VIAJES AL FONDO DEL ALSA – PARTES X, XI Y XII (THE ROYAL TAPES – JUNE 2014)

PARTE X

2 DE JUNIO DE 2014

Visto lo visto hoy, ¿cuándo publican en el BOE las bases del concurso-oposición para el curro ese en el Palacio de la Zarzuela?

12 DE JUNIO DE 2014

Sra tiende bragas

Diálogo de vecinas tendiendo la ropa:

– No, si ya me parecía a mí… ¿Cómo iban a quitarlos? ¿Querían dejar al “¡HOLA!” sin material?
– Vaya, ya te digo… Pero, aún así, todos esos que están en el exilio también salen, ¿no?
– Sí, sí, pero ya no es lo mismo; ya no tienen un palacio en el que hacer cenas y ponerse esas bandas de Miss Universo y esas medallas militares que vete tú a saber de qué son…
– Ya, porque de héroes de guerra y tal, nada de nada… Además, mira tú esa gente de la realeza en el exilio, de Grecia, de Bulgaria… ¡Hasta dicen que el nieto de Franco, ése de la Carmina, es el rey de Francia!
– Buff, pues con cuidao, que allí bajan al sótano y suben la guillotina en un pis pas.
– Jajajajajajajajajaja
– Jajajajajajajaja… De todos modos, Puri, al Felipe VI se le ve bien; tan alto tan guapo… ¡Y lo bien que lee, que entona casi mejor que el mi Ramonín cuando lee en misa!
– No, si leer, lo que se dice leer, lo hace genial. Decir, dice más bien poco, pero ahí, de pié, tan bien plantao, venga a leer una frase tras otra… Ufff, madre mía, no sigo que me pongo… Jajajajaja
– Jajajajajaja, esta Puri es la caña. Y lo alto que es; guapo, alto, simpático, lee bien… ¿Qué más se puede pedir?
– Eso digo yo… Ahora bien, si hubiera que votar… Pues no lo tengo yo tan claro.
– ¿Pero qué dices?
– Lo que oyes. Que dice el mi Manolo que éstos no hacen más que chupar y vivir del cuento. Que una cosa es verlos en el “¡HOLA!” y otra muy distinta tener que mantenerlos. Que vendan exclusivas y ya está.
– Hmmm, así mirao… pues hasta tiene sentido y todo.
– Nah, pero no nos dejarán votar, que lo tienen todo muy, pero que muy bien amañao. Menudos son éstos de la casta.
– Jajajaja, te quedó grabao lo de “la casta”…
– Jajajaja. Sí, y de “casta” nada, que son más putas… Jajajajaja
– Jajajajaja. ¡Ay, que me meo!
– Oye, ¿tú crees que lloverá?
– No tiene pinta, pero casi dejo puesto el plástico por si las moscas.
– Yo también. Cuando menos te lo esperas, ¡hala!, venga a llover…

Rajoy hodor

18 DE JUNIO DE 2014

Parece que el discurso ya va cogiendo forma…
– “En el nombre de Felipe VI de la Casa Borbón, el Sexto de su nombre, Rey de los Tartesios, de los Íberos y los Celtas y de los Primeros Hombres Hispanos, Señor de las Diecisiete Comunidades Autónomas y de las Ciudades de Ceuta y Melilla y Protector del Reino, por la palabra de Mariano de la Casa Rajoy, su Mano…”
– “¡Hodor!”, responde entusiasmado Mariano de la Casa Rajoy, Mano del Rey y Señor de Corruptalia…

elephant bus

PARTE XI
Intento dormir, pero el volumen brutal de la radio me lo impide. Una señora, bastante cabreada, se levanta y camina en dirección al conductor.
– ¡Joder, que ya está bien de tanto peloteo…! ¿Puedes quitar la radio o cambiar de emisora?
La mira sorprendido y cambia de frecuencia en el dial…
Un anuncio, de Citroën, creo, dice algo como “y si te cae un elefante encima…”. Nos miramos la señora y yo; nos da la risa… hasta que empieza a sonar una de Melendi. Me siento raro al darme cuenta que hasta eso se agradece y todo… Por poco tiempo, ya estamos llegando a Oviedo.

