Guerra civil / Nuestra Constancia (Imagen encontró poemas)

El ajedrez como símil de una guerra civil que no encuentra fin… Comparto espacio con Melba Gómez, lo cual, sin duda, es para mí todo un honor.

LA POESÍA NO MUERDE

Guerra civil (Poesía Visual)  David Pérez Guerra civil (Poesía Visual) David Pérez


Guerra civil

Se escuchan los acordes

del himno de una tierra

que nadie reconoce,

dos grupos se laceran.

Se llaman a la guerra

hermanos de colores

que a la justicia yerran

regando sinsabores.

Presumen de equidad,

deshonran sus principios,

se parten por mitad,

prójimo al precipicio.

La sangre la derraman

soldados enemigos

que dormían en una cama

cuando todavía eran niños.

Un lastimoso grito

recorre entero el suelo,

madres llorando hijos

y los de sus amigos.

Partida de ajedrez

juegan los generales,

huérfana la vejez,

ungiendo heridas con sales.

Un toque de silencio

que no puede callarse,

señalando a los necios,

buscan vanagloriarse.

Así es la guerra civil,

despoja a las familias

con el cuchillo más vil,

en una eterna vigilia.


Poema: Melba Gómez (San Antonio, Texas)

melbag123.WordPress.com


Nuestra Constancia

¿Qué sé yo de guerras civiles,

incluso de guerras

si mis manos nunca han…

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Caer en un efecto pasillo/ Redrum (Imagen encontró poemas)

stanley-kubrick-mansion

La mansión de Stanley Kubrick en Harpenden

Un miércoles poético de esos que nos indican que la poesía nunca muerde. Compartiendo espacio con Gema Albornoz, gran poeta con una imaginería deslumbrante a la que siempre es recomendable leer y disfrutar. Caer en un Efecto Pasillo y Redrum (mi poema, inspirado en “El Resplandor”, esa obra maestra del eterno Stanley Kubrick.

 

https://www.youtube.com/watch?v=cy7ztJ3NUMI

LA POESÍA NO MUERDE

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Caer en un efecto pasillo

Agotado el pasillo

por donde corre la ignorancia,

cae la venda de engaño al suelo.

Te veo con otros ojos.

No los míos,

los de alguien susurrándome

a qué dirección vas en tu próximo movimiento.

Sin cumplir premoniciones.

Un esfuerzo trabajoso

me invita a no aburrirme

mientras camino.

Y no me encuentro al miedo,

a la confusión ni a la dificultad

porque no me asomo a la ventana.

Porque aún permanezco

con un pie en los “y si”

mientras centro mi cuerpo

en la línea donde hago equilibrismo.

Sin red de seguridad.

Un error y caeré.

Un error y seré el eje

que tú quieres mantener estable.

Un error y llego al fondo del pasillo

con la venda puesta.


Poema: 

Gema Albornoz (Aguilar de la Frontera, Córdoba.)

Redrum

y si no amanece?

no es más temprano

porque puedas tú ver más luz:

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EL ÓXIDO Y LOS ANIMALES CASI DOMÉSTICOS

oxido-arriondasen tu óxido
nadan mis intestinos:
la nada de lo poco
que queda de simple
respiración intuitiva;
que si un día
bebiste en mí
viviste de ti
contemplaste sin luz
una época de gloria
y hastío
ya nada pervive
en imágenes
ni memorias
colectivas
de sudor ajeno
y caballo propio;
olvida pues tu memoria
y deja que pasen:
ya están agotados
de golpear
con desgana
el pomo fálico
de tu portón
ambidiestro.

ladrillos-cacabelosANIMALES CASI DOMÉSTICOS
El ser humano aún no está
al cien por cien domesticado,
piensan desde algunas cúpulas (que así las denominan
por su obtusa animadversión
por la a
rquitectura poliédrica).

Es por eso que volamos
a sólo un palmo del suelo,
que si ponemos un pie vertical
ya sentimos otra vez la tierra,
cómoda y esquilmada,
confort de agradecimiento,
de aplauso, de sonrisa,
de triunfos contra natura.

