EL POETA PATÉTICO – DONALD TRUMP IN MY (HIS) MIND

Yo orbito

alrededor de todo el grosor

de mi magnífico pito.

Que ningún ayatola

me vaya a tocar la pirola,

que no necesito Quinta Avenida

para sacar presto mi pistola.

Volverá como aquel soldado

la era blanca del ahogamiento simulado.

Acabaré con el terrorismo,

con un huevo mío, grande,

y con el otro, que es lo mismo.

Como no hace frío

y seguimos en veroño

acercaos, chicas, misses,

que os agarro bien el coño.

Llego contento a la Casa Blanca;

algún mexicano hijo de la gran chingada

ha escrito bien grande en la fachada:

“Donald Trump is a wanker”

No creo en el cambio climático

todo ese humo en el aire

me sabe a poco

¡qué simpático!

Cada vez que salgo a la calle

a comprar pan

saludo contento

a mis amigos, los nazarenos del Klan.

Con otro ladrillo rojo

construyo mi muro.

(Bueno, yo no, ojo,

los mexicanos, esos putos.)

Y me meo en todo el mundo,

desde mi maldita torre,

me meo de verdad, y la gente corre

porque yo sí que tengo oro

de ese que me caga el moro.

Como me tenéis hasta los cojones

comenzaré deportando

tan sólo tres millones.

¿Qué es ese botón en mi despacho?

¡Ajá! De color rojo…

Y ahora me agacho

y poso mi índice sobre él,

el de mi mano derecha…

¡Poneos rápido a cubierto!

Jajajajajaja, imbéciles,

demasiado lentos,

ya estáis todos muertos.

El poeta patético no vive la política como el resto de los mortales. Básicamente, a él se la pela por completo porque sabe bien que un día dejará de respirar y a tomar por culo todo… Bueno, al menos hasta un límite porque él también es capaz de exudar un poco de humanidad en modo rebelión, y recordando aquel magnífico “El Porqué de mis Peinados” de Sr. Chinarro, aunque no crazy_white_peoplevenga muy a cuento, tan sólo es un reflejo de como asocia su mente, se fijó un día desde el humo de su quinto café y su vigésimo tercer cigarrillo del día en un señor muy raro que bramaba algo confuso desde ese oráculo hortera que va tirando ya a mohoso llamado televisión. “México nos envía a la gente que tiene muchos problemas, que trae drogas, crimen, que son violadores”, dice la persona que se encarga de doblar la voz del magnate Donald Trump, por aquel entonces todavía candidato del Partido Republicano a la presidencia de los EE. UU. Al poeta patético se le atraganta el trago de su café solo debido al súbito ataque de risa que le provoca semejante afirmación (¿De verdad puede alguien que se supone que aspira a ser presidente de un país como los US of A decir esa burrada y quedarse tan pichi? Porque, si es así, esto es muy grande, y la ansiada – y merecida – extinción de la raza humana ya está ahí, bien cerca). Se imagina ahora siendo un mexicano con una verga enorme y hasta las trancas de metanfetamina delante del señor Trump, en una habitación insonorizada, los dos solos. Que si no quería té, pues como que va a recibir dos tazas, y mirando a La Meca. Me… ca… ¡Mecagüensuputísimamadre! Toma pollas hermanas, gringo.

A supporter of Spain's late dictator Francisco Franco holds a banner during a gathering commemorating the 41st anniversary of Franco's death at Madrid's Plaza de Oriente

El poeta patético se sorprende al ver que ese señor tan extraño, con un peinado casi imposible y una ignorancia directamente proporcional a semejante imposibilidad capilar, gane las elecciones esas del ombligo (u ojete) del imperio terrícola. Sabe que no todo el mundo puede votar en la “tierra esa de la libertad y la justicia pa todo dios, que es más difícil registrarse y votar allí que comprar un kilo de peras conferencia bien frescas. Ante semejante panorama, no se le ocurre nada mejor que dedicarle un poema, todo un ejercicio meditado acorde con el patetismo infiltrado de la nata amarillenta de su impecablemente pasmado mundo poético.

(Vuelve al principio, que allí está)

The man is a wanker, it don’t get much better…