DAS BLAUE LICHT

Estuvimos todos allí, en Nuremberg, en el ’33, en el Campo Zeppelin, emocionados, en puro éxtasis místico, casi llorando ante la catarsis que allí se produjo, aunque, no nos engañemos, ya se la veía venir de lejos. Mi primo, que trabajaba como camarógrafo para Leni Riefenstahl, nos reunió a todos para el viaje de vuelta. Nunca supimos en realidad qué extraña fuerza hipnótica nos imantaba hacia aquello. Su inmenso poder de succión era constante, perseverante, pura droga existencial envuelta en palabrería y discurso vacuo. Sería quizá la gloria prometida, el escuchar, sonreír, asentir y ver luego a tus vecinos haciendo exactamente lo mismo. Por esa razón aparente, aquel 7 de mayo de 1945, no dudamos ni un instante, sólo nos hizo falta mirarnos a los ojos y acto seguido Ludwig, mi primo, comenzó la marcha. Desde el primero hasta el último, todos nosotros sin excepción alguna seguimos su estela. Sabíamos que el salto iba a ser duro, pero cerramos nuestros ojos al unísono y… fue el fin. Ahora estamos aquí, navegando solos, vigilando vuestros sueños, levantando vuestros párpados cada mañana con estudiado sigilo. Seguimos siendo germanos, os seguimos teniendo bajo nuestro control. Nada os debe preocupar. Que nuestra tranquilidad perdida será vuestra paz eterna; y cuando llegue el momento, no lo dudéis ni un mínimo segundo, ¡saltad!

(Le estoy cogiendo yo gusto y / o afición al hecho de asignar historias o poemas a fotografías. Nunca antes lo había hecho y me parece un reto complicado a la par que divertido. Esta semana desde elbicnaranja nos proponen darle vida con palabras a esta acuarela tan sugerente de una gran artista, Elicia Edijanto, de Jakarta, en Indonesia. Esta imagen puede sugerir, evocar miles de historias, pero a mi mente llegaron inmediatamente las imágenes de la película Olympia, de Leni Riefenstahl. sobre los JJ. OO. de Berlín en 1936, los de Hitler y su Alemania Nazi. Un film con unas imágenes bellísimas y planos rompedores para la época, todo a la mayor gloria de la raza aria, claro. ¿Se pueden ver sin tener en cuenta todo aquel horror? Ufff, harto imposible, pero si nos imaginamos viéndolas sin conocimiento de causa… pues ahí verás su belleza intrínseca.

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Yo, por mi parte, de aquella Olimpiada me quedo con la historia de amistad que duró de por vida entre Jesse Owens y Lutz Long, aquélla que hizo salir a Adolf Hitler del Estadio Olímpico totalmente airado y echando humo de por las orejas de todos los colores imaginables hasta la fecha.)

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