GRÚAS CONTRA CRISTALES ROTOS

13087581_1175715629119600_6726704822570741187_nperdida
una lengua más 
con el mensaje de las grúas:
queremos vivir
en la penumbra
de las nubes:
en el cielo desconocido
que no dibuja
pájaros que vuelan
ni ramas de árboles 
que desafían
la gravedad imaginaria
del peso muerto
de hojas que ya no son:
lenguaje perdido
de grúas que nos hablan
de abismos imaginarios
y jaulas diseñadas
para humanos destilados: 
reserva de la especie
vicio contenido
agarrado a pliegues
de nubes
adictas a la lluvia
esa morada ajena
a todos esos globos
que presos de helio cabrón 
visitan mausoleos
alejados: fetichismo
animado 
de esporas secas
sobre ladrillos amarillos

 

13147540_1182737995084030_2348710974395801839_ocristales rotos: 
ventanas abiertas 
que forman mapas
de países inventados
mutilados por piedras
que agonizan 
sin aspavientos
en su mismo interior:
anodino y borracho
de decalitros 
de fronteras
dibujadas
a pedradas: 
en su intestino
grueso
se asienta
el reloj mancillado
el grito de rotaciones
bestiario insurgente:
lápida efímera 
de la leche condensada
de vuestra mueca infinita:
desagrado constante
de civilizaciones limpias
que viven del recuerdo andrajoso
de un par de mamadas 
a los palos cruzados 
que soportan con levedad
un peso aliviado
por la lluvia intensa
de rocas
de balas 
oxidadas
lanzadas por cañones
también oxidados: 
como no sé 
si sabes 
que lo sé: 
ya me quedo dentro
a esperar
bien ventilado
tu próximo ataque
pleno de piedras
lleno de gracia 

 

HABITUACIÓN, CUAL CEBOLLA RECIÉN CORTADA – PARTE VIII

VIII.

Si dejo que mis dedos se pierdan en lo intrincado de tu mundo,

si ato a mi caballo a una valla con ristras de ajos,

y si no como verduras por no ser como ellos,

entonces me habrás vencido y yo te entregaré las llaves de mi ciudad.

Si decido hacer deporte porque me veo gordo,

si como tocino frito en pura manteca de cerdo,

y si no quiero ver las películas que a ti te gustan,

al final no seré más que la flecha de un Navajo clavada en tu puto culo.

Prefiero la venganza de la Naturaleza

a la hipocresía hecha lengua, hecha habla de los humanos.

Si me pongo a nadar,

tú te encargas de variar el rumbo de la corriente.

Si muero antes que tú,

que no me entierren bajo una cruz,

que yo ni creo ni padezco,

que así nací y he de morirme con ello.

Mi cuerpo para la ciencia,

para que los estudiantes jueguen con mis nervios

sin sacarme de quicio…

para que puedas venir a verme y sentir tu culpa.

Formol inundando mis pulmones,

conservando a duras penas el tono negro de mi bofe.

Qué te puedo pedir, si mi boca no articula;

qué puedes hacer por mí, que no te cueste sufrimiento.

Venga, date la vuelta y suelta tu pelo,

antes de que llegue alguien más y te lo corte.

Desde mi ventana veía arder los árboles.

Y no podía hacer nada por ellos,

ni siquiera sentir su calor que quema,

ni siquiera poder hacer llagas de su lumbre.

Erudito entre miles de esclavos,

preso de tu mirada fulgente,

dios enano de una irritante carrera

hacia el infinito, hacia los confines de tu satisfacción.

Ahora abro mi ventana y los veo,

al fin puedo verlos,

entonces cerrar mis ojos

no resultará incomprensible,

y todo aquel humo lejano

pasará a formar parte de mi eterna respiración,

de mi sangre,

de mi pútrido futuro;

no hay futuro,

porque todos aquellos pinares

arden bajo tu indulgencia.

Ni siquiera los que lo intentan

bajo el peso de su perenne sueldo

lograrán cambiar la dirección del viento

que se lleva, que se va llevando incrédulo

toda esperanza de vida eterna,

a la vera de tu desatinada miseria.

Por favor os lo ruego,

Que la última persona apague todas las luces

(incluidas las de mi imaginación).

HABITUACIÓN, CUAL CEBOLLA RECIÉN PICADA – PARTE VI

VI.

