AÑO NUEVO, LAVADORA DE SIEMPRE

Me levanto de la cama,

soy el primero de la casa.

La lavadora todavía funciona

a la perfección.

Ropa blanca,

camisetas de toda calaña,

desde Banksy hasta Darth Vader;

calcetines, bragas, calzoncillos;

servilletas y toallas,

¡todo para adentro!

Detergente, el de oferta

(que sí, que soy chaquetero,

con el detergente,

también con la ropa interior;

me da igual desde aquellos días

“cumplir como soldado”,

“sentirme enamorado”,

o batir mis alas sucias

en un día señalado.)

Programa, el cuatro,

cuarenta grados de nada,

¡y empieza el espectáculo!

Me siento en el suelo

justo frente al bombo.

Un calcetín de Los Beatles

se está enrollando

con la camiseta húngara de Puskás.

Darth Vader usa la fuerza

para atraer y acercar a su ser

un par de bragas de suave algodón.

Los calcetines, bien organizados,

huyen en círculos,

en plan loca desbandada.

Nunca pierdo ninguno,

que ése es tópico muy recurrente,

y mi lavadora

no se los devora.

Al llegar al aclarado,

ya está resuelto el asunto,

que al centrifugar luego me asusto

y siento miedo por ellas,

las mojadas prendas.

Un año más

mi lavadora sigue funcionando,

y ya son más de veinte.

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EL CHICO ESCÉPTICO

El chico escéptico

no mira la playa,

no es Egeo,

igual que los demás.

El chico escéptico

pasa de las mareas,

de la luna también,

le parecen aburridas,

y si se ve nervioso,

apaga el botón del mar

y se va al desierto

a sudar su odio

a solas,

sin espuma

que acaricie ingenua

su dermis ya arrugada.

El chico escéptico

sabe que no ha crecido,

que su triste fama

de la muerte arrancada

no servirá

mas que para adornar

críticas bien escritas,

mejor pintadas,

a modo de arte,

en conciencias peregrinas,

huidizas y alicatadas,

como esa nueva,

la que llaman Dismaland,

porque Banksy,

que es muy listo,

ve de lejos la llaga

y allí introduce sus dedos,

y la gente progresista,

alborozada,

aplaude sonriendo

y con las orejas tiesas.

aylan kurdiEl chico escéptico

ya no respira más,

y desde su tarima flotante

escupe su desdén mojado,

que ahora nos cae,

firme y directo,

como tormenta de verano,

gota fría de miseria,

sobre la raza humana,

como plástica entelequia.

El chico escéptico

aprovecha el momento.

No le han brotado alas

como retazo simple de misericordia,

no,

mas la mierda nos cubre

con ese tufo celestial

que emana sin piedad

de los poros de la hipocresía,

bien pensante,

de los bienaventurados,

contenedores de esa sangre

que mana de la historia,

sin cesar,

de litros y libros,

billones de toneladas

de ellos,

densos

de vergüenza salada y seca,

y de rabia sometida.

El chico escéptico

ya no está,

otros miles, millones,

cubren el horizonte

con sus siluetas,

que sólo amenazan humanidad.

… IN THE NAME OF…

Amordázame.

No dejes que hable,

que abra mi boca.

Que mis palabras se ahoguen

en el pozo intrínseco

de mi mierda humana

de pensamiento lógico.

Escúpeme

si no quieres que te mate

ahora,

sin esperar

al murmullo seco

de tu lamento de cerdo

en mitad de noviembre.

¿Qué quieres que te diga?

¿Que mi pensamiento no fluye?

¿Que tu cloroformo fascista

de fondo azul de armario

me cosa los labios,

haga de mi lengua ablación,

adormezca mi paladar

y me arranque los dientes,

las muelas,

uno a uno,

una a una?

Me da igual.

Aún tengo mis encías…

Con esa sangre

que manará de ellas,

pintaré vuestros muros

una, dos… un millón de veces.

No retrocedo,

tan sólo me preparo

para el siguiente impulso.