1987 – OPERACIÓN PRIMAVERA

Éste es mi relato para el recopilatorio “O. Anatomías del Antiguo”. Una batallita con tistes muy autobiográficos

Si no recuerdo mal, lo llamaron Operación Primavera – sería porque tuvo lugar en la primavera de 1987. Por aquel entonces, Poch, el chico más pálido de la playa del Gros y líder de los míticos Derribos Arias, pinchaba muy buena música en el Factory y además, íbamos a escuchar buena música al Cecchini y al Channel; compartíamos jarras de cerveza (e imagino que por añadidura montones de babas ajenas) entre unos cuantos. De vez en cuando también estudiábamos, pero, no lo voy a negar, salíamos casi todas las noches con mucha más imaginación que pasta, la verdad.

Llegué a Oviedo desde Cacabelos en octubre de 1986, dispuesto a ser un filólogo especializado en la lengua inglesa. Para un chico de pueblo como yo, llegar a una ciudad como la capital de Asturias supuso un salto vital con pértiga de dimensiones considerables, a nivel de libertad personal, de puro y duro aprendizaje con todo tipo de condimentos y sin deconstrucción alguna. Primer curso como habitante el Colegio Mayor San Gregorio. Allí, por suerte, encuentro gente tan sanamente descerebrada como yo. Tras varias noches en vela plenas de música, risas, tabaco y demás materiales, huyendo en perfecto y armónico grupo salvaje de las novatadas, decidimos crear de la nada más espesa un grupo punk, ‘Bicho, Evan & The Garban Zin Band’ (Evan era yo, que me había caído ese apodo una noche de ciego total en la que, al parecer, hablaba exactamente igual que el boxeador aquél que respondía por Alfredo Evangelista). Letras guarras y comprometidas (luego por las noches, poluciones nocturnas; me hago muchas pajas y me bebo la lefa mía”, ése era el nivel). Dos conciertos, dos. Uno en la fiesta del Colegio Mayor, y un segundo, pura y devastadora improvisación, en la mencionada sala Factory de Oviedo.

Actuaban aquel jueves de abril “Los Hermanos Pinza”, un grupo rollo punk cabaretero que tenía Poch, con signos ya harto evidentes de la enfermedad crónica que acabó prematuramente con sus branquias fuera del agua, el corea de huntington. Como teloneros de los Pinza, estaban los Hipohuracanados, una banda tan numerosa como divertidamente anárquica y salvaje. Fuimos a ver los cinco del grupo etílico-punk aquel bolo de jueves. Esperamos y esperamos sin casi dinero ya, sin cerveza, la garganta seca, pero no empezaba. Se nos acerca Rubén, el de los Hipohuracanados, y nos dice ya muy alterado, oye, ¿queréis tocar conmigo, que los del grupo me han dejado totalmente colgao, los muy hijosdelagranputa?” Sin dudarlo ni un segundo, y sin mirarnos siquiera, respondemos al unísono, Sí, claro, tío.” Y allí me vi yo con el Bicho, aporreando con unas baquetas medio rotas unos cubos de la basura de los más grandes que os podáis imaginar. Cada poco le propinábamos una patada a uno de aquellos contenedores verdes y tenía yo que bajar del escenario de un salto a recogerlo a oscuras entre el público asistente que, oh sorpresa, era numeroso y nos aplaudía, ¡nos vitoreaba y todo! Me acuerdo de cantar todos juntos eso de un día cualquiera, comeré lentejas”, cutre alusión al temazo de Parálisis Permanente, “Un Día en Texas”. Grabamos una cinta que se perdió sin remisión en algún confín raruno de alguna maleta (al menos, mi copia, que sé que alguno de los otros tiene alguna cinta a buen recaudo por tierras chilenas). Hicimos, además, un corto en Super 8 dirigido por Andrés “el de Avilés” (que no se llamaba Andrés, pero como había rima consonante, pues eso, carajo, manteniendo el nivel) que se titulaba “¡Qué Pasa, Monstruo?”, una clara alusión a Enrique López, el Figuras, que de aquella andaba por allí preparando las oposiciones a juez, que siempre nos saludaba con aquella coletilla caspa-lux de precursor visionario del cuñadismo más activo cada vez que nos cruzábamos con él por algún pasillo tan interminable como aquellos del hotel Overlook, y que, hace no demasiado tiempo en una mañana madrileña no muy lejana fue pillado in fraganti en su moto guay dando una tasa de alcohol muy superior a la permitida (lo sé porque lo vi en las noticias); ay, el superjuez, ¿dónde está ahora el Consejo General del Poder Judicial, monstruo? Puro rock y puro roll, como podréis observar…