Alsa HUCA

PARTE XII

– … Pues ya ves, nosotras tenemos que estudiar como cabronas…
– No, no, no nos vale eso de salir ahí con los papeles y, ¡hala!, venga a leer ahí, farfullando, trabándote cada poco y vocalizando como el culo… ¡Así cualquiera!
– Si es que nacimos con el ADN equivocao, tía…
– ¡Ya te digo! Bueno, yo, si me cae el tema 34 igual aún puedo contar algo decente…
– Buff, yo ni eso. O firmo o recurro a mi capacidad de invención… Lo veo chungo
– Y yo… Ni orgullo ni satisfacción, ya verás…

Conversación entre dos chicas que viajan desde la Pola de Siero a Oviedo – imagino que a presentarse al primer examen escrito de las oposiciones a Secundaria y FP que tanto se empeñó en convocar este año nuestra consejera de Educación.
Hay un conductor nuevo hoy, al menos no es uno de los tres habituales que suele hacer el recorrido Cangas de Onís – Oviedo. Acaba de poner música. Es El Fary. ¿Qué hago? ¿Aguanto con estoicismo hipster la embestida o me hago el (indie)gno y pongo cara de “jodercómomemolestalamúsicadeestepayo”? Ni lo uno ni lo otro; las dos opositoras, que ahora parecen repasar muy concentradas, me han llevado a una idea, ¡voy a cambiar la letra del estribillo!

“Vaya Feliiiipe, ay Felipe guapo, lleva corooona y no está aún caaaalvo”

La entono para mis adentros porque ya se encarga el conductor de cantárnosla a viva voz a los demás (la de verdad, claro), sufridos viajeros mientras nos mira por el retrovisor como queriéndonos decir, “yo sí que molo, gentuza.”

(Pero, ahora… ¿Qué cojones está pasando aquí? ¿Por dónde se mete este ALSA…? ¡Anda, si va hasta el hospital, el nuevo HUCA! ¡Joder, vaya jaleo que se ve por aquí! Voy a seguir interiorizando canciones; no sé si arrancarme por “Millenium”, la de Robbie Williams, o “Hooked on a Feeling”, de Blue Swede, esa misma, la de Reservoir Dogs… Nah, mejor esta última; “HUCA shaka HUCA shaka… I can’t stop this feeeeling…” – Es que “ouga” no me pega bien con el acrónimo y las licencias son libres, y libres, libres quieren ser, quieren ser, quieren ser libres…)

PLAYBACK

No sé por qué extraño motivo a este lado de la puerta me llegaban tus cartas ya abiertas…  Es que es ésta una vida difícil y lo sé, pero me da igual, tengo más que de sobra para comer y para alimentar todos los vicios que me da la gana permitirme. No tengo achaques ni dolores de ningún tipo. Llamarse Atilano no ayuda, aunque eso me da igual, porque vivo mi vida en el más estricto de los playbacks imaginables. Así es, cada noche a solas en mi casa me aprendo el guión del día siguiente. Ellos me lo dan, a veces incluso me permiten alguna pequeña modificación carente de importancia argumental. He de reconocer que algunos días no me sale del todo bien, que es harto complicado vivir una vida en playback, que no me siento demasiado inspirado y muevo mis labios con desgana y a destiempo, o llego unos segundos tarde al lugar previamente establecido por ellos, los enemigos. (¡Ay, mi mente…!)

