de retenciones, de acumular adrenalina dentro de un estómago vacío de comida… pues eso, no se nos ocurrió nada mejor que hacer que tirar al imbécil de Julio por el acantilado que está donde el Elogio ese del Horizonte. Es que yo había leído una vez en el periódico que allí se había suicidado una chica, por las notas creo recordar. Y nos pareció una buena idea para quitarnos literalmente el muerto de encima. Como íbamos a saber que tenía el rollo ese de la narcolepsia. Para ser sinceros, inspector, yo no me considero un homicida… Hombre, involuntariamente sí que podrá parecerlo, pero jamás habría hecho algo así de forma consciente, y creo que Carlos tampoco. No conocíamos tan bien a Julio como sus padres quieren hacerles entender… ¡Qué se yo, joder! Si lo único que me sigue jodiendo hoy en día es no haber podido ver todo el concierto. Venga, estoy ya muy cansado, dígame donde tengo que firmar… Aquí… Vale, de acuerdo. No, no hace falta, de todas formas, eso teníamos que haberlo pensado antes, que Julio está muerto, por el amor de Dios…

VIAJES AL FONDO DEL ALSA – PARTE XXXV (SCHOOL’S ALMOST OUT…)

Domingo 21 de junio de 2015.

¡Albricias!, interjección pelín pija que se utiliza un fin de semana en Asturias cuando ves que el sol no es sólo ese ajeno huevo frito que ponen en la información meteorológica por la zona del levante.

Decisión en firme, a Gijón a la playa.

Viaje de ida

Perdemos el primer alsa porque tan sólo quedaban dos sitios cuando éramos cuatro, toda la familia, los que íbamos. Al menos quedamos en pole position para el siguiente. Viaje normal, de algo de lectura y contemplación de paisaje astur bajo la luz de un sol radiante, para variar. Llegamos a la estación de autobuses de Gijón.

  • ¡A QUIÉN LE LLAMAS TÚ CHUPAPOLLAS, IMBÉCIL!
  • A ti…

Y de repente, un empujón que casi nos saca por la puerta a cinco personas en tropel. Gracias a mi envergadura, puedo frenar a una pobre adolescente que, de lo contrario, se habría ido de bruces contra el pavimento.

– ¡QUE ERES UN MIERDA, QUE TE VOY A REVENTAR LA CABEZA, HIJOPUTA!

00 girl fighting boyBrama con violencia una chica de unos treinta y cinco años, en bikini desde mucho antes de la playa, que ya había subido al autocar introduciéndose el dedo índice de su mano derecha a modo de pseudo mamada mientras miraba desafiante al resto del pasaje. Va acompañada de un francés que, más que ir a la playa, parece que va a hacer hoy mismo la ruta de los Apalaches, demasiada ropa para tanto calor sin ser el Doctor Livingstone, supongo. Ya fuera del autocar el gabacho se dirige a mí.

  • A ver si contgolamos mejog a su hijo.
  • ¿Cómo? Mis hijos están dentro, todavía no han salido del autobús.
  • Eh… Ah, pegdone, cgeía que… Mil pegdones, ya sabes, sang-gue caliente, ufff – y hace un gesto así como premonitorio moviendo su mano derecha rápido de arriba abajo poniendo cara de silbido preocupado, como previendo el día que se le estaba viniendo encima.

El guaje que llamó chupapollas a la chica, y que por un momento alguien nacido al norte de los Pirineos incluso llegó a pensar que era mi vástago, ya ha huido de la escena. Ahora, con mucha vehemencia, la chica se queja amargamente a dos guardas de seguridad que se han acercado al intenso olor del alboroto. Nada más que hacer u observar allí. Nos vamos para la playa de San Lorenzo. Ya huele casí como a vacaciones, ¿no?

Viaje de vuelta.

Bastante cola para regresar a Oviedo a eso de las ocho de la tarde. Según mis cálculos, entramos los cuatro de sobra en el siguiente, aunque tenemos bastante gente delante de nosotros en la fila. ¡Bien, primera batalla ganada! Llegamos al fondo, tenemos sitio juntos de dos en dos. En la última fila, cuatro adolescentes de 4º de ESO discuten amistosamente sobre sus notas de fin de curso y acerca de las asignaturas optativas que van a tener que elegir en el primer curso de bachillerato. Se levanta el conductor para contar el número de asientos que quedan libres. Son tres. Suben un padre y su hijo y otro paisano ajeno a ellos. Yo, en el asiento de pasillo de la penúltima fila, a la derecha, veo como el señor simétrico a mi posición en el autocar se levanta y dice, “el niño aquí, que yo soy muy grande, y dos grandes juntos van incómodos.” Lleva en su mano un libro sobre el Románico en Asturias y una película en DVD que no alcanzo a distinguir. A partir de este momento, que fluya el diálogo. ¡Atención!