Pero, ¿y qué pasa con la dichosa Operación Primavera?, os preguntaréis intrigados. Allá va, que no sólo de anécdotas cebolleta vive el ser humano, sea éste punki o no. (Se me fue la pinza con los Hermanos… )

Salía una noche (otra más de aquellas eternas) del Cechinni con Aníbal, un punki de Colindres que contaba los chistes más surrealistas que os podáis imaginar, cuando, de repente miro al suelo y veo algo que se asemeja a una serie de papeles enrollados y sujetos con la típica goma de toda la vida de dios. Me agacho, lo recojo y “¡Hostias, Aníbal, que esto es pasta, mogollón de pasta!”; “¡pero qué dices, tío? A ver, déjame ver… ¡Joder, sí! Guárdala rápido, que anda la pasma por la calle Mon de redada, ¿no los ves?” Y eso hice. Cuarenta y cinco mil pelas del ala que nos “agenciamos” por obra y gracia de la Operación Primavera. Imagino que se le caerían a algún camello apurado ante la cercana presencia de un más que inminente cacheo. A gastar y beber cerveza de la buena.

Regresando a casa por etapas, nos sentamos un rato en la plaza del Fontán. Aníbal rebusca por sus bolsillos y encuentra una última china. Me pide un cigarrillo rubio ya que él no fuma tabaco. Se lía con su pasmosa habilidad el último porro de esa noche de primavera. Lo mira con satisfacción y se dispone a encenderlo con su mechero Bic.

– ¡Quietos paraos! – una voz bastante afectada por los supuestos excesos de una noche de sábado nos grita.

– ¡Eh, pero qué pasa? – responde Aníbal.

– ¡Policía! ¡Deme eso!

– ¡Eso, qué? Identifíquese primero.

Y con las mismas, bajo una extrema dificultad en los movimientos corporales, el señor consigue sacar una placa que lo identifica como policía secreta. No salimos de nuestro asombro. Ni siquiera nos registra, tan sólo nos pide el porro, fuego, y se va caminando en un continuo zigzag, muy despacio, y exhalando humo aromático por su boca y fosas nasales. “Ta cojonudo, joder”, le escuchamos decir antes de mirarnos el uno al otro con esos ojos que pasan de un colocón de los divertidos a un asombro alucinante. Comenzamos a reírnos con unas ganas que no van a parar en la siguiente media hora. Nos vamos a desayunar, que todavía queda mucha pasta de aquellas cuarenta y cinco mil pelas que nos encontramos al lado del Cecchinni. La Operación Primavera también requiere su parte de alimento, que no sólo de hachís va a vivir el estudiante universitario.

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FRÁGIL EXISTENCIA COMBINADA

maniquí fartedcuenta el rumor
que vuestros cuerpos
están invadidos
por miles de bacterias,
y me sorprende
vuestra frágil existencia,
ese inútil empeño
de lucha
contra esta sonrisa,
la mía,
que seguirá dando luz
a la atmósfera
mucho tiempo después
de vuestra anhelada
y definitiva
extinción;

de las gotas
que no os dejan
disfrutar de la exagerada
magnitud
de mi eterna sonrisa
se deriva la intención
de no dejarme perecer jamás
pasto del fuego
de la envidia
de vuestra estúpida
caducidad.

