THERE HAS TO BE PASSION

Y la oscuridad amaneció

ya nadie la quería ver y vino sola, sin luz que la acompañase a este matadero de neuronas nerviosamente espasmódicas,

lúcidamente pasivas.

Con todas estas armas, lucharemos hasta que el suelo encuentre nuestra sangre.

Tierra, no eres libre, no quieres luz.

En otro mundo te veremos, brillante y húmeda

y frutos manarán de tus entrañas

para alimentar famélicas legiones

de animales asustados por el resplandor de cuchillos bien afilados.

El afilador nos visita a diario,

no hay pánico que ocultar.

Por eso no queremos luz, sólo oscuridad

con la que acostarnos, levantarnos y tocarnos de frente

con ella, entre ella

perdidos sin pasos que encaminar a ningún lugar

ya que nunca sabremos si el vacío nos espera en el paso siguiente…

Y la oscuridad se quedó, alquiló nuestras vidas

para ir dando buena cuenta de ellas, de una en una,

de dos en dos,

millones tras millones en pos de la extinción

que tanto nos merecemos.

Y ahora que suena esta canción,

me levanto de mi asiento

y me acerco a ti con mi mano extendida,

te toco,

soy yo,

no tengas miedo:

¿quieres bailar conmigo?

¿quieres sangrar conmigo?

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NOCTÁMBULO

Me vomitas con rabia

tu eterno fin del mundo,

y la noche

se vuelve romántica

al amparo de tu rutina,

de tus ganas de suplicar

una luz que nunca llega.

Son calles mojadas,

desiertas de almas,

en pena olvidadas,

miedos efímeros

que no saben caminar

entre otros humanos,

arrojo noctámbulo

entregado sin brillo

al arrullo de tu sangre,

que mana ahora

desperdiciada, oscura,

alimento de mi celda.

Tranquila,

mi almohada empapada

te lo volverá a contar

mañana,

despacio,

que lo comprendas

por fin

en otra noche

robada y triste

al pesar de tus párpados,

esos que no se unen,

que no conocen

otra meta distinta

al abrazo silencioso

del destello afilado

de mi estúpida oscuridad.

LOS CALZONCILLOS ASESINOS

(“Cualquier objeto, por inofensivo que pueda éste parecer, puede ser utilizado como arma arrojadiza y mortífera” – Adolescente palestino, año 2005)

Desde el primer instante supe que aquella operación no saldría bien. Y ahora que ya estoy casi muerta, agonizando aplastada contra esta pared, puedo afirmarlo con toda rotundidad: un desastre, un auténtico desastre.

Surgí del agua estancada en aquel charco y comencé a volar libre hasta que me divisaron mis jefes. “Tienes que adentrarte en aquella casa”, me ordenaron, “porque debes alimentarte”, se justificaron. Volé hacia la casa que me habían indicado, el viento de cara – mal comienzo; menos mal que tengo mis balancines, que si no…; mas, una vez allí, vi con gran satisfacción que una ventana se encontraba abierta. Era un día soleado, con el viento cálido del sur haciéndonos sudar en infame combinación con la humedad del ambiente. Entré rauda, aunque sigilosa, y me escondí agazapada tras una cortina cerrada. Nadie me había advertido del peligro. “Tu propio instinto te irá aconsejando qué paso dar a continuación”. Como no sabía aún qué debía hacer, eché una siesta. Al despertar, ya se había hecho de noche. Tuve miedo, mucho miedo, pero una luz en la habitación, que me atrajo irremisiblemente hacia ella, lo eliminó de un solo plumazo. Aparecieron dos gigantes en la estancia. Tras un grotesco ritual en el que se iban quitando capas de piel, los gigantes se escondieron bajo una enorme tela, de un grosor considerable, dejando al descubierto sólo sus cabezas. Se apagó la luz y dejé de dar vueltas a su alrededor. Por fin supe en qué consistía mi misión, supe además que aquellos eran dos especímenes de humanos de los cuales me habían hablado los jefes. Tenía hambre, un hambre atroz, y los rostros de aquellos enormes homínidos brillaban en la oscuridad llamándome a gritos. Emprendí de nuevo mi vuelo. Aterricé con extrema suavidad, extendí mi aguijón y, ¡oh, dios, qué maravilla, qué sabor tan rico! De momento, ya me siento saciada, volaré hacia esa pared.

(“¿No lo has oído?”, “¿El qué?”, “Un mosquito, un jodido mosquito revoloteando cerca de nuestras caras… Espera”, “Pero, ¿qué coño estás haciendo con los calzoncillos en la mano? ¡Apaga esa luz y déjame dormir, pesado! ” … … “¡Ya está! ¡A tomar por culo!”, “Qué… ¡Serás imbécil! ¡A ver cómo limpias eso! A quién se le ocurre despachurrar un mosquito contra la pared… recién pintada, joder, y con los calzoncillos, además”, “Eh, eh, que estaban ya para lavar, así que…”)