Chico 1: Pues yo de momento sólo sé que apruebo Inglés y Ética.

Señor Grande: Eso está muy bien. Con esas dos materias superadas ya puedes viajar sin problema por todo el mundo.

Chico 1: Ya, me imagino.

Señor Grande: Hablo de ética, de la de verdad, no de eso de lo que presumen ésos que llamáis cracks, que no son más que unos minusválidos intelectuales… Sí, sí, el Messi ese y el Cristiano. Nada de nada en sus cabezas, sólo serrín.

Chico 2: Ya.

Señor Grande (mirándome y dirigiéndose ahora a mí): ¿Ves? Me parece que habría que ponerles esta película, ¿no te parece? (Me enseña una copia de Matar a un Ruiseñor, de ésas que daban hace tiempo con El País.) ¿La conoces?00 atticus & scout

Yo: Claro, el gran Atticus Finch.

Señor Grande: Ése sí que es un hombre con principios, rediós, aunque sea abogado. “Uno no comprende realmente a una persona hasta que no se mete en su piel y camina dentro de ella.” ¡La hostia en verso! Aunque yo prefiero la novela de Harper Lee, lógicamente. ¿La leíste?

Yo: Sí, hace ya unos años, sí.

Señor Grande: ¡Qué importante es leer, coño! Niño, que te veo aburrido (se dirige al niño que subió en el último momento y que se sienta a su lado mirando distraído por la ventanilla.), ¿quieres leer un poco sobre el Románico en Asturias?

Niño: No me gusta leer.

Señor Grande: Ay…

Transcurren unos diez minutos en silencio. Señor Grande lee con detenimiento lo que ese libro antiguo le tiene que enseñar acerca del Románico Astur. Se acabó el silencio. El niño juega ahora con un globo amarillo del MacDonald’s haciendo con ello bastante ruido, y muy molesto. Shhhñiiieeek, de ese aire que va saliendo a duras penas por la boquilla casi cerrada. Su padre le riñe a voces desde varias filas más adelante. “¡Iván, para ya, joder, deja de molestar con ese puto ruido!”

Señor Grande: Iván… ¿Sabías que Iván es Juan en ruso?

Niño: No, ni idea.

Señor Grande: Pues sí, así es. Iván IV, el creador del estado ruso, el primer Zar, más conocido por el sobrenombre de “El Terrible”, ¿y sabes por qué le llamaban El Terrible?

Niño: No.

Imagen de Iván el Terrible, Primera Parte (1945), de Serguéi M. Eisenstein

Imagen de Iván el Terrible, Primera Parte (1945), de Serguéi M. Eisenstein

Señor Grande: Porque era un psicópata. Estaba loco, tan loco que hasta mató a una de sus esposas a puñetazos. Todo el mundo le tenía miedo. Y te preguntarás, “¿por qué este señor que tanto habla sabe todo eso?” Pues muy sencillo, Iván, porque leo. Llevo leyendo a diario más de cincuenta años. Ahí radica todo el saber.

Niño: A mi no me gusta leer.

Señor Grande: Ya. Es muy triste. Así nos va. Vivimos la época del chandalismo ilustrado. Premiamos a gente que patea pelotas y no a la gente que aporta sabiduría e intelecto a la humanidad. Muy triste. Ahora os gusta mucho más flexionar que reflexionar. Piénsatelo bien, Iván, piénsatelo bien. Un libro es mejor amigo que un balón.

Llegamos a la parada del Milán en Oviedo. Ahí nos bajamos más de la mitad del autocar, incluido Señor Grande. La cara de Iván es un poema. La de los cuatro chicos que a punto están de finalizar la Educación Secundaria Obligatoria también. Más que un poema, parecen recién sacados de un pasaje sombrío de La Tierra Baldía, de T. S. Eliot. Callados, cuasi petrificados. “Adiós, chicos, no os olvidéis de leer en verano, aunque se haya acabado la escuela, que es el único entrenamiento que os hará libres”, les grita ya desde la puerta. Yo voy justo tras su estela. Se despide también de mí con un fuerte apretón de manos. Parece tener prisa por llegar a casa y ponerse a ver al Atticus Finch tan magistralmente interpretado por el gran Gregory Peck. Ya se huele el perfume intenso de las vacaciones de verano.