 

ovieradas(Otropiezo viagenial en alsabiduría)
Esta oscuridádiva
embistemores
en un día comoco estertores
ni las arrebajas, ropayasos,
complacerarán mentestosteronas,
ni caminocillas
pecaminosarán los elegidosificados;
la mezclavicordio
suponencia perezalamera
algunacional
de ámbitóxico
cuando vendesesperación
tus gopropios idealesivos.
Ésa es la miradadaista
que conjuramentolado
este poemaniático
y, de manomenclatura, desenfrenopático
una visitardía
a la bodegacela
pisadación en pagodanacoliflor
ambidiestroll
desddt una perspectivanagloria
que, absolutamentecata,
se acabalaustrada
aquímera, en este momentormento.

LA SONRISA ETERNA Y COREOGRAFÍAS IGNORADAS

fontan-munecodesde aquí
os sonrío
con todas mis ganas,
el cielo libre
no os contempla hoy
igual que lo hace conmigo
y la envidia
habita escondida
en vuestras carteras
porque yo no valgo demasiado
y en una esquina
cualquiera
de cualquier mesa
de tu casa
os haré felices
cada noche
cuando estéis soñando
y la penumbra
agote sin prisa
cualquier intento
de emoción erosionada,

porque sin permiso
me beberé vuestros cafés
y me untaré de mermelada
con el tiento de unas ganas
que recuperaré
desde el abismo
de la mirada
de vuestros ojos
ya cerrados
para siempre.

segundo-milenioMaddie baila
al compás
de tu ludopatía
y ni el sonido
de monedas cayendo
puede esconder
la voz de Sia;
deberíais conoceros
intercambiar pasos
de baile
por máquinas
tragaperras
en plena retirada:
dance with me
insert coin
with me
me me me me…
mi café
sólo
y la danza volitiva
para las monedas
pequeñas
de antaño;
estoy seguro,
os tenéis
que conocer
en el pachinko
vulgar
de celestiales
gorgoritos infernales.

VIAJES AL FONDO DEL ALSA – PARTE XLIV (MANTECADAS, “BILLAJOYOSA” Y LA TÍA “VERNARDA”)

Desde, ¡cómo no!, el fondo del alsa, asiento 53, en este viaje de Oviedo a Ponferrada me fijo – hacía ya años que no lo hacía – en un cartel muy grande que anuncia goloso MANTECADAS ALONSO, y vuelve a mí aquel sabor y aquella textura tan empalagosa de las mantecadas que me traían de niño el tío Juan y la tía Bernarda cada vez que regresaban de aquel pisito que se habían comprado a principios de los 70 en Villajoyosa. No recuerdo con exactitud si eran dos o tres veces al año, pero era llegar ellos al pueblo en primavera o en otoño (todos unos pioneros pre-Imserso) y decirme mi abuela rauda y preparada ya para una visita más, “José Luis, saca la botella de anís y las pastas, que vienen Juan y Bernarda de visita”, y ya visualizaba yo aquella caja de Mantecadas Alonso, y sabía que durante unos días tenía el desayuno asegurado y organizado, ¡hasta luego al pan duro mojado en leche recién hervida!

Guarda mi madre en una caja rectangular, grande, que en otra vida fue mero contenedor de cubiertos varios, un montón de cartas y postales de los últimos 60 años, y allí están todas aquéllas que enviaban los tíos desde Villajoyosa… o “Billajoyosa”, con B, como ellos mismos lo escribían en cada remite. Para compensar, cuando yo, escribano oficial de la familia desde los 8 años, tenía que contestar cada postal recibida me obligaban a cambiar el nombre de la tía, de la destinataria, y Bernarda se convertía en “Vernarda”, “que así se escribió toda la vida de dios, carallo”, me decía mi abuela al borde del enfado. Y yo, obediente a la par que necio, convertía lo mejor que podía y sabía aquella be mayúscula en una uve pelín rococó. Quid pro quo, justicia ortográfica.

Juan era el hermano pequeño de mi abuelo Martín, uno de los misterios peor guardados de la familia. Rojo compulsivo, hombre de campo, comunista y orgulloso de serlo, del que, el miedo siempre adherido a los tuétanos de mi madre, se me contaron varias versiones de su muerte, siendo la más evidente la que siempre se obviaba.

