THERE HAS TO BE PASSION

Y la oscuridad amaneció

ya nadie la quería ver y vino sola, sin luz que la acompañase a este matadero de neuronas nerviosamente espasmódicas,

lúcidamente pasivas.

Con todas estas armas, lucharemos hasta que el suelo encuentre nuestra sangre.

Tierra, no eres libre, no quieres luz.

En otro mundo te veremos, brillante y húmeda

y frutos manarán de tus entrañas

para alimentar famélicas legiones

de animales asustados por el resplandor de cuchillos bien afilados.

El afilador nos visita a diario,

no hay pánico que ocultar.

Por eso no queremos luz, sólo oscuridad

con la que acostarnos, levantarnos y tocarnos de frente

con ella, entre ella

perdidos sin pasos que encaminar a ningún lugar

ya que nunca sabremos si el vacío nos espera en el paso siguiente…

Y la oscuridad se quedó, alquiló nuestras vidas

para ir dando buena cuenta de ellas, de una en una,

de dos en dos,

millones tras millones en pos de la extinción

que tanto nos merecemos.

Y ahora que suena esta canción,

me levanto de mi asiento

y me acerco a ti con mi mano extendida,

te toco,

soy yo,

no tengas miedo:

¿quieres bailar conmigo?

¿quieres sangrar conmigo?

HABITUACIÓN, CUAL CEBOLLA RECIÉN PICADA – PARTE III

III.

¿Dejarías de quererme si te contase

que me encanta la carne humana?

Nunca la he probado, de hecho;

jamás osaría traspasar los límites

del leve mordisco doloroso.

Pero me seduce la idea.

¿Qué es una mentira?

¿Cómo se le da vuelta tras vuelta,

hasta llegar incluso a vomitar,

a la mísera realidad que nos rodea?

¿Por qué me oculto indefenso y débil

tras las sombras zalameras de mis fantasmas?

Retórica, pura y simple retórica

untada pacientemente sobre el pan integral

del salvado de mis lamentos;

genuinos, sí, pero invariablemente posteriores

a toda presunta concordia mutua.

Si me tienes ya entre tus ojos,

y me aborreces sin límites,

la oportunidad que me merezco

se habrá difuminado pues,

se habrá largado con las hadas,

con las ánimas perdidas del purgatorio,

hasta cualquier cloaca de cualquier macrociudad,

junto a esos perros, dicen que ciegos y salvajes,

que las habitan sin que nadie arriba se dé cuenta.

Creo que yerro,

no hablamos ya de purgar penas,

hablamos de nosotros,

y el cielo no existe;

no existe ningún Dios;

la entelequia del ser supremo

sólo crece dentro de nosotros mismos,

y muere en las yemas de mis dedos,

en tu piel… en cada fusión apasionada.

Que me gusten las flores,

no significa que me gusten los hombres,

sólo su carne,

desangrada,

que no quede dentro ni una sola gota.

En el día del fin del mundo,

allí me encontraréis,

colgando del árbol más robusto,

mientras dos cuervos negros

arrancan hambrientos

esos dos ojos que me daban luz.