Todavía no estamos domesticados, no,
porque sigue habiendo humanos
en rebelión
que continúan sordos
al silbido “amable” del amo.

Ya es otoño
en elcorteinglés
de nuestras cabezas.

 

Imagen encontró poema

Un poema que no necesita título ya que la sugerente imagen de Sandra (mamabocachancla) es en sí misma título y “abstracción sobre la mujer y la feminidad” La poesía nunca muerde, pero despierta conciencias, mantiene al pueblo alerta….

LA POESÍA NO MUERDE

Abstracciones sobre la mujer y la feminidad 1, Sandra Claret Abstracciones sobre la mujer y la feminidad 1, Sandra Claret


Lo debes reconocer
ya
de una vez
tienes miedo
de mi
de lo que soy
de lo que puedo ser
de lo que asoma
fuera de los cálculos
de tu mente pacata
de tu necio sentir
de las noches de terror
de sufrimiento
compartido
con rencor
de batallas nunca ganadas
de héroes ignorantes
babeando por medallas
que no son capaces
ni de interpretar:

El aislamiento
lejos del hielo
cerca de una estufa
calor cercano
y mirada sorprendida
acaso esperabas
una ofrenda
más distinta
y recatada
a ésta que hoy
sin columpios en el filo
te ofrezco sin interés?

Alguno sabrá cómo comportarse
alzando su mirada
entre la tímida bestia
que reposa inerte
sobre huesos
antiguos y rotos
sobre nubes de alquitrán
que rezan cada mañana
por la inminente llegada
de un atisbo
de definitiva
y pura
extinción.


Poema:  José Yebra…

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VEN – EPÍLOGO

El epílogo. Ahora sí, this is the end, my friends…

Ciclos de Mil Cabezas

Pedro, que vivió en Londres siete años, que trabajó allí como profesor de español y francés en un instituto de los considerados duros, en una zona rebosante de refugiados e inmigrantes de todos los lugares imaginables del mundo conocido, es ahora un comprometido profesor de inglés en un instituto del oriente asturiano, vive en pareja y tiene dos hijos; rebosa de inquietudes y siempre quiere aprender más y más. Se puede decir que es una persona feliz.

El día que cumplió 32 años, a su casa de Crystal Palace llegó un mensajero de FedEx con un paquete muy bien envuelto. Sorprendido, lo abrió con calma, con tiento. Dentro se encontró un single, de los de vinilo, “Vem” del grupo portugués Madredeus. “Joder, qué raro”, pensó mientras buscaba inútilmente cualquier atisbo de remitente, pero allí sólo estaba escrito en letras muy grandes “Vem”, y en la parte de abajo, en…

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LA VISTA ATRÁS – V

Se acabó la novela con éste, el último capítulo, la última publicación, entrada en ese blog, que permanecerá ahí sin más movimiento que el que quien lo quiera leer le pueda dar.
My pleasure.

Ciclos de Mil Cabezas

V.

El dieciséis de febrero de 1960, Remedios le dijo a Álvaro que no pasara ya más a buscarla, que ya no quería seguir saliendo con él. Álvaro pareció no entender el porqué de aquel repentino y brusco rechazo. Tampoco ella le dio ningún tipo de explicación. Para qué, si nadie, absolutamente nadie en el pueblo, ni hombre ni mujer, daba ninguna explicación a su pareja cuando había llegado el momento de la definitiva despedida. Álvaro volvió a las andadas, a hablar solo, a meterse dentro de su cascarón de acero, el que nadie de fuera podía siquiera llegar a resquebrajar mínimamente. Doña Asunción volvió a sufrir en silencio por su hijo pequeño; y Antonio, sorprendentemente, cuando parecía andar rondando a Eufrasia, la de los “cereixais”, empezó a salir con Remedios la “morraña”. ¿Por qué razón ésta aceptó a Antonio tan solo un mes y unos días después de haber…

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LA VISTA ATRÁS – IV

Penúltima entrega. Dos hermanos que ansían encontrar respuestas a sus respectivos destinos.

Ciclos de Mil Cabezas

IV.

– Sentí en el alma lo de Remedios, Antonio.

– Ya.

– El destino nos juega a veces estas malas pasadas.