Yo no soy ni la resurrección ni la vida,

la muerte viaja imantada al bolsillo trasero

de mis pantalones vaqueros.

Yo soy el déspota de la ilustración,

el sátrapa enganchado al mundo de tus sueños,

el vengador justiciero

y todos sus secuaces,

el vagabundo, el que invierte en pobreza,

el soldado que lucha por tus pañuelos,

por beberse cada una de tus lágrimas,

por arrullarte al calor de una chimenea imaginaria.

Yo soy la hipocresía personificada,

el rito solapado de la mentira,

del ocultismo, de las ciencias desconocidas;

el pragmatismo hecho hombre,

la bienaventuranza de tus fronteras,

la comida de perro hecha caviar,

el barro de tu cuerpo,

el moldeado de tus cabellos,

el anuncio de tu vejez,

de tu muerte,

de tu inexistencia.

Yo soy la mancha de tus bragas,

la mierda que se pega

a las suelas de tus zapatos;

tus jugos gástricos y tu orina,

la cera de tus oídos,

el dulce susurro de tus castigos,

el embrión arrancado de tus entrañas;

el embrujo de tus predicciones más oscuras…

el límite de tu tenebroso bosque,

de tus tinieblas,

de la humedad de tu sexo,

de tu boca llena de amor.

Amén.

Si una canción no sirve,

entonces grabaré una sinfonía

de aullidos lamentables,

un “Rock’N’Roll Nigger”,

un “ouside the society”

de sustos irrepetibles,

de larvas entumecidas.

En lo más hondo del pozo sin fin,

un eco restalla dentro de mi sabiduría.

Es él, el Dios que me castiga.

“¡Tú no existes, no eres…!”,

le grito enojado, violentamente exaltado.

Él no me responde porque teme mi indiferencia,

porque sabe de mi suerte.

A sus ángeles castrados

me los paso yo por el filo

de mi cuchillo afilado,

de mi navaja vengativa,

de mi odio sin aduanas,

sin límites territoriales.

Le lanzo una piedra

y el eco me devuelve un ¡ay!.

Al final del camino, resulta que no era etéreo.

Temo que no sea más que un minero

que pica y pica carbón,

del que sale de las paredes de mis arterias,

de mis venas,

de mi paciente colesterol,

labrado arduamente tras

los litros y litros de grasa

que han entrado en contacto con mi feo cuerpo.

Por si pretende olvidarme

y olvidarse de matarme un día,

yo voy a encender otro cigarrillo.

Uno más, tan sólo uno más…

ya lo dejaré mañana.

HABITUACIÓN, CUAL CEBOLLA RECIÉN PICADA – PARTE II

II.

¡Cuánta basura nos inunda!

Da igual adónde mires,

tu vista sólo será capaz de ver mierda,

a pesar de tan dignos envoltorios,

a pesar de la buena voluntad de unos pocos.

Ya he encontrado mi pensamiento positivo,

pero seré egoísta y no lo compartiré con nadie.

¡Qué me enseñaron del cielo? ¿De Dios?

Nadie ha regresado, me parece, del más allá.

El niño le pide a su padre que le cuente una historia,

que se invente un cuento bonito que le ayude

a adentrarse en los laberintos imposibles del sueño.

Pero el padre no quiere, no sabe… no puede.

La impotencia rige el mundo,

su funcionamiento,

sus vueltas programadas alrededor del astro rey.

Si no crees en el destino, invéntate entonces un planeta

donde tú seas rey y vasallo, tirano y oprimido,

asaltante y asaltado,

explotador y explotado,

mierda y agujero del culo;

pene y vagina;

homo, hetero,

hermafrodita ante la eternidad,

a tus pies,

en el mismo horizonte,

nunca más lejos;

siempre tan cerca

aunque tan inalcanzable.

Como si te lo hicieses con tu propia madre,

con tu hermana, con tu padre y tu abuela,

a la vez, en el mismo lecho verde.

¡Ataquemos con saña el pensamiento teledirigido!

¡Odiemos sin tapujos todo lo vano!

¡Seamos violentos, joder!

De vez en cuando e incluso más a menudo,

un buen puñetazo en espiral

puede cambiar alegre nuestra fisonomía.

SOR FURCIA EN EL ATASCO MENTAL

Sor Furcia en el atasco mental

enseña a sus alumnas

que el ser humano es bueno

por antonomasia.

