THAT ELEGANT MAZE

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Time would never allow it,

I suspect,

Underneath this influence,

So save the best to the last,

Those ordinary voices

Walking north,

An experimental cure

For an acute sense

Of frozen absences.

Upstairs

They organized nothing,

Which reminds me

Actors began removing

Their pointless masks

From their ugly faces.

A pause,

And shadows appear now,

Black and white,

Ancient times

Which belong now,

To this screen

Filled with light again;

Eyes lingering a dry moment

On ours;

A compliment,

So motionless,

That she is watching me now,

And I look down.

I am the master of

The art of not condescending,

Expert bluntness

For dead periods

In an awkward

Prisoner-of-war camp.

No matter what,

My words are just meaningless,

A revised version

When they disappear

Inside the isolated trenches

Of these imperceptible holes

Of their true selves.

Not yet the other side

Of our infinite discontent,

Therefore, you glisten

As I stare, deeply amazed,

At the intense brightness

Of  the pendulum

That imposes

The atonement of your distance.

BLUE MONDAY? MY ARSE!!!

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La pseudociencia crea una fórmula matemática cuyo resultado indica que el tercer lunes de enero es el día más triste del año. Me alegra saberlo, porque hoy me había levantado contento, con cara de emoticono gilipollas con sonrisa casi de Joker. Por descontado que he cambiado mi expresión y he buscado entre las canciones que tengo almacenadas en mi móvil aquellas que son más tristes. Hoy es un día para rebozarse uno mismo en la pocilga que nos habita al escuchar al Antony de Antony and the Johnsons, disfrutar de las letras más alegres de Morrissey (“Oh, mother, I can feel the soil falling over my head…”), salir a la calle poco abrigado, sin paraguas, caminar lento, mirando al suelo y buscar en la mirada de los demás nuestra propia miseria reflejada… ¡Y una mierda! No fucking way!
En un Nuevo Orden, el “Blue Monday” se transforma, matemática inversa aplicada, en un himno a la positividad de lo nuevo frente a lo viejo. Consecuentemente, me cago en la Universidad de Wichita y en todos los estudios imbéciles que sólo sirven para llenar los días de noticias sin sentido. Sólo falta ya que quedemos “incomunicados con la Meseta.”