VIAJES AL FONDO DEL ALSA – PARTE XXXVIII (MURPHY ON THE BEACH)


No me cabe la menor de las dudas existenciales, Edward A. Murphy Jr., ése de la ley tan manida y tocapelotas no es más que un hijo de la gran puta que siempre te va a joder en el momento más (o menos, vayan ustedes a saber) oportuno. 

Todo lo que puede suceder, sucede.

Tarde perfecta de playa, en la de Poó, una auténtica maravilla de la Naturaleza, cual capricho divino si la misma divinidad se dignase siquiera a existir. Marea alta, baño en un agua a una temperatura espectacularmente ideal (al menos para los parámetros del mar Cantábrico), ducha fresca para eliminar la sal, secarse dando un paseo por la orilla, llegar a la toalla, sacar el libro que estoy leyendo, “Antigua, Penny, Puce” de Robert Graves, abrirlo por la página que vas sacando con tiento el marcapáginas y…

  • Papi, que me cago, tengo que ir rápido al baño…

Zafarancho de combate, calzarse a toda prisa sin quitar la arena, coger raudo la cartera, también el móvil y subir a toda mecha a La Farola. Mientras el niño evacúa, pido una cerveza y aprovecho el Wi-Fi para ir leyendo algunos blogs amigos… Claro, eso sucede hasta ese momento en que conversaciones ajenas de mesas cercanas llaman mi atención, dos en concreto. Una familia inglesa, padre y madre de unos cincuenta años, niña de catorce o quince y guaje de doce o trece; acento ultra-mega-posh, tanto, que si cierro los ojos me parece estar ante un episodio nuevo de Downton Abbey.

  • This is an astounding piece of a beach, dice el padre.
  • It is indeed, la madre ahora.
  • But Oli doesn’t like beaches at all, dice la hermana mayor refiriéndose a su hermano pequeño.
  • Yes, I do! You liar!, responde Oli profundamente ofendido.

Silencio.

  • I only need two things to go to the beach, and those are my towel and my book, prosigue el bueno de Oli en su argumentación a favor de la playa. Sabe que su hermana intenta fastidiarlo, como es natural entre hermanos y hermanas que se llevan bien. 

De repente, otras dos familias atraen mi atención, mis orejas se “dilatan” todavía más. Una es de Canarias, la otra de Alicante; edades similares y ambas con dos hijas que rebosan adolescencia de esa nueva que no te permite levantar la vista de tu móvil. Lo que a continuación paso a transcribir es verídico, que estos oídos bien engrasados lo escucharon con toda la sorpresa ambidiestra del Sistema Solar.

  • Alucinada me quedé al ver esta playa.
  • Sí, es que Asturias tiene de todo, es la mar de bonita.
  • Y se come… ¡Vaya cómo se come! – Hablan las dos mujeres cuando en este mismo instante interrumpe el señor canario.
  • Lo único lo de la sidra, que ayer la pedimos para cenar y nos la trae el camarero y nos dice que si nos echa un culín. – Las niñas se ríen con ganas al recordar ese hecho.
  • No veas la risa que nos dio, porque pensábamos además que al pedir sidra nos iban a traer sidra El Gaitero, pero no…
  • Nosotros la preferimos al cava, sin duda alguna, interrumpe el señor alicantino.
  • ¡Dónde va a parar! ¡Ni comparación! Y ahora, a ver quién le compra cava a esos catalanes.
  • Ya. Nosotros tenemos unos amigos en Vilanova, la de Vilanova i la Geltrú (gran aclaración, pienso yo)
  • Nosotros no pensamos ni acercarnos por allí.

Silencio.

  • Pues a mi mujer se le pegan los acentos con una facilidad, cosa fina, vamos, ¿a que sí, cari?
  • Sí, sí, responde presta la alicantina. Venimos de Galicia y ando todo el día que si carallo p’aquí, carallo p’allá, y ahora no hago más que decir “ho”, que si “vamos, ho; coge la toalla, ho…” Si es que tengo una facilidad…
  • Ya te digo, le dice sorprendida la canaria.

En plena vorágine estereotípico-festiva, aparece mi hijo pequeño, “Papi, que ya cagué, ¿puedo comerme un helado?”, como si tuviese que reponer ipso facto todo ese peso que acaba de perder. “¡Que no, que ya comiste dos ayer! ¿Tú crees que los helados caen de los árboles? Pues eso. Anda y baja pa la playa, vamos, delante de mí.” Y como la mar estabacomo una auténtica balsa, bajamos a la arena y nos fuimos directos a nadar un rato, que la ocasión lo merecía, ho, carallo, indeed… Una de las veinte versiones que puede tener un día de playa, de los buenos de verdad.

In conclusion, we both did us a solid, a swimming one…

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