Juan y Bernarda no tuvieron hijos, pero compensaron esa ausencia rodeándose de montones de sobrinos y sobrinas que, al parecer, suplían aquella carencia tan, tan grave, o eso se contaba en mi casa, porque a mí me parecían la mar de felices y dicharacheros sin una prole a la que mantener. Sabían vivir y transmitir su alegría de vivir… a pesar de su empeño por las mantecadas, y me alegra recordarlos ahora que este autocar maniobra para salir despacio de la estación de autobuses de Astorga mientras observo sin siquiera pretenderlo esa maravilla de Gaudí que sirve como palacio obispal (una pena la devoción religiosa del arquitecto), al fondo del alsa, en el asiento 53.

VIAJES AL FONDO DEL ALSA – LAS MICROAVENTURAS DE INDALECIO, EL CONDUCTOR – PARTE XVI -BELLE & SEBASTIAN MEET EL POETA PATÉTICO

  • ¿Y entonces, Indalecio, qué pasó?

  • Pues nada, amigu, que dejé de llamarla y, como las pillaba a la primera, se dio por aludida y no me buscó ya más. Aún la vi el otro día en el Carrefour, con dos guajes pequeños que no callaban ni un segundo. Me vio, que yo lo sé, pero se hizo la sueca.

  • Y eso que no fue en el Ikea…

  • Cagonrrós, lo tuyo ya no ye patético, ye lo siguiente.

  • ¿Y qué ye lo siguiente?

  • Ni puta idea. Eso ya lo busques tú, que pa eso yes poeta, aunque seas Patético.

En 2008 Indalecio tenía una novia formal, Rocío, de esas que sin querer consiguen provocar sonrisas diáfanas en las caras de las madres y las tías; de esas que, en una cena familiar, se levantan raudas a recoger los platos y se ofrecen sonrientes para fregar toda la cacharrada. ¡Si hasta se parecía un poco a Doris Day, carajo! El cumpleaños de Indalecio se acercaba, una nueva década, la de los cuarenta, y Doris… Perdón, Rocío, (¿en quién estaría yo pensando?), para no meter la pata, preguntó con delicadeza a su novio querido que qué quería como regalo. Él, desde su innata austeridad, pidió lo primero que se le vino a la cabeza en aquel momento.

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  • Felicidades, cariño. Aquí tienes, mi amor, mi pichurrín. ¡Ay, que ricu ye él, madre!– Y, además de un pellizco en la mejilla de intensidad media-alta, le entrega un paquete envuelto en un papel de regalo pelín cursi, con demasiadas flores para el gusto de Indalecio, y que le parece demasiado ancho como para contener lo que él había pedido… Lo abre entre intrigado y acojonao.

  • ¿Astur? ¡Qué cojones…? ¡Qué mi madre…! ¡Isabel San Sebastián? Joder, si no la soporto.

  • P-p-pero, fue lo que me pediste, amor, ¿no? Hasta lo apunté en mi agenda y todo para que no se me olvidara, mira… “el último de Isabel San Sebastián”

  • Joder, ye la hostia; hay que jodese… No dije eso. El último de Belle and Sebastian, que no lo tengo aún… El último de Belle and Sebastian…

Y allí quedó “Astur” sobre la mesa de un restaurante elegante de Oviedo que ya no existe hoy en día. No sabemos si Do… perdón, Rocío, lo llegó a leer o no, pero sí sabemos que su “life pursuit”, su búsqueda de la vida junto a Indalecio se acabó aquel día, porque Indalecio es un ser radical en sus principios, no admite casi errores. Quizá algún día el Poeta Patético, buen amigo suyo, se anime y le dedique la oda que Indalecio merece.

Mi amigo Indalecio

vive el amor

cual auténtico paramecio

que da vueltas y vueltas

sin poder agarrarse fuerte

a la barra del trapecio:

así es su circo,

ni Conan El Bárbaro

ni un pájaro

ni un avión,

a la vista salta:

otro más,

otro “cariñoso” cabrón.