Aún así merece la pena, porque ya no tengo que hacer planes, pensar o decidir qué hacer al día siguiente, adónde ir de vacaciones. ¡Ni siquiera tengo que trabajar porque éste es mi único trabajo, ser el hombre playback! En fin… que es duro, no sé a quién pretendo yo engañar. Imaginaos que ahora que son las 22.20 horas ya pudierais conocer todo vuestro día siguiente, imaginaos que todo lo que os plantea ese guión inamovible es una puta mierda, un puto glóbulo rojo de mierda que transporta oxígeno puro, del bueno hasta una puta célula de mierda hasta, no sé.., hasta una parte del tejido epitelial glandular de los cojones, pútrido e infectado por un virus polimórfico de intenso odio contenido… En ocasiones, no todo va a ser energía malgastada en el lado oscuro, también me entregan días maravillosamente geniales (aquel día con Josefina, tan lleno de amor, de sexo… Llegar a casa henchido de amor y leer en el nuevo guión que al día siguiente la palmaba en un accidente de tráfico.), pero esto sucede muy pocas veces. Creo que me iré saliendo sutilmente de este experimento; quizá algo así como cometer leves errores de interpretación en los guiones; improvisar como vía de escapismo activo, de una manera tan, tan sumamente artística que hasta les haga surgir una estúpida sonrisa en sus rostros de cyborgs gran reserva. Desde hace ya unos días oigo voces en la jungla, y con mis pupilas dilatadas me meo desde lo más alto en todas las citas marcadas en su agenda…

A VER, VEN AQUÍ. (¿HAY VERBENA AQUÍ?)

Maldita la gracia que me hace ahora. Ni tan siquiera el simple hecho de verme en esta situación puede provocar en mí la más leve de las sonrisas. No sé cómo llegué a este pueblo, ni por qué razón lo escogí… ni qué cojones hago yo sentado en un banco de este parque y tieso como una puta malva. Un mal viaje, seguro. Puedo escuchar aún el bullicio de la verbena, también a la pareja del banco de al lado que ya está a punto de llegar a la fase de penetración. Es una putada; sí, una auténtica putada. Vas, te mueres, pero sigues oyendo, incluso pensando, aunque la sangre no llegue más a tu cerebro. (La verdad, es que a mí hacía ya unos cuantos años que no me llegaba una gota de sangre limpia, pura, libre de alucinaciones. Me mola esta sensación, vieja y nueva al mismo tiempo; pero ahora ya es tarde.) ¿Y qué hago yo ahora con estos doscientos gramos de mierda? Me jode que se la quede algún madero y que se haga unas pelas a mi costa. Y yo que venía a la fiesta a hacer mi agosto… ¡cagondiós!

– Eh, tú; a ver, ven aquí.

– ¿Yo?

– Sí, tú, yonqui, estás ante las puertas del paraíso.

– Y tú, ¿tú quién coños eres?

– Yo soy Dios Todopoderoso.

– Vete a la mierda.

… Parece que se ha largado con viento fresco. Vamos, hombre, que a estas alturas voy a ponerme yo a creer en Dios. Podré estar muerto, de fuga eterna por culpa de un viaje de lo más chungo, pero de ahí a creerme que ése era Dios. Ahí vuelve. Será pesado el tío. Pero… p-p-pero qué está haciendo. ¡No, hijo de puta! ¡No! ¡No te lleves todo el jaco, cabrón! ¡Acaso la inmortalidad te da derecho a meterte lo que te dé la gana? ¡Tú tienes que dar ejemplo, guiar a los que creen en ti, aunque no existas… aunque no existas más que en sus pensamientos! ¡Dios, qué injusticia!