Dos niñas se rebelan,

lanzan sus cuadernos

con violencia

contra el encerado.

Sor Furcia se altera,

ya no siente

ese perenne hormigueo

que tanto fustiga

los maltrechos dedos de sus pies.

No es el nombre,

ni es tampoco el padre.

¡A la Madre Superiora,

ahora mismo!

Sonrisas a su paso,

austeras en el gesto,

confiadas, seguras de sí mismas.

¿Qué puede taladrar un castigo

ante la tenebrosa perspectiva

de un matadero más que seguro?

Sor Furcia se toca

poco, poquito,

a solas, casi cada noche.

Sólo ella lo sabe,

por eso no reza,

ni se lava luego

con agua bendita.

Un último gemido,

desde lo más hondo

de una ternura inexistente

mientras desde la lejanía

de una oscura aula de castigo

una voz aguda canta

con fuerza y atino

Aquella que empezaba

“si tú me vienes hablando de amor,

que dura es la vida

cual caballo me guía…”

La Madre Superiora ruge

como posesa,

escaleras abajo, rauda,

ceñuda, hipócrita, acelerada,

rancia virtud

de la pertenencia eterna

al mundo infalible de los hombres,

de verdades que ni a medias

serán jamás refutables.

nuns

“¡Mira, imbécil, que te den por culo!

¡Me gusta ser una zorra…!”

Y ahora Sor Furcia está feliz,

sin hormigueo ya en los dedos de los pies,

leña va, hostia viene,

que la violencia bien educada

nos hará seres de bien,

temerosos, bondadosos

y sin piedras de culpa

que expiar en pozos

que rebosan de algodón

demasiado azucarado.

Y ahora, te alejas al instante

de mí,

de la plebe maldita

porque te tengo que decir

que yo ya no quiero

ser nunca más tu perra.

C’MON PILGRIM! (WHERE IS YOUR MIND NOW?)

  • Si nos dijeran ahora mismo que en un par de horas se acaba el mundo y que puedes elegir a una de esas tres tías que van delante para follártela, ¿a cuál elegirías?

Romualdo, que se encuentra en ese mismo instante haciendo el Camino de Santiago no ya por pura convicción religiosa, sino por unirse sin protestar a sus dos amigos del alma, Santi y Ernesto, que llevaban planeando una ruta Jacobea de amigotes unos cinco años, no se digna ni a contestar siquiera con un gesto de fastidio a la pregunta de Santi, que gusta de “amenizar” las jornadas con planteamientos tan estúpidos y de salidos como éste. Ernesto marcha rezagado con su rodilla izquierda un tanto maltrecha.

  • Pero así, eh, vistas por detrás, nada de elegir pudiendo verles las caras, ¿cuál, eh? Yo, sin duda alguna, la de la derecha, que se ve a leguas que ese culo está pidiendo polla a gritos.

Y con las mismas, Romualdo acelera el paso. “Espera tú a Ernesto, que yo tiró hasta el pueblo y ya os espero en el albergue”, y en breve adelanta a las tres chicas, las mira y las saluda con un educado “buen camino, peregrinas”, y luego sonríe porque se da cuenta de que la elección de su amigo Santi no habría sido la más acertada; “que se joda”, piensa mientras ajusta bien a la espalda su cargada mochila.

Romualdo llega al pueblo, sigue las indicaciones que le van llevando de concha a concha. Se siente cansado, ya son muchos días de caminar y más caminar bajo un sol abrasador, de esos que definen las olas de calor, acumulando una gran colección de ampollas en sus pies, algunas seguro que hasta repes, cree él, que ya ni sitio queda para una más. Pasa al lado de la iglesia de la Plaza Mayor silbando bajito “Blister in the Sun”, aquella canción de los Violent Femmes que siempre pinchaba en las fiestas del Colegio Mayor San Gregorio para indicar que acababa su sesión, como aviso para que Ernesto anduviese listo ya que a partir de ese momento llegaba su turno como DJ.