FORGOTTEN DOLL / EL BESO DE ANTAÑO

fontan-doll

te largaste

me quedé sola
y la muerte no es tu excusa

que con la vida
haces zapping
de un cuerpo a otro

sin corazón
sin sangre

con hambre
y más cuerpos inertes
a tu lado:

alimentando con sobras
tu ausencia de apego;


el alma encerrada
en un botijo
de cerámica

y mi amor por ti

en una esquina
de este maldito mercado

grua-y-farolaallí donde hubo
un atisbo de vida
libre y sin membrana
se besan hoy
una grúa
y esta farola
que de otro tiempo
parece haber viajado
para arrebatarnos
música y teatro
libros y risas
suelo firme
y cervezas frías:

un beso al viento
que ya no quedan frentes
en los que luchar
que la intemperie
ha podido
con las ganas
de matar
el espasmo que persevera
en las tardes
de tu ausencia:

no cerramos la puerta
hasta que no la tiran
abajo
a patadas
las coces de antaño
y esos rebuznos
políglotas
que respiran sin saberlo
un miedo asolador
que pervive agazapado
entre los muros
de nuestra memoria…

ESCALA DE GRISES IS NO GOOD…

fontan-maniqui

fui valiente
fui cobarde
me acerqué
al infierno
corriendo delante
de las porras
de la policía:

pero eso ocurrió
mucho antes
cuando tenía vida
y gratis
derramaba mi sangre
huyendo
de la escala de grises
de tu caricia.

fontan-libros¿Siguiente?
Yo
Cuarto y mitad del Planeta,
si me hace el favor.
Marchando…
(Y en marcha se pone
la picadora)

¿Se lo paso dos veces
que así lo podrá
digerir mejor?
Ah, sí, gracias,
muy amable.

Quiero planeta
porque rima con maleta,
bragueta,
teta,
paleta,
asceta,
probeta,
Colometa
y fañagüeta. (¡Y con “receta”!)
Si quiere
le explico yo una
con la que se chupará
todos los dedos
uno a uno,
hasta el fondo.

Yo suelo leerlo así,
crudo,
pero admito
otras opciones.

En una olla,
dos litros de orina;
llevar a ebullición
y añadir especias al gusto:
alguna hache, zeta o diptongo,
que los hiatos hoy
están muy baratos,
y la poesía
siempre se bebe fría.

¿Siguiente?

VIAJES AL FONDO DEL ALSA – PARTE XLIII (SING THEM SPANISH TECHNO)

Viernes, 28 de octubre de 2016

No sé bien qué es lo que sucede este curso que casi todos los viajes en alsa están siendo la mar de aburridos… (¿Todos? ¡No! Que los viernes en el trayecto de regreso de Arriondas a Oviedo siempre ha lugar a la sorpresa.)

Silencio. Total. Hasta llegar a Infiesto. Ahí suben dos polluelos de esos de camiseta justinbieberesca y gorra de las que tratan de ganar diez centímetros de altura hablando a voces. Parece que han fumado algún que otro cigarrillo de la risa a lo largo de la mañana. Llegan al fondo, última fila, y se sientan justo detrás de mí. (Como acto de rebeldía cuarentañera, dejo mi asiento abatido, que se jodan con menos espacio por haberme despertado.) Son estudiantes de algo que se me antoja cercano a la temática de su conversación. Vamos:

– Yo voy con mi chorba a una fiesta de jalogüín, que alquilamos un local entre todos los colegas, y allí mismo me la voy a follar.

– No jodas, tío, ¿pero con todos allí?

– Joder, claro, y si sale una orgía, pues mejor, ¿oíste? Jajajajajajaja.

– Jajajajajajajajajaja, ¡qué cabrón, tío, mazo cabrón! Bah, pero no te va a salir, fijo, que para que salga eso tiene que haber mucho convencimiento, y las chorbas no son como nosotros, que quieren estar de tranquis y románticas con sus novios y no andar coméndose pollas de otros.

– Joder… la verdad ye que no mola la idea de ver a la mi chorba comiéndole ahí la polla a un colega…

(Una señora que iba sentada cerca de nosotros aprovecha la ocasión de una parada y se larga con la cara más que desencajada hacia la parte frontal.)