La primera vez que me metí caballo fue con mi primo. Acababa de cumplir los quince; fumaba porros habitualmente – me salto el tópico, que mi hermano empezó con el chocolate a los trece y nunca pasó de ahí, y ahí sigue… casado, concejal, posición social, como vulgarmente se diría… ¿feliz? -. Fue el salto definitivo. Colocarse para encontrar tu paz interior. Todo de puta madre. El problema comienza en el nivel dos, cuando el colocarse pasa a ser tu trabajo, tu único trabajo. Ya no hablamos de diversión, de la tontería, de la edad, de las “amargas influencias” de tus “amigos”. La amistad deja radicalmente de existir. De repente, un día te levantas con el mono y notas una sensación punzante que martillea sin límites tu conciencia. Vas a la cocina, miras a tu madre sin atreverte a buscar la profundidad de sus ojos. Ella sabe pero no dice, y tú hasta te ves capaz de poner precio a su vida, de venderla si todavía existiesen los mercados de esclavos; pero tú eres el único realmente esclavizado… No hay guita, y mi cuerpo me pide heroína. No es fácil ser un yonqui. La droga cada vez pierde un poco más su pureza. La economía manda, y hay que cortarla más, y más, y más… Te metes auténtica mierda y ya ni te colocas; tienes que gastarte más pelas. Te acaban echando a patadas de tu propia casa, que de tuya no conserva ya ni el nombre que la parió. Reacción en cadena que me va llevando y llevando hasta el fin, la muerte, el frío aterrador de esta noche de marzo. No me quedó otra alternativa, tuve que meterme a camello. Por eso vine a este pueblo, a su fiesta de la Pascua de Resurrección. Joder, y encima va el hijo puta de Dios y me manga todo el material. Más me vale estar como estoy, muerto y bien muerto, porque si no me mataría el “Jaro” o alguno de esos yonquis tan patéticos que caminan a su lado, sin pisar siquiera su sombra alargada, como si no hiciesen más que seguir al sumo pontífice de alguna secta satánica. Da lo mismo, lo mire por dónde lo mire sólo veo muerte. Los de la pareja de al lado ya se han corrido, se han limpiado a continuación con un pañuelo de papel y se han largado a bailar. ¡Menuda moral la suya! Benditas fuerzas. Cuidado, alguien se acerca…

– Oye, tío, ¿hay verbena aquí?

(Lógicamente, no puedo contestar a su estúpida pregunta. Antes, cuando vino Dios, era todo mucho más fácil.)

– ¿No me oyes? ¡Que si hay verbena!

(Una de dos, o es gilipollas, o está sordo el macarra éste. El ruido de la orquesta es casi ensordecedor.)

– … Hostia, este tío está bien jodido. ¡Cagondiós!

(No soporto que me toquen, joder. Comprendo tu buena intención y todo ese rollo humano de ayuda a tus semejantes, pero ya no puedes hacer nada por mí. ¡Pasa de hacerte el ONG conmigo, tío! Eso, eso, lárgate y déjame en paz.)

Dentro de unos minutos vendrán por mí. Llamarán una ambulancia, y firmarán un poco más tarde mi acta de defunción en el hospital más cercano a este pueblo. Me da un poco de mal rollo que me metan en una de esas cámaras frigoríficas en las que guardan desnudos a los muertos. ¿Me harán luego la autopsia? Mi pobre madre descansará por fin. ¡¡¡Bieen!!! ¡A tomar por culo con todo!

No se me daba nada mal eso de estudiar. Las matemáticas eran mi fuerte. Nunca bajé del sobresaliente. Hasta mi viejo, antes de morir abrasado por el humo del tabaco, decía que yo tenía que dedicarme a las matemáticas, que ahí se encontraba mi futuro. De ahí debe venirme a mí esa innata e increíble exactitud para calcular los gramos y decigramos en cada papela; pocas veces recurría a mi balanza de precisión, tan pocas, que acabé vendiéndola. Si de algo puede presumir un heroinómano es de no tener el más mínimo apego a los bienes materiales. Sólo necesitas una cucharilla, un mechero, jeringuillas, limón, algo de ropa y ese polvo blanco que nos mata, que nos domina y hace subvertir nuestros propios monstruos hasta el límite de lo soportable. ¡A la mierda la música, la ropa buena, la codicia extrínseca a la maldita heroína! Yo ya sabía que tarde o temprano iba a acabar extenuado hasta la misma muerte. ¡Qué mal viaje! ¡Chungo, chungo de verdad! No puse mucha cantidad; no me parece que sea una sobredosis. Quizá la mierda estuviese mal cortada, o llevase demasiada cal. Quién sabe. Menos mal que aún no había empezado a venderla, (y, total, Dios, el ladrón, y su pandilla celestial son todos inmortales; a ésos no les va a hacer ningún daño). Tenía ya un par de contactos y todo eso, pero nada más. Hoy sábado empezaba la fiesta de Pascua con una verbena amenizada por la orquesta “Ciudad de Vigo”. Ahora están interpretando una canción que dice ‘desátame o apriétame más fuerte’… Es como si estuviesen hablando del mismísimo caballo.