Ve el portón abierto y decide entrar, más que por el interés que el templo haya despertado en él, por poder pasar unos minutos en el agradable frescor católico de su interior antes de arribar al albergue, ducharse, cambiarse de ropa e irse a tomar unas cañas o unos vinos por el pueblo con sus inseparables Santi y Ernesto. Se queda al fondo, tras una columna, resoplando del alivio que el cambio de temperatura provoca en su ser. Observa como una peregrina japonesa se dispone a irse ya justo después de persignarse de una manera harto extraña, con genuflexión oriental incluida, piensa Romualdo, “o quizá sea que ya ni me acuerdo de cómo coño se hacía… o que se le mezcla a la paisana el gesto con el rollo sintoísta, ¡qué sé yo!”, acaba por reflexionar para dar por zanjado el tema. Como cree que ya estuvo bien de iglesia, se da la vuelta ya para enfilar directamente hacia la puerta, aunque, ¡PLONK!, no puede ser, ya que una señora aparece casi de la nada y va y la cierra de repente. Abre la boca Romualdo para emitir raudo un sonoro “¡ESPERE!”, pero de su boca no sale nada ya que escucha como desde el altar otra señora, de unos 70 años, grita “¡Eduvigis, ven aquí, anda, que hay que sacudir el mantón del Cristo, que está de polvo hasta los cojones!” La curiosidad, sí, la misma, le obliga a permanecer impasible tras una columna que, parece ser, lo oculta de la vista de las dos mujeres.

  • ¡Vooooy!
  • Y, oye, ¿qué habrá sido del hijo de Restituta, la del molino?
  • Ay, hija, yo no sé, pero me dijo mi Ramón que se había casado con otro hombre y se habían ido los dos a vivir a Holanda.
  • Jooder, ¡cómo está el patio, Eduvigis, ya no queda nadie normal!
  • Espera, coge por ahí, no se vaya a caer el Cristo y armemos aquí una cojonuda.
  • Ahí, ya, lo tengo, tira.
  • ¡Yastá!
  • Ay, Dios, ¡cómo está!
  • ¿Y tu hijo, sigue por Barcelona?
  • Sí, hija, sí. Llegó el sábado, va a estar un mes por aquí.
  • Vino también en febrero, para el entierro de Don Dositeo, ¿no?
  • Sí, sí. Yo no le dije nada, vino él porque quiso, que conste.
  • ¿Y tú crees que lo sabe?
  • ¿Qué sabe qué?
  • Lo de Don Dositeo, el cura, que era su padre.
  • Ah… Yo nunca se lo dije, pero creo que sí que lo sabe…
  • En el pueblo, aunque siempre se supo, también se respetó mucho eso, eh… que nadie nunca le dijo nada ni se metió con él por eso… Además, Don Dositeo mandaba lo suyo, ya lo sabes.
  • Lo sé, lo sé. Yo os estoy muy agradecida a todas por ello, lo sabes.
  • Ay, Remigia, que todo el mundo sabía muy bien como era Don Dositeo, que no fuiste la única… bueno, la única que tuvo un hijo suyo, sí, pero otras bien que subieron arriba a la aldea a quitárselo donde la compostora, que lo sé yo de muy buena tinta.
  • Es que era muy guapo, el cabrón, hablaba tan, tan bien… y desde ese confesonario te tiraba los trastos y caías, ¡vaya si caías! Tú no, claro, que ya tenías a Ramón, pero las demás, como tolas.
  • Ay… Bueno, esto ya está listo. Yo casi que me voy ya, que tengo que ponerle la cena a Ramón.
  • No, no, si yo me voy contigo, que aquí ya no hay nada más que hacer.

Poco antes de llegar al portón, Remigia se da cuenta de la presencia de una figura humana real que se agazapa contra una columna, a su izquierda.

  • ¡¿Quién anda ahí!?
  • P-p-p-peerdón. Soy un peregrino, Romualdo, entré aquí y al poco ustedes cerraron la puerta y…
  • No se preocupe, que ya le abro yo… ¡Hasta mañana, Eduvigis, ya cierro yo!
  • ¿Se quedará usted en el albergue, no?
  • Sí, sí. Hacia allí voy ahora.
  • Pues nada, buen hombre, buen camino… y mucha suerte.
  • Muchas gracias y buenas tardes, es usted muy amable.

Y con las mismas, Remigia observa al peregrino avanzar calle abajo en dirección al albergue, cierra con llave el portón de la iglesia y se va para casa por el callejón estrecho que se encuentra a la izquierda del templo.

