SIGUE APESTANDO A ALCANFOR

días que apestan a alcanfor

como lo hacen los armarios olvidados:

sufres la ablación extrema de tu propia lengua

por no hablar

por estar en silencio observando 

como el resto se maneja entre conversaciones

intrascendentes

superfluas

enemigas acérrimas de la semántica relevante

la rebelión en masa de los significantes

ante actuaciones cada vez más estáticas:

y las porras de los maderos

se aburren ahora soberanamente en el sótano

de sus recuerdos

de nuestro antiguo descontento:

tiempos mejores

de hostias por doquier

día sí y día también

sin que importasen 

edad

raza

condición

sexo

facultades mentales

o de qué equipo de fútbol era cada cual;

dav

 

«dicen que la nostalgia se bebe su propia orina»

 

repartir y repartir

buscando cuerpos y carnes que golpear;

recibir y recibir

que así entraban las pieles en el calor de la razón:

y la razón sigue de fiesta

dando otra vuelta más de tuerca

a los ejes de ese vagón

en el que viajaremos todos a esa edad media

de la que nunca_____nunca debimos haber salido.

WHOEVER HATH HER WISH, THOU HAST THY WILL

abren la destilería

de ocho a nueve

sin prisa por entrar

de canto

en los arrumacos

de su nevera deforme

de su boca

sin persianas

de oblicuos placeres

vuelta y vuelta

chorreando sangre

en cuanto aprietas

sin demasiada fuerza

de rostro pálido

la carne roxa

recién parida

Sunny day

y ocho millones de ojos

aislados

y ciegos

te miran desde el desdén

de un desván derivado

cuchillas que no afeitan

pieles irritadas

sin un solo pelo

que llevarse ya

al chorro del grifo

agua caliente

para tus huesos

para los míos

porque yo sí

recuerdo

haber comido

con mis manos

anguilas fritas

de las de río

Madame Tussaud's mannequins

madrugar para pescar

el olor del horno de pan

la sabiduría de los mayores

contra el sueño

de los pequeños

y el humo que no cesa

porque no quieren

bajar las ventanillas

de un coche amarillo

viejo y antiguo

los faros rotos

y trayectos sin manos

cuando los grillos

me asustaban

con su infinito canto

de cri tras cri

sacando ojos

de sus órbitas

colecciones malsanas

deportes eternos

instintos vencidos

y máquinas poco engrasadas

que si hubiesen funcionado

el picadillo de la fame

se habría retroalimentado

de nuestra saliva

astutamente reseca

en lo más alto

y frondoso

de nuestro

paladar

duro