Una vez intenté quitarme, pero la metadona es una historia igual, tan adictiva, tan inútil para gente como yo, perteneciente a las hordas de los sin voluntad, que pierde toda su supuesta razón de ser.

Me cago en la puta; es que no van a dejarme en paz… ¡Oh, no! ¡Qué cojones hace un grupo de tunos a mi lado! Vaya, joder, resulta que son de la tuna de Medicina de Salamanca. ¡¿Menuda suerte la mía?! No quiero oír lo que hablan, lo que comentan sobre mi estado. ¡¡¡No quiero, no quiero, no quiero, no quiero, no quiero… no, no, no, no, NOOOO!!!

Bueno, creo que os debo una disculpa. Pido perdón por no haberme muerto sentado en aquel banco. Salvaron mi vida. Llegó una ambulancia, me llevaron a toda pastilla a la Residencia de una ciudad cercana. Oxígeno, suero fisiológico, extracción de sangre… pero abrí mis ojos y no pude ver nada. La oscuridad se había apoderado de mí. Me había quedado sin luz, ciego por culpa de una rodaja de limón fuera de todo posible consumo. Pasé los mil y un monos. Fue terrible; sudor y pesadillas; recuerdos e imágenes; rasgos invisibles; ruido de mechero, líquido que hierve y se mezcla con tu desgracia eterna. Y yo no necesitaba otra cosa. Es lamentable, pero es lo que es y no le puedes dar la espalda así como así de la noche a la mañana.

Fui a visitar a un amigo…(bueno, de aquellos de los de antes) después de largos meses de rehabilitación, de estudio, de potenciar y entrenar al máximo el resto de mis sentidos. Aprender a caminar, a orientarse, a leer en braille, a apreciar la belleza a través de las yemas de mis dedos. Resucité y quería despedirme como empecé. Unos momentos de paz y adiós muy buenas. Es agradable recuperar la sensación de tu primer chute, saber que te han perdonado la vida aun habiendo perdido a manos del mismísimo Dios toda aquella mierda en aquel mundo tan extraño y desconocido para mí. Es agradable sobre todo saber que nunca más te vas a poner. Es agradable que tu madre te hable, que confíe en ti, tener incluso una pareja con la que vivir y morir. Con el cupón nos da para ir más que tirando, y leo más que nunca, y, no os vayáis a creer, que todavía me fumo mis canutitos cuando la ocasión es propicia. Me gusta fumarme uno con mi chica, Sara, justo antes de hacer el amor. No sé cómo explicarlo, pero estimula mogollón mi tacto, tanto que en alguna ocasión, al tocarla suavemente, incluso creo estar viéndola, viendo cada uno de los gestos que acompañan sus entrecortados suspiros. A veces me entran ganas de ir hasta aquel banco en el parque, en aquel pueblo, y comprobar si todo es mentira, si sigo allí sentado, muerto y hablando con un Dios inexistente. Me da miedo despertarme un día y que la luz ciegue mis ojos para siempre.

