LOS INDICADORES Y LA MUERTE

fuck-schoolindicadores
de asomo real
de días ociosos
sin criterio
ni calificación disidente
(do you fuck your school?
do they fuck theirs?)
calamidad entre documentos
aprendizaje
y vendaval
autónomo de vuelo raso
sin creación aparente:
ausente
otro de esos estándares
que nublan un sol
que nunca iluminará
documentos ciegos
sin rabia
sin destino
(do you fuck your school?
do they fuck theirs?)
programas de refuerzo
de sudor
en tinta verde o roja:
la tierra baldía
coroneles en retorno
esfuerzo de nómina vacía:
competencias
la clave
de vuestro futuro…
¿futuro?
no future!
el anticristo asomó
y extendió su sulfato
azul y apestoso
sobre cosechas
en inútil barbecho
(do you fuck your school?
do they fuck theirs?)
libros culpables
¿me evalúas
y te doy
un paquete
de galletas,
María?
(no, I don’t fuck school
school is already
fucked up!)

neruda-rocksy no esperaste
porque no te gustaba esperar
y yo no soporto las esquelas
los pésames
los párpados que pesan
frente a un cura
que habla sin decir nada:
ante tu entendimiento
que pasa de largo

odio el ritual de la muerte
las convenciones sociales
los rostros compungidos
pálidos
y las ganas de no estar allí
mas tener que estar

y los recuerdos
nunca transferibles:
de emisión temprana
entre risas ya enlatadas;

odio los funerales
y a la iglesia católica
a todas las religiones:
imposiciones erróneas
lejos del innatismo
de espontáneas muecas
que sí dirían
sin vacilar
todo lo que habría que contar

y me odio a mí mismo
por no ser como los demás:
por intentar adivinar
desde aquí abajo
qué son
las vidas ajenas:
que la sociedad
me dé el guión
que yo lo estudiaré
y haré mi papel
ignorando hierático
esas voces insistentes
que cohabitan
en mi cabeza.

HABITUACIÓN, CUAL CEBOLLA RECIÉN PICADA – PARTE II

II.

¡Cuánta basura nos inunda!

Da igual adónde mires,

tu vista sólo será capaz de ver mierda,

a pesar de tan dignos envoltorios,

a pesar de la buena voluntad de unos pocos.

Ya he encontrado mi pensamiento positivo,

pero seré egoísta y no lo compartiré con nadie.

¡Qué me enseñaron del cielo? ¿De Dios?

Nadie ha regresado, me parece, del más allá.

El niño le pide a su padre que le cuente una historia,

que se invente un cuento bonito que le ayude

a adentrarse en los laberintos imposibles del sueño.

Pero el padre no quiere, no sabe… no puede.

La impotencia rige el mundo,

su funcionamiento,

sus vueltas programadas alrededor del astro rey.

Si no crees en el destino, invéntate entonces un planeta

donde tú seas rey y vasallo, tirano y oprimido,

asaltante y asaltado,

explotador y explotado,

mierda y agujero del culo;

pene y vagina;

homo, hetero,

hermafrodita ante la eternidad,

a tus pies,

en el mismo horizonte,

nunca más lejos;

siempre tan cerca

aunque tan inalcanzable.

Como si te lo hicieses con tu propia madre,

con tu hermana, con tu padre y tu abuela,

a la vez, en el mismo lecho verde.

¡Ataquemos con saña el pensamiento teledirigido!

¡Odiemos sin tapujos todo lo vano!

¡Seamos violentos, joder!

De vez en cuando e incluso más a menudo,

un buen puñetazo en espiral

puede cambiar alegre nuestra fisonomía.