– ¿Y entonces fuiste al Estilo – mítica discoteca del barrio de Pumarín de Oviedo que suele amenizar las veladas con orquestas varias, con un ambiente de treinta y cinco años para arriba – este fin de?

– Sí, ho, con mi madre, con mi tía Puri y una colega de mi tía… Espera, que te enseño una foto de la pava…

– Joder, está buena, pero mazo de buena, tío… ¿y te la pinchaste?

– ¡No, joder, qué va! Si es que…

– Pues ni lo pienses, tío, que las treintañeras, aún siendo viejas, tienen mucha experiencia, y yo el verano pasado en el pueblo me follé a una que hasta tenía la piel estirada y todo…

– No, bueno… yo si se deja, me la follo.

– Pues claro, ho, no seas gilipollas… ¿Te liaste ya el peta?

– Sí, sí, ho. Ya lo encendemos namás bajar del alsa.

(Miro medio de reojo y veo que se acaban de liar un petardo king size; seguro que los de la mañana en el instituto han sabido a bien poco.)

– ¿Seguimos jugando la partida?

– Espera, tío, que conecte el móvil.

Y allí que se ponen los dos a jugar a un juego bastante ruidoso que, por lo que puedo llegar a distinguir a nivel auditivo, debe ser de fútbol. El canuto puede esperar, y mis ansias de seguir escuchando semejante conversación, también. Como tiendo inconscientemente a relacionar casi todo con la música, viene a mi mente (“after shaking the thing for a sound”) Sing Me Spanish Techno, de los New Pornographers, puede que sea por el videoclip o por tener que escuchar una misma canción demasiado tiempo seguido (“listenin’ too long to one song”), esa cantinela de reminiscencias machopirulares que sigue ahí generación tras generación, ay, ay…

Now, sing me Spanish techno, please…

EL POETA PATÉTICO – PRIMER RECITAL

pathetic-poetAlguien habló un día con no sé quién que conocía a no sé que otra persona que tenía un amigo que iba mucho por un bar de Oviedo que organizaba sesiones poéticas, también conocidas como jams o timbas. Ese alguien conocía al Poeta Patético. “Oye, ¿y por qué no te animas este jueves y te acercas a ese local, que hay sesión de micro abierto?” Y allí encaminó sus pasos el Poeta Patético el pasado jueves tras un copioso y tardío menú del día en el barrio, de ésos de siete euros y sopera llena de fabada (no de les meyores fabes, por supuesto) que dé para llenar casi cuatro platos a rebosar también de morcilla, lacón, chorizo y panceta, un pequeño imperio en el lado oscuro de la grasa. No pudo con el cuarto, que todavía faltaba el segundo plato: carrilleras guisadas con la de dios de patatas fritas y un pimiento triste adosado sin piedad al que nadie nunca hace ni puto caso. Plato limpio tras untar el quinto trozo de pan. De postre, tarta de la abuela, una buena ración, de las de paisano. Dos cafés con coñac y seis sol y sombra. No puede haber mejor calentamiento para una sesión de poesía, sin duda alguna. El camino desde el barrio hacia el Antiguo le sirvió para ir desalojando algo de metano de su cuerpo, aunque había reservas en su aparato digestivo para unas cuantas horas.

– Buenas, ponme una Mahou… Vengo a recitar, ¿hay que apuntarse o algo o ya salimos por libre?

– Espera, ho, que ya te apunto yo. Dos poemas por persona, que hoy hay mucha peña. Soy Chema – dice mientras estira el brazo esperando recibir un apretón de manos por pura reciprocidad. No es así. El Poéta Patético ya se ha aferrado a su mahou y no puede ver más allá de su alcohólica sed.

– Apunta ahí, El Poeta Patético.

– Joder, ¿así, como suena?

– Sí, claro, ¿cómo cojones quieres que suene?

Y ahí está ahora nuestro rapsoda sujetando su cuarta Mahou, aguantando estoicamente letanías que ni escucha, palabras y rimas que hablan… ni puta idea tiene él de lo que hablan, que a él no le gusta esa mierda de la poesía. Puaj. Otro trago más.