VIAJES AL FONDO DEL ALSA – PARTE IX

Hoy no estoy solo en la parada de General Elorza (habitualmente lo estoy). Escucho música mientras me acerco hasta La Madreña para comprobar que sigue ahí, con vida, en la lucha. ¡Bien! Una pareja de doblete no circunstancial discute con vehemencia.
– ¡Que te digo que esa tía me importa tres cojones!
– ¡Ya, claro, por eso te fuiste con ella al baño!
– ¡Paso de ella, joder, que sólo la invité a una raya!
– ¡Anda, lárgate de una puta vez, cabrón, que siempre estás igual, que tienes más polla que cerebro!
Y va y se larga cuando el ALSA ya estaba maniobrando para hacer su parada. Subo justo detrás de la chica, se sienta en la parte trasera (¡mierda! Precisamente en el sitio que tengo “reservado” para echar mi pigacín mañanero…) Me siento un poco más atrás. Noto que empieza a llorar. “¡Hijo de la gran puta!” No pasa ni un minuto y se pone a buscar algo en su bolso; saca un rotulador negro, de ésos de tinta permanente. (“Mundo extraño el del interior del bolso de una chica”, pienso.) Ha dejado de llorar, ahora parece meditar mirando al techo, muy concentrada. Escribe algo en la parte trasera del asiento que tiene justo delante. No soy capaz de ver qué es. Acaba. Sonríe. Guarda el rotulador en el bolso y se acomoda en el asiento. “Que se joda”, susurra en un tono muy bajo. Me mira ahora y me pregunta en un tono muy educado, “¿me despiertas en la Pola, por favor?” “Claro, sin problema”, contesto. Y se duerme ipso facto mientras Carlos Herrera sigue escupiendo su enfado por los altavoces del autocar. Me ajusto los auriculares y decido regresar al increíble mundo de los Pixies… “Gigantic, gigantic, gigantic, a big, big love…”

PERPETUA

Como mi madre era peluquera, y los sábados tenía trabajo a destajo desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche, nada más que yo me despertaba, me enviaba con premura a pasar la jornada a casa de sus tías, mis tías-abuelas, Emilia y Amparo, dos solteronas la mar de graciosas que estaban enganchadísimas al ganchillo y casi siempre se dejaban ganar al parchís sin que yo me diese ni cuenta. Vivían en un barrio llamado Cimadevilla, con casas típicas de amplios balcones y huertas con pozo artesiano en la parte de atrás; algunas tenían cuadra en lo que hoy en día suele ser un garaje. Conejos, gallinas y un gallo, cerdos y hasta un burro que tenía el vecino, Juan, en el que me solían montar en cuanto llegaba la primavera para ir al paso hasta las viñas, a ver cómo iban progresando y a hacer algo de faena si era menester. Así pasé casi todos mis sábados hasta los nueve o diez años, que luego ya empecé yo a hacerme una vida por libre, vida de balón, bicicleta y pandilla numerosa. En invierno, aunque me gustaba ver en Sesión de Tarde aquellas películas de indios y vaqueros, o las de Tarzán, casi nunca era capaz, que me daban de “postre” un par de chupitos de anís que me entraban bastante mal, pero que tenía que tomar porque “eran buenos para la digestión”, me decían. Claro, me quedaba roque a la segunda o tercera escena. Ah, y de merienda, una buena rebanada de pan de hogaza empapada en vino clarete con mucho azúcar por encima. ¡Y a la calle a jugar al balón dopado de vino de la Cooperativa de Cacabelos hasta las cejas! Yo creo que, de esa manera, evitaban que les diera demasiado la lata y así podían ellas dormirse una buena siesta también.

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Recuerdo una vecina, Perpetua, con la que hablaban a voces de balcón a balcón, buenos ratos, largos, comentando todo lo que se les pudiese pasar por la cabeza. Perpetua era una mujer viuda que bebía demasiado. La recuerdo siempre cerca de un garrafón de vino tinto, de los de dieciséis litros, basculándolo cada poco en un vaso de duralex bastante sucio, tan lleno de grasa que marcaba en relieve sus huellas dactilares. Perpetua no tenía váter de los modernos, y muchas veces venía a casa de mis tías-abuelas a hacer sus necesidades, “a hacer de vientre”, que decían ellas, porque una vez que se me ocurrió preguntar por qué Perpetua siempre venía a cagar a su casa me cayó una buena regañina. La palabra “cagar” no existía en su glosario, jamás se la oí pronunciar. En cambio, sí que le decían a la vecina cada vez que salía del servicio elogiando las ventajas que proporcionaba aparato tan moderno, “¡la cadena, Perpetua! ¡Hay que tirar de la cadena!”, y la pobre mujer se echaba la mano a la frente en un gesto de fastidio mientras se quejaba, “Vaya, siempre se me olvida.”

