THERE HAS TO BE PASSION

Y la oscuridad amaneció

ya nadie la quería ver y vino sola, sin luz que la acompañase a este matadero de neuronas nerviosamente espasmódicas,

lúcidamente pasivas.

Con todas estas armas, lucharemos hasta que el suelo encuentre nuestra sangre.

Tierra, no eres libre, no quieres luz.

En otro mundo te veremos, brillante y húmeda

y frutos manarán de tus entrañas

para alimentar famélicas legiones

de animales asustados por el resplandor de cuchillos bien afilados.

El afilador nos visita a diario,

no hay pánico que ocultar.

Por eso no queremos luz, sólo oscuridad

con la que acostarnos, levantarnos y tocarnos de frente

con ella, entre ella

perdidos sin pasos que encaminar a ningún lugar

ya que nunca sabremos si el vacío nos espera en el paso siguiente…

Y la oscuridad se quedó, alquiló nuestras vidas

para ir dando buena cuenta de ellas, de una en una,

de dos en dos,

millones tras millones en pos de la extinción

que tanto nos merecemos.

Y ahora que suena esta canción,

me levanto de mi asiento

y me acerco a ti con mi mano extendida,

te toco,

soy yo,

no tengas miedo:

¿quieres bailar conmigo?

¿quieres sangrar conmigo?

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LOS CERDOS, WE ARE…

Y me acerco a la ventana

porque nadie la quiere abrir

porque nosotros somos los cerdos,

sí, los cerdos… los cerdos

y con nuestras sucias pezuñas

llamamos

toc toc

a vuestros aguerridos muros

los cerdos, sí

esos gorrinos que viven contentos

en esta pocilga irreductible,

la que nos destina una matanza cierta

no sabemos si este noviembre

o en el próximo frío de tu mañana.

Permanecemos calmados aquí

mientras vemos como queman

a soplete

a todos los demás cerdos,

una nueva generación

tan joven como la anterior

otro cerdito valiente más…

Y ahora arden, contra la pared

en calma, quietos

los cerdos, sí,

y sin bisagras que autoricen

algo de movimiento redentor

… o vengativo.

Espejo, espejito,

que bonito este cerdito

me cago hasta en tu puta estirpe.

¿qué me tienes que decir,

que mi vida ha sido un montón

de basura, que viajo ahora

al vertedero de tu ansia,

al estiércol eterno de tus suelas

de botas de militar extenuado

de matar inocente tras inocente

hasta esa, la última batalla,

la última puerta a ese infierno

que tanto tiempo llevas cultivando

entre lecturas banales

y teorías conspiranoicas

que sólo son pajas en tu mente

de inútil cazador?

Sí, los cerdos, sí…

Se acaba la canción, gilipollas,

somos los cerdos que no pudiste matar,

contra la pared,

y esa orquesta no encuentra acomodo

en la epidermis de tu versión

cínica y malinterpretada.

Somos los cerdos, los putos cerdos, amigo…

y hoy hemos llegado todos aquí,

a tu lado, para matarte.

(We are the PIGS

Portugal

Italia

Grecia

Spain España L’Espagne

twelve points

douze points

cero puntos

Sí, los cerdos, nosotros,

los cerdos

oink)

 

 

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SOR FURCIA EN EL ATASCO MENTAL

Sor Furcia en el atasco mental

enseña a sus alumnas

que el ser humano es bueno

por antonomasia.

Dos niñas se rebelan,

lanzan sus cuadernos

con violencia

contra el encerado.

Sor Furcia se altera,

ya no siente

ese perenne hormigueo

que tanto fustiga

los maltrechos dedos de sus pies.

No es el nombre,

ni es tampoco el padre.

¡A la Madre Superiora,

ahora mismo!

Sonrisas a su paso,

austeras en el gesto,

confiadas, seguras de sí mismas.

¿Qué puede taladrar un castigo

ante la tenebrosa perspectiva

de un matadero más que seguro?

Sor Furcia se toca

poco, poquito,

a solas, casi cada noche.

Sólo ella lo sabe,

por eso no reza,

ni se lava luego

con agua bendita.

Un último gemido,

desde lo más hondo

de una ternura inexistente

mientras desde la lejanía

de una oscura aula de castigo

una voz aguda canta

con fuerza y atino

Aquella que empezaba

“si tú me vienes hablando de amor,

que dura es la vida

cual caballo me guía…”

La Madre Superiora ruge

como posesa,

escaleras abajo, rauda,

ceñuda, hipócrita, acelerada,

rancia virtud

de la pertenencia eterna

al mundo infalible de los hombres,

de verdades que ni a medias

serán jamás refutables.

nuns

“¡Mira, imbécil, que te den por culo!

¡Me gusta ser una zorra…!”

Y ahora Sor Furcia está feliz,

sin hormigueo ya en los dedos de los pies,

leña va, hostia viene,

que la violencia bien educada

nos hará seres de bien,

temerosos, bondadosos

y sin piedras de culpa

que expiar en pozos

que rebosan de algodón

demasiado azucarado.

Y ahora, te alejas al instante

de mí,

de la plebe maldita

porque te tengo que decir

que yo ya no quiero

ser nunca más tu perra.