VIAJES AL FONDO DEL ALSA – PARTE XXI (THE CAMPY SIGN LANGUAGE AFFAIRE)


Y la chica miraba al suelo como si el asunto fuese un extraño alien completamente ajeno a ella. El chico disimulaba silbando una canción que no coincidía con la música que llegaba a sus oídos a través de sus auriculares; porque con su mente la miraba de reojo, porque, “si no me puede oír, al menos que capte mi telepatía.”

Un año y medio antes coincidía con ellos (chico y chica, sí, como el grupo) casi todos los martes en la estación de autobuses, esperando el alsa de las 6.30 de la mañana a Cangas de Onís. Comenzaron con miradas, a las que se fueron añadiendo sonrisas; al mes él se acercó a ella…

– Hola, vaya frío que hace esta mañana…
– ……… (Ella sólo esboza una sonrisa mientras le hace gestos que indican que no puede ni oír ni hablar)
– Ah, entiendo… PER-DO-NA…
Y se aleja de ella caminando con expresión incrédula hasta el final de la cola.

Los vi otra vez, hace poco. Él parecía haber adquirido cierta fluidez en el castellano de signos. Ella miraba sus manos, boca entreabierta, gesto indicativo de pura decepción. La vehemencia de él va aumentando por momentos. Ella no dice nada. Espera en silencio, en ensayada quietud. Saca un bolígrafo de su bolso, escribe algo, se lo enseña al chico. Él se calla ahora. Ella hace una mueca extraña con su boca y da media vuelta. Se larga con paso firme, sin girar siquiera su cabeza para comprobar si el chico sigue ahí. Él la sigue con los rayos asesinos que sus ojos parecen lanzar en su dirección. Suena un móvil, es el “Rock’N’Roll High School” de los Ramones, el del chico. Contesta presto la llamada.

– Berto, dime…
– No, no, iba para clase ahora, pero no… Vale… Sí, sí, ho…
– Es que es acojonante… Nah, lo de la tía esta sordomuda… sí, la del alsa, sí… Un puto gilipollas, Berto, un puto gilipollas; un año y pico estudiando la lengua de signos, perdiendo horas de lo mío, hasta cargando algún puto examen, para que me diga al final que no le mola nada como “hablo”… ¡Ya te digo!… Pero no te lo pierdas, tío, que va y me dice que tengo pluma, que haciendo los putos signos tengo pluma… No, no, si hasta me lo escribió y todo, que yo no sabía si lo había entendido bien… Vale, vale, luego te llamo o te mando un “guas” mejor… Esta noche lo vamos a petar… Eso, eso, ¡que se joda! ¡Cagonmiputísimamadre, sólo pensar en la cantidad de macflurries que le pagué en el Mac de Los Prados después del cine! Y sólo a ver pelis españolas, claro, que con las otras no podía leer los labios… Ya, ya, tío… Venga, hablamos. Chao, chaaao.

Para disimular que no se note que estaba escuchando demasiado atentamente, alzo la mirada hacia una de esas pantallas que hay en los alsas sin caer en la cuenta de que llevan meses, años, apagadas, estropeadas… “Con ese vozarrón y ese aire de leñador canadiense, ¿cómo cojones se puede tener pluma al utilizar el lenguaje de signos?”
Silbo resignadamente para mis adentros “I’m a lumberjack and I’m OK, I sleep all night and work all day”, ese himno tan pegadizo de los Monty Python y empiezo a subir los escalones del autobús, uno, dos, tres…

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