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Por eso hoy me acordé de Perpetua, de mis tías-abuelas, de aquellos sábados de mi niñez, de los cuales recuerdo hasta los olores tan variados; a los cuales debo mi odio acérrimo al anís. Eso sí, en aquel tiempo nada era ni revisable ni reversible. Todas están muertas ya, hace años, y, aunque les gustaba el cine, jamás pudieron llegar a ver a Andy Dufresne y a Ellis Boyd “Red” Redding manteniendo la dignidad ante una condena de por vida, y solventando la papeleta con inteligencia, sin llegar jamás a institucionalizarse. Tampoco, mucho menos, verían la firma de hoy de ese acuerdo antiterrorista que incluye la cadena perpetua como parte del mismo. Ellas, lo más parecido que vieron a una yihad fue una vendimia bajo la lluvia.

Ah, antes de que se me olvide, sí, Perpetua siempre daba la vuelta sobre sus pasos y tiraba de la cadena, luego se quedaba mirando ensimismada como la fuerza del agua arrastraba toda su mierda… ¡Ya podían esos firmantes seguir su ejemplo!

VIAJES AL FONDO DEL ALSA – PARTES VI, VII Y VIII

(Que por mayo era, por mayo, cuando hace la calor…) Sigue mi delorean mental viajando al pasado, al fondo del ALSA, al trayecto Oviedo – Cangas de Onís y viceversa. Estamos en mayo de 2014….

Parte VI

Viernes muy por la mañana, te levantas, te preparas, sales de casa y caminas distraído hacia la parada del autobús mientras revisas que no haya quedado alguna legaña rezagada; lo habitual de cada viernes… ¿Seguro? Pues no, amigos, esta mañana están ahí, sonriéndote desde sus carteles, invitándote a seguirlos como ni nada raro sucediese. Así es, ha llegado el momento (a veces pienso que tan sólo son replicantes dispuestos a teñir de saliva sus escupitajos verbales…)
¡Ya están aquíííííííííííí!

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Parte VI
El extraño caso del karaoke no silencioso.
Sube en Nava una chica, no más de 17 o 18 años. Camina altiva, decidida hacia la parte de atrás (esa zona alternativa en la cual nadie se sienta derecho en su asiento). Su aspecto indica que está en vías de abandonar el chonismo activo, un pequeño atisbo de insumisión. Escucha música con unos cascos sin silenciador que permiten que los que estamos cerca “disfrutemos” también de su selección musical. Se sienta y, ¡oh, no!, comienza a cantar a viva voz, “jey, bradar! Tinoninoninoninoooo…!” El chico del chinchón que ligaba con la estadounidense mira hacia atrás asombrado; sonríe, busca algo en su mochila… (“¡Qué crack!”, pienso, “ya está buscando la baraja…” Pero no, tan sólo buscaba sus cascos para así poder librarse de aquel suplicio auditivo.) La chica insiste, “jeyy bradaaar! Tinoninoninoninooooo!” Me la imagino en un examen de inglés de 2° de ESO, por ejemplo, firmando y mirando las hojas con absoluto desprecio, mascando chicle y esperando a que su profesora le diga “¡Jenny, tira ese chicle, que ya sabes que está prohibido el chicle en clase!”
Adiós a la imaginación, “my joy in a fucking well”, ahora ya canta de seguido y sin bajar el volumen, “me olvidaré de tu amor de garrafón, me olvidaré de tus besos de judas”, una de Melendi, al parecer…

“¡Mierda! ¡No traje los cascos! ¡Malditos charlies! ¡Sacadme de aquí!”

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Parte VIII

Día de gente “elegante” por las calles de Oviedo. Comuniones; esa primera comunión que, para una gran mayoría, será también la última… ¡Izad las velas!

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¿Qué es el bipartidismo?
Un partido corrupto y el otro lo mismo…

–  Papá, ¿qué es el bipartidismo?

– “Es” no, hijo, “era, era…” (25 mayo 2014)