  • Buenas noches, perdona.
  • ¿Sí? Buenas noches.
  • ¿Sabes si está aquí Romualdo, un peregrino…? Vaya, no recuerdo ahora sus apellidos.
  • A ver… Sí, aquí hay un Romualdo registrado, Aguirre, Romualdo Aguirre.
  • Ya sé que es tarde, pero es un asunto muy urgente, ¿podrías avisarlo?
  • No sé… sí que es un poco tarde ya, ¿no crees?

Y justo en ese mismo instante llega Romualdo al albergue, un poco ebrio, que se ha tomado más chupitos de orujo de los que en principio serían aconsejables…

Las noticias hablarán de un segundo caso de persona desaparecida mientras hacía el Camino de Santiago, Romualdo Aguirre, ambos casos sin resolver, ni la estadounidense Denise Pikka Thiem, desaparecida en Astorga tres meses y pico antes que Romualdo. Se reforzará la vigilancia a lo largo de la ruta Jacobea, policía a caballo, más controles, en fin, que no cunda el pánico, que el Camino da de comer a muchas familias… y estos casos que parecen como de película policiaca no vienen nada bien, ¡hostia ya!

Nadie sabe, ni sabrá jamás, que Romualdo Aguirre Olarticoechea duerme el sueño eterno en el panteón de la familia Quiroga-Yáñez, compartiendo ataúd, justo encima de Dositeo, aquél que había ejercido como párroco en el pueblo desde 1969 hasta 2003, y todo ello por gentileza de Andrés, el hijo de Remigia, la de los Chocolate, que se encontraba por allí, como suele hacer cada año, pasando el mes de julio. Bien lo saben en la Universidad Pompeu i Fabra de Barcelona, a Andrés Cifuentes Raimóndez, hijo único de Remigia Cifuentes Raimóndez, profesor titular de Fonética y Fonología de la lengua inglesa, al igual que le ocurría a su difunto padre, nadie le toca nunca los cojones.

SMARTPHONE ASS MADONNA

Virgin Mary to Major God,

Take your E’s and wizz and log your smartphone on…

 

Calla, osada, no hables,

Y menos aún en esas lenguas paganas,

Herméticas,

Heréticas y saqueadoras de sí mismas,.

Ahora escúchame,

Abre bien alto tus oídos.

No vine aquí para quedarme,

No soy parte de esas máquinas,

Inmundas, infectas,

Ladinas y perversas,

Ni siquiera soy porque estoy,

Ya que ni estoy ni nunca he estado.

Ningún viaje es en vano,

Mas el mío fue tan eterno como inexistente,

Odisea inventada de neurona agradecida.

¿Escuchas ahora ese motor rugiente?

Agárralo, con fuerza.

¿El destino, tú crees?

Ahora tócalo, así, sin levantar tus dedos

De su superficie.

¿Qué sientes?

¿Es poder? ¿Acaso miedo?

Es como una virgen

A la que acarician por vez primera

Y se abre sin premura al contacto

Tierno y decidido

De una silueta impropia

Ajada de tiempos pretéritos

Alejados sin fervor de sí mismos,

De sus propias circunstancias,

De sus innombrables miedos.

¿Ahora, ya crees en mí?

Me parece bien, más que bien incuso diría,

Aunque yo jamás

ni un puto pelo me fiaría

De la nada que nunca ha sido

Ni será jamás mortal en tiempo infinito.

No busques más los límites,

Que ya los he construido yo misma,

Con tus lloros, con ese faldón

Dejado a la intemperie

Por esas manos rudas e ilimitadas.

Arrodíllate y contempla extasiada

La magnitud de su poder.

Hiere, asusta, destruye, aniquila

Mentes demasiado maduras,

Al borde mismo de la severa putrefacción.

Me voy,

Te quedas,

No le cuentes a nadie

Que la mentira vive en mí

Y translúcida en la oscuridad

De toda vuestra mierda seca

De herejes destructores de almas

Que no son, ni serán.

Apago ésta, mi mentira caduca,

Y te dejo sola y lejana.

 

This is Virgin Mary to Major God…

Fuck you, cunt, I’m not stepping through the Door…

Otro poema inspirado por una imagen de Juan López de Ael propuesta por Hélène en La Poesía no Muerde. No sé por qué razon extraña, pero fue ver esta imagen y llegarme a la mente Bowie con su Space Oddity… El resto, puro existencialismo casi racional.