– Y ahora tenemos un nuevo poeta en esta timba. UN FUERTE APLAUSO PARA… ¡EL POETA PATÉTICO!

(El resto no es más que una transcripción literal de lo que aconteció acto seguido el jueves pasado en un local del Antiguo de Oviedo que se dedica a organizar sesiones como ésta.)

Eeeeeh, a ver… que yo estoy aquí básicamente para tomar cerveza, como diría Bukowski, y eso que a mí Bukowski me la pela, me la puede chupar doblada, el puto cabronazo… Os podéis largar a ver un partido de fútbol si os da la gana, los tíos, digo, que si alguna se queda y quiere follar luego, no tiene más que decírmelo… Eeeeeh… Bueno voy con un poema… Perdón, ufffff, es que fueron tres platos de fabada para comer, y siempre mejor fuera que dentro, ¿no? Va:

Tu boca sabía a ajo

y tu saliva pegajosa

se pegaba en mi barba,

pero yo te amaba

no como tu novio

ese imbécil sin cerebro

tan lleno de caspa

como vacío de ideas.

No me gusta el sabor a ajo

y por eso me fui

porque tras la tercera arcada

preferí echar la pota en la calle

a llenarte entera la boca

de callos con garbanzos:

eso sí que es amor,

cercanía glotona

y una más que romántica

halitosis compulsiva.

Y bueno, eso… que, a ver, que lo de poeta patético es muy sencillo, como bien acabáis de comprobar. Yo reconozco mi patetismo, pero vosotros no, que os creéis portadores de no sé qué mierdas… en fin, que a veces me da por leer poesía, y puedo citar al gilipollas del Rimbaud (Rimbaud, Rimbaud la la, Rimbaud, Rimbaud la la, el paraíso puede estar en Trinidad… ) – esto último cantado con la música del Koumbó de Georgie Dann – o uno que me recomendó una amiga hace tiempo, un tal Casanova, uno canario que palmó con 19 años hace ya una pila de años, que seguro que se suicidó, el puto imbécil… mierda de mártires malditos… En fin, que tengo que recitar otro poema, y dice así:

El cadáver bonito

para tu puta madre

que yo quiero

llevar mi cuerpo y mi vida

hasta los límites de la más sucia

fealdad que jamás podáis imaginar

y ya no lavaré más mis dientes

nunca traicionaré

a ninguno de mis hermosos pelos

volaré a cualquier parte

y desde el tren de aterrizaje

os mearé con destreza

mientras hago esfuerzos

por sacarlo de mi:

mi octavo pasajero

que, como decía Paco,

el camionero de mi pueblo:

la meada sin un pedo

es como la fiesta sin gaitero.

Hala, y ya, a tomar por culo… ¡Chema, ponme otra Mahou!

NO CREEMOS EN MALDICIONES

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Desde mi ventana
Yo os saco la lengua.
Sé que no vais a entrar
Porque me tenéis miedo:
Pálidos, incomprendidos
malignos de mesa camilla
Y serial radiofónico.
Nunca llegará a engendrar en mí
Semilla alguna
De vida moderna.
Y no os maldigo
Porque no quiero
Ya jamás
Mezclarme
Con inútiles mortales
De hábitos inútiles,
De ilusa pacotilla.

no-creas-nadano creas nada!
no escribes, nada!
no saltes, nada!
nada que creas
resiste
y la ilusión
del asfalto en movimiento
despereza bestias
agazapadas
tras creencias
inaceptables:
por eso no crees
tampoco creas
tan sólo manipulas
dedos y grafías
que no le cuentan
nada relevante
a tus animales
de reserva organizada;
no creas, no mires
escupe al cielo
y espera sentado
en el bordillo
de una acera cualquiera
que la gravedad
establezca
de una vez
su ineludible ley
hasta que el agua
redentora
aparezca colorada
un día
en tu merecido
auxilio:
mi expiación
tu epidemia;
no creas nada!
don’t believe the hype!