School’s out for summer.

School’s out forever.

School’s been blown to pieces…

VIAJES AL FONDO DEL ALSA – PARTE XVI (DÍA DE ASTURIAS)

8 de septiembre de 2014. Como suele ocurrir cuando se acaban las vacaciones, en Asturias “fai un sol de carallo.” ¿Qué hacer? Lo normal, irse a Gijón a pasar el día de playa, paseos, parque lleno de ardillas y pájaros, toboganes, columpios y tirolinas… unas cañas, que no falten.

En la estación, por lo extensa de la misma, la cola para Gijón tiene un aire a la del INEM. Una pareja de hindúes me preguntan despistados, “¿es Hihón?”; “Sí, sí… yes, yes”, les contesto yo haciendo uso de mi bilingüismo armónicamente activo. La cola avanza, sinuosa, un armonioso dragón multicolor. Delante de nosotros, un chico con unos cascos que abultan más que su cabeza canta a viva voz “jayy güeiii de taim of mai laaaaaif.” Detrás, la pareja hindú, él con turbante negro y perilla muy arreglada, ella con vaqueros y una camiseta. Llegamos a la altura del conductor pensando que ya no van a quedar sitios para los cuatro. “No, no, si aún quedan diez.”, dice el ‘alsero’ todo orgulloso de su vehículo. Subimos al rebufo del chico de los cascos, que sigue con su particular “Derty Dansing”; suben los turistas de la India buscando sitio. Mis guajes, que a la hora de subirse a un alsa son la mar de espabilaos, encuentran asiento juntos, parte trasera, claro. Nuria encuentra otro y yo también. Coloco mi mochila a mis pies, me acomodo, miro a mi derecha y allí veo al chico de los auriculares king size (delgadísimo, manos huesudas, tatuajes talegueros, dientes que viajan en perfecta alternancia del amarillo más tenue al marrón más sospechoso…) al lado del hindú, que se agarra al reposabrazos como si fuese éste un salvavidas en pleno naufragio. Sucede lo inevitable (y a voces, porque, como ya sabemos, los extranjeros sólo son “capaces” de entender el castellano cuando se les habla muy alto y muy despacio):
– ¡De la India, no?
– Sí, sí… yo…
– ¡Qué bonito! ¡Qué grande! ¡Debe ser muy bonito, no?
– Banita? Mi no españolo speak…
– ¿Conoces al Gran Cali? ¡Vaya máquina! ¡El mejor luchador de restlin; no hay quien lo tumbe, tío! ¡Yo, muy fan, muy fan! (Me informé a posteriori, The Great Khali, nacido en India, de 2 metros y 16 centímetros de estatura; luchador de la WWF.)the-great-khali
– No, no no sa mí… (Ya sudando el pobre la gota siguiente a la gorda.)
– ¡Esa mano, colega! ¡Cómo mola la India, joder! ¡Tenía que haber más países como la India!
Y se dan la mano, y el chico vuelve a colocar los cascos sobre sus orejas… “¡Dame veneno que quiero morir, dame veneeeenooo!” (mi instinto me hace buscar sin darme cuenta a Faemino y Cansado, copa en mano.)
La pareja del chico del turbante y la perilla, sentada tres asientos más adelante, busca la mirada de éste, le envía una sonrisa y un beso; él se tranquiliza, cierra los ojos y se dispone a disfrutar de la banda sonora… Me dan ganas de decirle, “relaja, que el viaje es muy corto.”
– Oye, en Gijón habrá más gente que en Oviedo, ¿no? – me dice el chico tras apartarse el auricular de su oreja izquierda y tocarme en mi hombro derecho – Es que estuve por la plaza del Ayuntamiento y estaba mu muerta, tío…
– Gijón va a estar mucho más animado, no te preocupes.
– Pos gracias, colega.
– No hay de qué.
– ¡Esas cinco, macho!
Al salir, casi me tiro en plancha y beso el suelo… pero no, mis hijos están delante, debo ser un buen ejemplo para ellos.