– Supongo.

Quizá Álvaro estaba intentando justificarse ante la opinión de su hermano mayor, pero éste no parecía dispuesto a entrar en detalles, a responder utilizando más de una sola palabra en cada una de sus intervenciones. Álvaro ya conocía al detalle lo ocurrido aquel fatídico día de junio de 1961, el modo en que la pobre Remedios, tan joven y bella, había sucumbido al ritmo cadencioso pero cotidiano de la muerte. No podía ser morboso. No debía hurgar más profundo en la herida que su hermano parecía no haber podido cicatrizar en los casi treinta y cuatro años transcurridos desde la fecha en que se quedó viudo. No había suficientes plaquetas en todo el Universo para hacer postilla de su inmenso dolor.

Álvaro fue el primer pretendiente…

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LA VISTA ATRÁS – III

Seguimos mirando atrás; a los origenes: amores y juegos en la calle en Cacabelos.

Ciclos de Mil Cabezas

III.

En la calle misma, entre barro y polvo, jugaban todos los niños y niñas en perfecta armonía. Desde los más pequeños, de cinco o seis años, hasta los que ya habían entrado de lleno en la adolescencia. Estaban los dos “carretones”, Carlos y Angustias; Esteban el hijo del “Stalin”; Alberto y su hermano Aurelio, primos de los “paparranes”, pero sin mote reconocido hasta que Alberto se ganase a pulso, años más tarde, el de “camorro” debido a sus constantes y violentas provocaciones, que casi nunca venían a cuento; los dos primos “cereixais”, Aníbal y Eufrasia; y, por descontado (por último, aunque no los últimos), los dos “paparranes”, Antonio y Álvaro. Unos días tocaba “manro”, otros “tres navíos en el mar”; si hacía mucho frío, “cintalabrea”, que calentaba bien las piernas; y los menos, el “cascallo”, cuando las dos niñas del grupo, Angustias y Eufrasia, podían imponer su ley ante…

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LA VISTA ATRÁS – II

El duro invierno de 1942, el café, los recuerdos….

Ciclos de Mil Cabezas

II.

Fue un duro invierno aquel de 1942. Nevó copiosamente durante cuatro días, que incluyeron fastidiosos los dos del velatorio y también el del sepelio. El muñeco de nieve asistió impávido, sonriendo desde su puesto de vigilancia en la calle, a pocos metros de la puerta de la casa del “paparrán”, y ya sin nariz, a las exequias por aquel desgraciado al que habían pillado más que infraganti los picoletos en la estación de ferrocarril de Burgos. El “paparrán”, muerto bajo el peso implacable del yugo del miedo y las flechas – tornadas balas – de la justicia (no del todo justa cuando su aliento nos cae cerca) de los hombres.

– Yo tenía tan sólo cuatro años. Eché mucho de menos al padre y, es curioso, ahora sólo soy capaz de recordar aquel muñeco de nieve.

– Eu tamén. Ficímoslo xuntos… … Pero a madre portóse muy bien. Sacónos…

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LA VISTA ATRÁS – I

Antes de las cerezas…

Ciclos de Mil Cabezas

I.

– ¿Recuerdas aquel invierno que nevó constantemente (y con una fuerza inusitada) durante cuatro días?

– Sí. Cómo nun o voy recordar, ho.

Por supuesto que Antonio lo recordaba perfectamente, como si hubiese sucedido ayer mismo. Su memoria funcionaba a las mil maravillas; era un preciso reloj suizo dentro de su envejecido cerebro. Recordaba sobre todo aquel muñeco de nieve que permaneció sonriente la friolera (nunca mejor aplicado el término) de una semana frente a la puerta de su casa. La nariz de zanahoria sólo resistió como tal un día y unas pocas horas. La madre la necesitaba para reforzar el caldo semanal. No es que hubiese necesidad. No es que pasasen hambre, que legumbres, hortalizas, fruta y algo de cerdo, aunque sólo fuese tocino, nunca faltaban en la mesa. Era un pueblo, ganadero y agrícola. En Cacabelos no necesitaban cartillas de racionamiento para sobrevivir decentemente a la dureza…

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